El Dios que se arriesga a ser mal comprendido

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 27 de octubre al 2 de noviembre, 2007

Por Ray Roennfeldt
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Texto clave: Hebreos 1:1–3.

Mis primeros años vividos en una granja me enseñaron que hay sólo una manera de controlar a un gran toro. Incluso un animal tan bravo se volverá sumiso si se lo lleva con una vara ensartada en el anillo de su nariz. Por lo menos así se supone que debería funcionar. La gracia, por supuesto, consiste en mantenerse a salvo mientras uno se acerca para ensartar la vara en el anillo, ¡y, sin duda, al poner el anillo en la nariz la primera vez! A menudo me he preguntado cómo se las arregla Dios para guiarnos. ¿Usa su poder soberano y su control?? ¿Anula nuestra voluntad con el fin de cumplir sus propósitos?? ¿Espera que lo sigamos sin hacer preguntas??

Me parece que Dios tiene, ciertamente, la capacidad de controlarnos por completo. Podría haber controlado nuestros destinos si nos hubiera hecho como seres inteligentes pero sin la capacidad de elegir a otro que no sea a él mismo. Pero eso habría significado que fuéramos meros peones en el tablero de ajedrez divino. Sin embargo, Dios prefirió crear seres que tienen el poder de elegir, y parecería que la libre voluntad es de un valor aún mayor que una bondad predeterminada. Al elegir esta opción, Dios se arriesgó a la pérdida y a ser mal comprendido. Uno de los temas de la lección de esta semana es que "Dios está dispuesto a ser mal comprendido por aquellos que él quiere que lo conozcan y lo amen" (Edición para Maestros, 53 [en inglés]). Aunque la lección se centra en el hecho que Dios se arriesga a ser mal entendido al llevarnos a soportar pruebas (¿o es que, más bien, él permite las pruebas??), yo deseo enfocarme en algunos aspectos generales que son clave con respecto a no entender bien a Dios, los cuales a su vez podrían ayudarnos a entender nuestras propias tribulaciones.

Mal comprendido en su Libro

Apenas Dios se expresó en lenguaje humano, se arriesgó a ser mal comprendido. ¿Ha pensado Ud. cuán a menudo alguien ha entendido mal sus palabras, aún aquellos que lo aman a usted?? ¿Es diferente cuando Dios nos "habla" en el idioma humano?? Desde luego, Dios es mejor comunicador que nosotros, pero se arriesgó a confiar su Palabra a las mentes y plumas de seres humanos. El lenguaje va cambiando. Hay, por eso, una necesidad constante de traducir y volver a traducir. El lenguaje se relaciona con la cultura. Ciertas metáforas y símbolos que pueden ser relevantes en una cultura pueden no tener ningún sentido en otra.

Hebreos 1:1–3 se refiere implícitamente a este riego que Dios corrió. "En el pasado Dios habló muchas veces y de muchas maneras a nuestros padres por medio de los profetas, pero en estos últimos días él nos ha hablado por medio de su Hijo.…" Observe Ud. el contraste. Previamente Dios habló por medio de Abraham, Moisés, David, Isaías, y otros, pero ahora nos ha hablado por medio de su Hijo. Observe también el movimiento de menor a mayor: "El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios y la exacta representación de su ser.…" Dios corrió el riesgo de que pudiéramos pensar que al revelarse a los escritores bíblicos, ahora estábamos conociéndolo realmente "como lo que" él es.

Había por lo menos dos riesgos evidentes en la manera que Dios eligió para revelarse históricamente (e incluso culturalmente). El primero es que leamos la historia de Abraham, por ejemplo, que estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac (Gén. 22) y la consideremos tan lejana a nuestro propio contexto cultural que no tenga hoy ninguna importancia para nosotros. El segundo riesgo es, por ejemplo, que podamos ignorar totalmente el contexto cultural de los escritos de Pablo y los apliquemos directamente a nuestra propia situación. Un caso es que no entendemos bien a Pablo (¿y a Dios!) si pensamos que 1 Timoteo 2:9–15 puede ser aplicado directamente a la iglesia de hoy y a su situación actual de culto y adoración.

También está el riesgo de que entendamos mal el propósito de las Escrituras. Algunos ven a la Biblia en términos casi "mágicos", como si un libro perfecto proveyera la vida eterna. Sin embargo, Jesús dijo: "Estas son las Escrituras que dan testimonio de mí, y sin embargo no queréis venir a mí para que tengáis vida" (Juan 5:39–40). Hay algo extrañamente maravilloso con respecto a la Biblia: que es completamente el libro de Dios, y al mismo tiempo es un libro humano. "La Biblia no nos ha sido dada en un grandioso idioma sobrenatural.… Debió ser dada en el lenguaje de los hombres. Todo lo que es humano es imperfecto.… La Biblia fue dada con propósitos prácticos" (Elena G. de White, Mensajes Selectos, 1:23).

Mal comprendido en su cuerpo

Así como Dios tuvo la intención de que los seres humanos fueran su "imagen" en el mundo (Gén. 1:26-27), Cristo tuvo el propósito de que su iglesia pintara un retrato de él para que el mundo lo contemplara. ¡Qué arriesgado! ¡Cuántas posibilidades de que el carácter de Dios fuera mal entendido!

El libro de los Hechos (por ejemplo) nos da una idea de los riesgos involucrados. Los discípulos podrían haber "cerrado el negocio" y fracasado en llevar el evangelio a Jerusalén, Judea, y Samaria (Hechos 1:8). Pedro podría haberse negado a ir a casa de Cornelio en Cesarea (Hechos 10). El primer concilio de la iglesia podría haber tomado la segura y conservadora decisión de que los gentiles primero se hicieran judíos, antes de que pudieran convertirse en cristianos (Hechos 15). Pablo podría haber ignorado el contexto filosófico y cultural de los atenienses (Hechos 17:16–34). Luis Palau dice que "la iglesia está sólo a una generación de su extinción". Existía el riesgo de que ni siquiera la iglesia hubiera comenzado.

Pero el mayor riesgo es que la gente se chasquee con Dios porque se chasquean con el pueblo de Dios. Jesús dijo: "En esto sabrán todos que ustedes son mis discípulos, si tuvieran amor los unos con los otros" (Juan 13:35). Cuando uno revisa la historia de la iglesia (incluyendo a la nuestra) parecería que la iglesia siempre se ha visto a sí misma como si "estuviera en guerra" contra los suyos. ¿Cómo podemos explicar o justificar las peleas internas sobre la perfección cristiana, la salvación, (e irónicamente) sobre la naturaleza de Cristo??

En nuestro propio contexto, nos sentimos inclinados a proclamar el estatus de "iglesia verdadera" porque obedecemos "los mandamientos de Dios, y sostenemos el testimonio de Jesucristo" (Apoc. 12:17). Sin embargo, hay jóvenes que me han preguntado si las mujeres reciben un trato igualitario dentro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y cuando les explico la situación de la ordenación de las mujeres, ¡se me dice lisa y llanamente que mi iglesia no puede ser la iglesia verdadera! La iglesia podría fracasar también en representar un retrato correcto de su Cabeza mediante la inflexibilidad, la institucionalización, y con su enfoque en la manutención más que en la misión. Pero pareciera que Dios ha considerado que valía la pena correr el riesgo de que un cuerpo finito pudiera reflejar tan sólo pálidamente al Infinito.

Conclusión

Sin duda, el mayor riego asumido por Dios fue la encarnación de Jesucristo. Podría haber detenido el reinado del pecado en seco si hubiera destruido inmediatamente a Lucifer y a Adán y Eva. En lugar de eso, enfrentó el problema del pecado de una manera "más suave" y aceptó los riesgos subsecuentes. Jesús podría haber fracasado en su misión, y en ese caso todo se habría perdido. Podríamos tratar de seguir a Job y sus amigos al tratar de entender por qué tan a menudo el desastre nos alcanza y encontramos que todas las respuestas son insuficientes (Job 1:6–2:10). Por el contrario, nuestra certidumbre se basa en el hecho que nada "podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rom. 8:39). Parecería que Dios se arriesga a que no lo entendamos bien, con el propósito de que finalmente lo podamos entender mejor.

Para discusión o reflexión:

  1. ¿Qué nos dice acerca del carácter de Dios el hecho que él use un abordaje "más suave" al darnos las Escrituras y al tratar con el problema del pecado??
  2. ¿Qué imagen de Jesús está presentando mi iglesia local en su comunidad??
  3. ¿Qué factores limitan mi propia comprensión de Dios?? ¿Cuánto necesito comprender a Dios?? ¿Qué hago con las preguntas que me quedan demasiado grandes??
  4. Para leer más sobre el tema: Clark H. Pinnock y Barry L. Callen, The Scripture Principle: Reclaiming the Full Authority of the Bible [El principio escriturístico: Reclamando la plena autoridad de la Biblia], 2ª edición. (Grand Rapids, Mich.: Baker Academic, 2006), 111–32; y Elena G. de White, Patriarcas y profetas (Mountain View, Calif.: Pacific Press, 1958), 34–47.

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