Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 22 al 28 de septiembre, 2007
Por Ken Curtis
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
Cuando uno visita el hogar de alguien, no es raro ver un álbum de fotografías de boda entre los varios recuerdos de la familia. Encontramos fotos de la novia y el novio, de familiares y amigos, poses especiales, y momentos significativostodos los cuales representan cosas que recordar, atesorar y compartir. Habría imágenes de promesas hechas, fidelidad prometida, y de alianza realizada, así como el sentimiento de que Dios está allí, en medio de todo, bendiciéndolo y declarándolo bueno en gran manera.
Sin embargo, creo que nos parecería muy raroe incluso un poco desconcertantedescubrir un álbum, conservado y apreciado de manera semejante, pero que tuviera fotos de promesas rotas, relaciones abandonadas, decisiones infieles, alianzas deshechas, o bien de la novia, del novio, de la familia, o de amigos que hubieran tenido un papel útil, o notanútil, en el proceso. Y si lo hubiéramos hecho, me pregunto cuán probable sería que esperáramos cualquier indicio de que de eso pudiera resultar algo bueno. Nada que se relacione con las experiencias dolorosas de la infidelidad o la traición puede llevarnos a esperar otra cosa, ni puede producir otro sentimiento en nosotros, que no sea el de dolor.
Es sorprendente (precisamente con relación a las metáforas de matrimonio de la lección de esta semana) que hallemos una mezcla desconcertantemente ingenua de ambas cosas al mirar el álbum de las bodas de Dios. Allí encontramos eso llamado gracia, en medio de escenas de genuina esperanza y certeza, lo cual nos deja perplejos, y a veces hasta horrorizados, aunque agradecidamente sobrecogidos. La gracia es verdaderamente sorprendente. Allí, en medio de nuestra más profunda sorpresa, Dios nos invita a encontrarnos entre las fotografías. En todas ellas. Cuando intentamos hacerlo, descubrimos que la profundidad y el alcance de lo que encontramos son tan amplios, que podríamos pasar toda la eternidad tratando de involucrar nuestras mentes y nuestras vidas más plenamente en torno a la riqueza de lo que nos es revelado.
Hay pocas cosas más gratificantes que tener la oportunidad de ver personas que captan lo que significa ser acogidos por un Dios verdaderamente lleno de gracia, en particular aquellas personas que vienen de un contexto en el que el amor a menudo es considerado como algo condicional. ¡Darnos cuenta y experimentar la gracia de Dios nos enriquece personalmente, nos libera y nos transforma! Con respecto a cómo nos relacionamos con Dios personalmente (a pesar de que a veces pareciera demasiado bueno para ser verdad) me parece que, a través de los años, nuestra iglesia ha ido concentrando su atención cada vez más en este Dios verdaderamente lleno de gracia.
Pero somos un poco más lentos para captar la implicancias que esto tiene para nuestras relaciones interpersonales. Lejos de sumirnos en la rebelión, como algunos podrían temer, una comprensión genuina de la gracia de Dios crea el espacio en el cual podemos explorar y admitir cómo nuestros intereses egocéntricos, inseguridades, temores, y otras cosas semejantes, han nutrido nuestras conductas infieles y nuestras elecciones desafortunadas. En efecto, darnos cuenta de esto es lo que hace posible no sólo que empecemos a dejar de lado la hojas de higuera con que nos cubrimos para permanecer delante de Dios sin ocultar nada, sino también cambiar la manera en que nos relacionamos con quienes nos rodean. La combinación poderosa de genuina humildad y gracia sorprendente nos permite abandonar ciertos modos de relacionarnos, caracterizados por la auto-protección, el descuido de la responsabilidad, el mal uso del poder, o la temida pérdida de intimidad y seguridad, que han sido una maldición para la creación desde la caída en el pecado. Además, conduce finalmente al tipo de restauración que la lección de esta semana contempla.
En un nivel, captamos esto en forma bastante rápida. Una vez que nuestra identidad y seguridad están firmemente fundadas en el amor y la gracia de Dios, estamos más libres para amar a otros con sentido de plenitud más que de necesidad. Ciertamente, aún cuando no hayamos agotado toda la riqueza de lo que eso significa, captamos bastante bien esa parte. Pero, de diversas maneras, las metáforas de esta lección nos llevan más allá de esa comprensión. En primer lugar, nos invitan a aceptar más plenamente la realidad y la extensión de nuestro propio ser defectuoso, desechando cualquier sensación de privilegio o de superioridad que pudiéramos pensar que tenemos sobre otras personas. En segundo lugar, nos invitan a recibir más plenamente la aceptación de Diosy a captar su verdadero alcanceque incluye, por la naturaleza de la misma gracia en la que confiamos, a aquellos que podríamos considerar como menos merecedores de ella. Sin importar las diferencias que tenemos con los demás ni la manera como ellas se manifiestan, nos hacen recordar que son muchas más las cosas que nos asemejan que las que nos diferencian.
Jesús quería que nos diéramos cuenta de esto cuando nos dijo: "Habéis oído que fue dicho ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos " (Mat. 5:4244). Darnos cuenta de esto cambia fundamentalmente la naturaleza de nuestra manera de pensar, cuando en humildad comprendemos que somos fundamental y exactamente tan defectuosos como aquellos a quienes tememos, o como aquellos que nos han maltratado, o como aquellos que podríamos vernos tentados a considerar como menos dignos, poniéndoles la etiqueta de enemigo. Cuando nos damos cuenta de que Dios los ama tan profundamente como a nosotros, entonces cambia nuestra manera de relacionarnos con ellos. Aunque las mismas tendencias corruptas, que vemos implantadas tan profundamente en nosotros, a veces hacen que esto sea un verdadero desafío, es la misma gracia de Dios expresada de manera tan plena lo que nos capacita para que ello sea posible.
¿Qué pasaría si realmente captáramos esta riqueza, y lo que implica tener un Dios que ama tan fiel e incondicionalmente, y si permitiéramos que esto nos cambiara y transformara la manera como interactuamos con otros? ¿Qué podría significar esto para nuestras familias? ¿Y para nuestra iglesia, nuestra comunidad y para el mundo entero?1 Cuando estemos dispuestos a reconocernos, y encontrar a otros, en las fotografías que hallamos en el álbum de las bodas de Dios, y cuando escuchemos a Jesús atentamente, tal vez podamos esperar ese momento en que el Creador mirará lo que haya sido restaurado y lo declarará, de nuevo, bueno en gran manera. ¿Y qué pasaría si descubriéramos que no necesitamos esperar algún momento futuro para empezar esa obra?
Notas y referencias
1. Para leer ciertas reflexiones interesantes acerca de cómo sería esto en nuestro mundo, visite la página web: An Ethical Way to End the War in Iraq. Luego piense en la estrategia sugerida allí para poner fin al conflicto en Irak.
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