Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 13 al 19 de octubre, 2007
Por Glen Greenwalt
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
Me preocupa la tesis general de la lección de esta semana, que Dios nos lleva a propósito a vivir situaciones que Él ve de antemano que nos causarán sufrimiento, porque Dios también ve que esas situaciones pueden otorgarnos mayores beneficios.
Una mujer que trabajaba con niños me contó cierta vez un caso relacionado con uno de sus pequeños clientes, que planteó la naturaleza general de mi dificultad con esta tesis de la mejor manera que he oído. La pequeña con quien esta mujer trabajaba, cierta vez fue al colegio con una mano vendada.
Cuando la doctora le preguntó qué le pasó en la mano, la niña, que tenía seis o siete años, no quiso decírselo. Así que la doctora, con gran habilidad para sacar información de los niños, le pedió que contara una historia de fantasía.
En la fantasía narrada por la niña había una pequeña muy semejante a ella (se las podría confundir por ser la misma persona) que estaba lavando los platos, lo que era una tarea común para niños en la época en que no había lavadoras automáticasun gran invento, a propósito, que, desde la perspectiva de los niños, no recibe elogios suficientes por no secar los platos también. Es demás sabido que la combinación de manos pequeñas y copas y vasos resbalosos nunca fue muy buena, y en el caso de esta niñita, como en el de la mayoría de los pequeños de su edad, se le habían caído un montón de objetos resbalosos, para gran frustración de sus mayores.
En este caso, el padre indignado decidió enseñar una lección a la niña, así que la obligó a levantar los vidrios rotos con las manos desnudas. Luego, a fin de que la lección fuera perdurable, estrujó las pequeñas manos de la niña entre las suyasesa fue la causa de los vendajes.
Cuento esta historia, no como hace Alyosha cuando le cuenta a Ivánen Los hermanos Karamazovsobre el entrenamiento de otra niña, que también salió mal, en que la nena golpea sus pequeños puños contra el muro externo de una casa, gritando "¡Sálvame, querido Jesús!", hasta que sus gritos se vuelven silencio en la helada noche de Rusia.
La pregunta que Alyosha le hizo a Iván era: "Si tú fueras Dios, y supieras que un sólo niño moriría de esa manera, ¿habrías creado el universo?" Mi pregunta no es una acusación moral contra un Dios bueno que permite el mal. Los teólogos y los filósofos han ofrecido muchas estrategias para resolver este enigma.
Mi pregunta es, más bien, si un ser moral debería alguna vez emplear a propósito los mecanismos del sufrimiento y el dolor a fin de obtener dependencia o lealtad hacia sí mismo. Hago a propósito la pregunta en sentido general, porque me temo que todos nos hemos sentido tentados alguna vez a conseguir la lealtad de alguien queriendo que esa persona se sienta horriblemente mal sin nosotros. Y ese es, precisamente, el tema que me preocupa. Reconocemos tales actuaciones como ejemplos de inmoralidad, y no como ejemplos de divinidad. Al igual que Platón, me preocupa la costumbre de excusar a los dioses por acciones que son inexcusables para nosotros, sólo porque son dioses. Creo que en verdad deberíamos enseñar a nuestros hijos historias nobles. Entonces, ¿cómo deberíamos explicar la historia tomada del Éxodo en la lección de esta semana?
En la lección, Dios le dice a Moisés que cambie de dirección en la salida de los israelitas desde Egipto, de manera que los espías del faraón creyeran que los esclavos que huían estaban perdidos y dirigiéndose hacia una trampa en la que el Mar Rojo no los dejaría escapar. Según el narrador de la historia, esto fue una total artimaña magistral. Al llevar a los israelitas hacia una trampa, Dios perseguía dos fines importantes. Por una parte, devastó a los ejércitos egipcios, de manera que ya no fueran una amenaza para Israel en los siglos venideros, y, por otra, Dios realizó el primero de una serie de muchos milagros para transmitir a Israel la idea de que necesitaban de éldesde el punto de vista del narrador, el pronombre operativo debe ser necesariamente masculino, porque Dios es como un padre, o como un amante de los hijos que lo abandonan y de una esposa que le pone poca atención.
La explicación acostumbrada de esta historia es que una lectura atenta revela que Dios endureció el corazón del faraón al darle una larga serie de ejemplos de su clara superioridad. Repetidamente se demostró que los actos de Moisés y Aarón eran mucho más excelentes que cualquiera de los realizados por los magos o los sacerdotes de Egipto. Al rehusarse a aceptar tan clara y repetida evidencia, el corazón del faraón se endureció por su propia resistencia progresiva ante Dios.
Esta lección moral es, ciertamente, posible de derivar de la narración. El único problema es que está en contra del punto de vista del narrador, que afirma que la intención de Dios desde un principio fue la de endurecer el corazón del faraón, a fin de poder destruirlo. En efecto, pareciera que el narrador se complace en las argucias y los actos mágicos que se encuentran en el corazón de esta historia, tanto como lo hace cualquier niño o adulto que presencia un espectáculo de magia o que mira a los payasos en el circo.
Tal vez, en lugar de ser un defecto de la historia, las artimañas o argucias están puestas con la intención de deleitarnos. Quizás, en lugar de leerla primariamente como una lección de moral, esta historia debería ser leída como una clase de narración mágica que deleita y asusta al mismo tiempo. En tal género de narraciones, los poderes mágicos, aún si son empleados por el bien, nunca están lejos del lado oscuro, como se nos recuerda una y otra vez en la serie épica de La guerra de las galaxias y en El señor de los anillos. La enseñanza moral de tales historias se deriva a la postre, no de los protagonistas, ya que aún el bien tiene lapsus moralesreales o teatralesque aderezan la historia, sino de las elevadas expectativas de la audiencia. Los que escuchamos la historia sabemos cómo debería terminar, a pesar de que nos deleitemos en sus giros y vueltasy aún los demandemosque nos mantienen en suspenso y nos asustan de esa manera.
En el caso del Éxodo, sabemos cómo se debería desarrollar la historia. Cualquiera sea nuestra idea de Dios, él debe ser más fuerte y mejor que nosotros aún en nuestros mejores días. Esto significa que Dios debe ser por lo menos tan moral como nosotros. Cualquiera sea la interpretación que le demos a la historia, no debemos permitir que Dios aparezca peor que los seres humanos, y ciertamente no debemos permitir que conductas humanas cuestionables sirvan de ejemplo para nuestra conducta moral, precisamente porque nos parezca que Dios obra de una manera que ciertamente es errónea si la realizan los seres humanos.
Esta es mi queja contra mucha literatura que trata de justificar el sufrimiento humano bajo el campo de acción del amor divino. Aunque se podría defender la idea de que los seres humanos usan la dureza o la rigurosidadya sea en los deportes o en la vida militar, o en historias de búsqueda y amorcomo un medio para llegar a un estado de existencia más elevado o más valioso, el uso del mal para producir un bien es siempre sospechoso, en especial cuando se lo usa para conseguir adhesión para uno mismo como beneficiario u objeto del amor y la devoción. Esto menoscaba la única base legítima y real para la devoción, a saber, el amor libre e inesperado del otro, que no tiene otra fuente o medio que no sea el amor en sí mismo.
Sugerir que Dios primero hace que los hijos de Israel sean total y absolutamente dependiente de él para su existencia y sostén, y que luego Dios los castiga por ser incapaces de pensar y actuar por sí mismos de otra manera que no sea deambular estupefactos y asustados, sin inteligencia, cuando Dios los deja solos, hasta el mismo momento en que creen que en verdad morirán, para que sólo entonces Dios venga a rescatarlos con toda clase de reprimendas humillantes a causa de sus lágrimas, esy quiero decirlo de una manera muy claralisa y llanamente abuso infantil y marital.
Mi hermana me llamó mientras yo escribía este ensayo. Ella había viajado dos horas para visitar a un cirujano bucal porque no había otro más cerca. El médico le dijo que alguien le había implantado un diente tan profundamente que la corona se había trizado, por lo que haría falta un trabajo dental de envergadura, a un costo de cinco mil dólares. Cuando ella se disponía a salir del estacionamiento, encontró que una camioneta grande se había estacionado tan cerca que temió golpearla. Así, al retroceder poniendo especial atención en la camioneta, no se dio cuenta de que el auto que estaba a su lado empezó a retroceder también y se colocó detrás. Mi hermana golpeó a ese auto y dejó una profunda ralladura al costado de su vehículo.
?Hay alguien que quisiera decir que en verdad Dios planeó este incidente particular para que mi hermana pudiera aprender una lección importante, o quizás, para darme a mí una ilustración apta? Estas posibilidades pondrían a Dios en el mismo nivel que el padre del comienzo de este ensayo. No tengo una respuesta fácil para el sufrimiento y el dolor, pero me rehuso categóricamente a aceptar que Dios pueda actuar como un abusador, y que eso sería perfectamente permisible porque Dios es Dios. Y me niego con mayor fuerza aún a aceptar la sugerencia de que se nos ha dado el derecho de dañar a otros porque sólo estamos haciendo lo mismo que Dios. La gran cantidad de abuso infantil y de violencia contra las mujeres que se observa en las sectas fundamentalistas es, al menos en parte, una derivación de las historias que sus adherentes cuentan sobre Dios.
?Qué pasaría si leyéramos la historia del Éxodo como una narración hecha por un anciano sabio en torno a una fogata? ?Qué nos enseñaría? Nos enseñaría que la vida es complicada; que a veces da vueltas inesperadas–pero que aún así pueden resultar para nuestro bien. Nos enseñaría que a pesar de que a veces la vida se nos torna desesperante, y en verdad esas circunstancias existen, siempre hay otras fuerzas en el campo. Nunca somos lo único que sucede en el universo. Algunas veces estamos en el final bueno de esas fuerzas, y otras veces somos los perdedores. Pero lo más importante es que si Dios existe realmente, entonces nosotros, la audiencia, sabemos cómo se comporta Dios y cómo debe terminar la historia, a pesar de las pérdidas que pueda haber en el camino.
De esta manera, la Biblia debe ser leída como cualquier gran historia de tramadores de argucias y magos. No sabemos las respuestas para la mayoría de nuestras preguntas, pero eso es precisamente lo que permite que la historia prosiga. Entretanto, podemos ejercitar nuestros talentos, organizar nuestro coraje, aguzar nuestra inteligencia, enriquecer nuestro humor, y ponernos el blanco de hacer que nuestra vida sea tan interesante y tan noble como la de cualquier gran héroe o tramador de artimañas, ganemos o perdamos. Eso es narrar historias en su mejor expresión.
comparta este artículo
|