Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 15 al 21 de septiembre, 2007
Por Heather Isaacs Royce
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
El matrimonio es difícil. Hace sólo tres meses que estoy casada y ya estoy bien consciente de esto. Durante nuestro noviazgo le di a mi futuro marido una tarjeta con una de mis citas favoritas, una del poeta alemán Rainer María Rilke. Dice así: "Para que un ser humano ame a otro ser humano: esta es quizás la tarea más difícil que se nos ha encomendado, es la tarea por excelencia, el test y la prueba finales, el trabajo para el cual todos los demás trabajos son sólo una preparación".1 Estas palabras continúan estando en la puerta de nuestro refrigerador, para que me recuerden el compromiso que he asumido de aprender a amar verdaderamente a otra persona.
Este compromiso me guía también en la reflexión sobre el matrimonio de Oseas y Gomer. Al principio intenté referirme a algunas de las conclusiones de los autores de la lección de la Escuela Sabática, que insisten en una lectura literal de esta historia. Existe evidencia sólida y persuasiva de que el matrimonio en cuestión es una acusación metafórica contra las fuerzas sociales, religiosas, políticas y económicas que conformaban a Israel en el siglo VIII a.E.C. El erudito bíblico Marvin Chaney, por ejemplo, iguala la promiscuidad sexual de Gomer con los esfuerzos materialistas de la elite gobernante de Israelguerreros urbanos del sexo masculino, principalmentequienes llevaban adelante la transformación radical de un sistema agrícola de subsistencia, que sostenía la vida de la gran mayoría de la sociedad israelita, en un proceso de consolidación de la tierra y de producción de cultivos comerciales que servía a los intereses egoístas de los ricos de mantener conexiones para comerciar objetos de lujo con otras naciones.2 Es este Oseas, de manera menos directa que otros profetas hebreos, el que hace alusión a las injusticias cometidas por los ricos y poderosos en contra de los vulnerables y los pobres (los "hijos de Gomer") como el factor principal de su destrucción política a manos de los poderes extranjeros.
Se debería leer el trabajo de los eruditos bíblicos, como Chaney, para comprender mejor los puntos de vista contrastantes de que se dispone con respecto a la lección de esta semana. En cuanto a mí, me siento emocionalmente motivada para entender mejor el estado de matrimonio en el que ahora me encuentro. En consecuencia, abordaré el objetivo del tema de este trimestre, según se lo ha señalado, examinando el concepto del matrimonio en relación con la vida de la fe. La trayectoria de la vida espiritual es, en esencia, un compromiso con el Dios amante hasta el punto de llegar a ser uno con él, lo que equivale a decir que nos casamos con Dios. ¿Qué significa esto, y cómo se hace? Como seres humanos, estamos cambiando y evolucionando permanentemente hacia tanta riqueza de detalles y posibilidades que no nos damos cuenta cabal ni somos capaces de registrar plenamente. No nos conocemos a nosotros mismos en forma completa, y tampoco a los demás, y sin embargo al casarnos hacemos el compromiso de compartir plenamente nuestra vida con otra persona. ¿Cómo actúan los límites de nuestro conocimiento y de nuestras capacidades en nuestra relación con Dios?
Los autores de la lección de esta semana argumentan que no deberíamos limitar a Dios basados en nuestras creencias sobre la forma en que Él debería actuar (o no debería actuar). Por ejemplo, a algunos les cuesta creer que Dios realmente mandaría a una persona a involucrarse en un matrimonio tan cuestionable como el de Oseas, y permanecer en ese estado. En contraste, los autores parecen concluir que Dios es libre de actuar como él quiereaún en contra de nuestras expectativas acerca de su obrary señalan la manera en que las vidas de otros profetas fueron usadas por Dios para enfatizar sus juicios divinos. No obstante, al momento de hacer esto, los autores de la lección rechazan caracterizaciones de Dios que podrían ser demasiado incómodas para ellos mismos. En particular, citan el caso de Ezequiel, cuando, según los autores, Dios "predijo" la muerte de la esposa del profeta antes de ordenarle que se abstuviera de llorar su muerte (Eze. 24:1617). Pero de acuerdo con el mismo texto bíblico, Dios no sólo predijo la muerte de la esposa de Ezequiel, sino que él la planeó. "Hijo de hombre", dice Dios, "he aquí que de golpe yo te quito el deleite de tus ojos" (24:16). Los autores de la lección condenarían a los lectores que no quisieran creer en un Dios capaz de ordenar un matrimonio con una mujer sexualmente promiscua, cuando ellos mismos no aceptan un texto que muestra a Dios como el que mata a una esposa. Así, son capaces de mantener su idea de que Dios es amante, sin esforzarse por integrar la evidencia contraria.
Hay que admitir que ver a Dios como un adúltero santo, o como a un homicida santo, no es aceptable para la mayoría de la gente. Ciertamente, yo no quiero creer en un Dios que pudiera llegar a extremos tan violentos sólo para explicar sus mensajes. Desde luego, hay muchas maneras de evitar estas terribles y difíciles conclusiones. Mi propia lectura de Ezequiel entiende que, en realidad, en ese entonces había violencia doméstica, así como existe en la actualidad. Parece más probable que Ezequiel mató a su propia esposa y que atribuyó el acto violento a Dios, lo que no sería diferente de los asesinatos más recientes de una mujer y su hija infante, cometidos por su propio pariente, tal como está documentado en la obra de Jon Krakauer, Bajo el estandarte del Cielo.
Pero cualquier cosa que ayude a nuestra capacidad de racionalizar los "actos de Dios" como actos de la humanidad y de la naturaleza, todavía estamos enfrentados a preguntas perturbadoras sobre nuestra relación con Dios. ¿Debemos aprender a aceptar a Dios tal como es, aún cuando sus acciones nos parezcan sin sentido, o, por el contrario, debemos mantener nuestras expectativas y esperanzas con respecto a nuestras vidas, el mundo y Dios mismo? ¿Es que nuestras esperanzas y creencias sobre Dios hacen que ellas sean como son? ¿O es que todos seremos golpeados y sacudidos por lo que eventualmente podríamos encontrar que Dios es? ¿Y qué significan estas ambigüedades de nuestra relación con Dios para nuestras relaciones humanas? Aprender a amar a Dios y a los demás, a pesar de estas ambigüedades e incertidumbres, es, usando el lenguaje de Rilke, realmente la tarea más difícil de nuestras vidas. Si cualquiera de nosotros tuviera que conocer totalmente a Dios, o a otro ser humano, antes de poder amarlos, ninguno de nosotros sabría lo que es el amor. La práctica del amor nos hace saber que el objeto de nuestro amor no puede ser conocido completamente. Y precisamente, así como no nos podemos conocer los unos a los otros en forma completa, no podemos conocer a Dios. Es así como vivimos con misterio en nuestras relaciones íntimas, reconociendo que es este misterio lo que nos atrae hacia una experiencia del otro, y es el acto de movernos continuamente hacia el otro lo que nos revela la naturaleza infinita de Dios en nosotros.
Con todo, amar lo que no puede ser conocido a cabalidad es una propuesta peligrosa e impredecible. El objeto de nuestro amor puede volverse contra nosotros, puede chasquearnos, puede traicionarnos. Y nosotros a él. Y posiblemente Dios a nosotros. Pero sólo podemos prevenir el riesgo inherente en la práctica del amor si procuramos controlar a la persona que amamos, lo cual entonces, irónicamente, niega la intención de amar. Cuando tratamos de controlar al objeto de nuestro amorya sea por la fuerza o mediante una manipulaciónperdemos eso mismo que estamos tratando de conseguir. Esto ocurre también en nuestra relación con Dios, cuando exigimos que el Señor se ajuste a nuestras creencias, expectativas y esperanzas. Tal como lo tuvo que aprender Oseas, el amor es amor sólo cuando es ofrecido en libertad. Debemos renunciar a la necesidad de "señorear" sobre los demásya sea sobre las personas o sobre Dios mismopara que podamos amarlos. Cualquiera sea la variedad de interpretaciones del matrimonio de Oseas con Gomer, la lección espiritual, en sus alcances más amplios, pareciera depender de este punto: cómo responder en amor, a pesar de los misterios y peligros involucrados en hacerlo.
Notas y referencias
1. Rainer Maria Rilke, Letters to a Young Poet, rev. ed., [Cartas a un joven poeta] traducido por M.D. Herter Norton (New York: W.W. Norton, 1934; reimpresión, 1993), 5354.
2. Marvin Chaney, "Accusing Whom of What? Hoseas Rhetoric of Promiscuity," [¿Acusando a quién y de qué? La retórica de la promiscuidad en Oseas], en: Distant Voices Drawing Near: Essays in Honor of Antoinette Clark Wire, editado por Holly E. Hearon (Collegeville: Liturgical Press, 2004), 97115.
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