Acab y Jezabel

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 8 al 14 de septiembre, 2007

Por Cynthia Westerbeck
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Acab y Jezabel se destacan como la pareja "mala" por excelencia en el Antiguo Testamento. Durante siglos se los ha usado como una caricatura de los esposos que producen lo peor en el otro. Acab es débil, descarriado fácilmente por su esposa pagana, e inclinado a arranques sombríos; Jezabel actúa de manera desleal con respecto a su oscuro marido, adora a dioses falsos, y (como se les recuerda a menudo a las adolescentes) usa demasiado maquillaje.

Pero un examen más detallado de la historia de esta corrupta pareja revela que los escritores de esta narración no estaban tan preocupados de los problemas domésticos de Acab y Jezabel como de la batalla, de naturaleza más cósmica, entre Jezabel y el profeta Elías. La presencia de Jezabel en la narración bíblica sirve como un perfecto contraste para la figura del profeta Elías, mientras éste se esfuerza para establecer su credibilidad como profeta del Dios verdadero.

Elías y Jezabel son presentados como opuestos, en todos los aspectos posibles: hombre-mujer, nativo-extranjera, tierras altas-tierras costeras, verdadero-falso.1 Lo que comparten es la misma pasión por sus respectivos dioses. Incluso sus nombres reflejan su devoción; el nombre de Elías significa "YHVH es mi Dios", en tanto que el nombre Jezabel declara, en su lengua nativa, que "Zabul [Baal] existe". Es significativo que su nombre puede ser traducido al hebreo como "Montón de estiércol"—un truco lingüístico que los escritores explotan a fondo al final de la narración. Muchos comentadores hacen notar la ironía de que Jezabel hace por sus dioses exactamente lo que Elías hace para YHVH. Ella tiene la mala fortuna de ser portavoz de Baal en el país equivocado y en la narración equivocada. Bajo circunstancias diferentes, ella podría ser considerada como un mero instrumento en un matrimonio político, llevada en contra de su voluntad a una tierra que la maltrata por causa de sus creencias religiosas.

En contraste vemos a Elías, forzado a escapar de su tierra por causa del hambre, sólo para ser recibido hospitalariamente por una viuda fenicia en una aldea cercana al hogar de Jezabel. En agudo contraste con la negativa de Jezabel para aceptar al Dios de su marido, esta viuda está dispuesta a compartir el último alimento que le queda con Elías, reconociendo la fuente de su poder, y aceptando a su Dios cuando declara: "Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Yahvé es verdad en tu boca" (1 Reyes 17:24).

Mientras Elías es alimentado por cuervos que le traen pan y carne, y luego, de nuevo por una mujer fenicia (es significativo que ambas fuentes eran consideradas "impuras" por la tradición hebrea), Jezabel está alimentando en su mesa a 450 profetas de Baal y a 400 profetas de Asera, en el palacio israelita.2 Deborah Appler señala que la presencia de alimento a lo largo de esta narración pone de relieve la distorsión de orden social y espiritual que existía dentro de Israel en aquellos tiempos.3 El profeta del Dios verdadero se ve forzado a tomar alimentos de la boca de animales y personas impuros, en tanto que los falsos profetas comen lujosamente. Entretanto, Jezabel ha forzado a un centenar de profetas de Yahvé a ocultarse en cuevas, recibiendo sólo pan y agua del sirviente de Acab, Abdías, que era un varón temeroso de Dios.

Todo esto sirve de preludio para el acontecimiento final del Monte Carmelo, donde Elías y su Dios se enfrentan, altar frente a altar, con Jezabel y su dios—si bien Jezabel está conspicuamente ausente de la escena. Después que Yahvé consume el sacrificio de Elías, "lamiendo" hasta la última gota de agua de la zanja, Elías imita las acciones anteriores de Jezabel y ordena la ejecución de todos los profetas de Baal. Los escritores de la narración parecen querer mostrarnos que lo que es malo en el caso de un representante de un dios falso, es aceptable en el caso del profeta del Dios verdadero.

Elías tiene poco tiempo para saborear su victoria. Apenas Jezabel sabe de la derrota de sus dioses, jura vengarse de Elías. El profeta huye a las montañas y es alimentado una vez más mediante un milagro—en este caso, por medio de un ángel. Elías se mantiene fuera del camino de Jezabel, hasta que ésta usa medios fraudulentos para acceder a la viña de Nabot. Así como Elías usó el espectáculo del sistema de sacrificios para mostrar el poder de Dios en el Monte Carmelo, Jezabel manipula el sistema legal para ejercer el poder del rey en esta batalla por la propiedad.4 Sin embargo, esta vez es Elías quien jura vengarse, al declarar que "los perros comerán a Jezabel junto al muro de Jezreel" (1 Reyes 21:23–24). En respuesta a la reprimenda de Elías, Acab se arrepiente, recibe el indulto y no es ejecutado, gracias a la paciencia de Yahvé (21:28–29). Jezabel, en cambio, se rehúsa a escuchar las amonestaciones del profeta, y así sella su suerte.

El más dramático contraste de esta historia se ve en la manera cómo Elías y Jezabel salen del escenario. Debido a su fiel servicio, Elías es llevado al cielo en un "carro de fuego", dejando atrás su manto solamente, para que quede con su sucesor. Jezabel, a pesar de su fidelidad a la causa de Baal, es empujada desde una ventana por unos eunucos, y luego es pisoteada por los caballos de Jehú (2 Reyes 9:30–33). Cuando Jehú ordena finalmente su sepultura, todo lo que los perros han dejado del cuerpo de Jezabel es "el cráneo, y los pies, y las palmas de las manos" (9:35). Entonces Jehú declara que "el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel" (9:37). La traducción hebrea de su nombre, "Montón de estiércol", ahora se ha cumplido literalmente.

En esta negativa de permitir que el cuerpo de Jezabel sea sepultado, encontramos una sorprendente semejanza con la historia de la búsqueda del cuerpo de Elías. Cuando Eliseo informa sobre lo que ha visto, los cincuenta hombres que han estado esperando al otro lado del Jordán insisten en buscar un cuerpo, "quizás lo ha levantado el Espíritu de Yahvé, y lo ha echado en algún monte o en algún valle" (2 Reyes 2:16). Al principio, Eliseo se resiste, diciendo: "No enviéis a nadie", pero finalmente les permite buscar por tres días. Cuando ellos regresan con las manos vacías, Eliseo replica: "¿No os dije que no fueseis?" (2:18). Aquí, una vez más, encontramos un recordativo claro de que la fidelidad de Jezabel a su falso dios sólo la condujo a la infamia, a quedar transformada en fertilizante, en tanto que la fidelidad de Elías le hizo obtener un pasaporte directo al cielo.

Appler observa que el papel de los perros en la muerte de Jezabel es particularmente adecuado, ya que "en la antigua mitología las puertas del mundo del más allá estaban custodiadas por perros, que eran los compañeros de la divinidad, especialmente cuando la diosa recibía a sus muertos".5 Sin embargo, una vez más, los escritores nos recuerdan que el Dios de los hebreos ofrece una alternativa mejor. Aún si los dioses cananeos existieran (lo que el resto de la narración ha tratado por todos los medios de probar que no es cierto), todo lo que los fieles pueden esperar es ser recibidos en la otra vida por los perros, algo totalmente diferente al esplendente carro enviado para transportar a Elías.

Mucho se ha especulado sobre la razón por la que Jezabel "se pintó los ojos con antimonio y atavió su cabeza" (2 Reyes 9:30) antes de enfrentar a su asesino. Uno de los argumentos más convincentes es que se está preparando para la muerte en la manera grabada en las placas de marfil que datan de esa época, las cuales muestran mujeres, enmarcadas en una ventana "con cabellos peinados cuidadosamente, en un estilo que caracteriza a la diosa egipcia Hator, que es asociada en otras fuentes con la diosa Asera".6 Jezabel se enfrenta a sus últimos instantes con la dignidad correspondiente a una fiel sierva de sus dioses. Ella no les ha fallado; son ellos los que le han fallado a ella.

Otro argumento convincente es que ella se estaba preparando para ser el sacrificio final, con las gráficas descripciones de su sangre salpicando el muro de la casa y su cuerpo siendo devorado por los perros, lo cual es un eco del ritual de las ofrendas quemadas descrito en Levítico 7: "su sangre será asperjada en los costados del altar…y los sacerdotes comerán de él". De este modo, Jezabel llega a ser "un sacrificio pervertido, ofrecido por eunucos, que son los menos apropiados, y comida por los perros en lugar de sacerdotes".7

De esta manera, Jezabel se transforma en mucho más que una lección objetiva sobre lo que no debería hacer una esposa. En lugar de eso, ella es el medio para probar el poder de Dios. Lo que está en discusión no es la felicidad de Acab como esposo, sino la habilidad de Dios para convencer a su pueblo de que debían rechazar a las divinidades cananeas y sólo ser fieles a Él. Jezabel ciertamente se ganó una reputación de mujer calculadora y poderosa, pero con ello proveyó a los escritores una fuerza formidable contra la cual se probó el poder aún más formidable de Yahvé.

Jezabel continuará siendo presentada como el estereotipo de la esposa malvada, pero también debería ser considerada como la mujer que usa todo el poder que está a su alcance para probar la verdad de sus dioses, y que fracasa sólo porque deja de reconocer al Dios verdadero.8

Notas y referencias

1. Para un análisis comparativo entre Elías y Jezabel, véase Phyllis Trible’s "Exégesis para narradores de historias y otros desconocidos", Journal of Biblical Literatura 114, no. 1 (1995): 3–19.
2. Deborah Appler, "De reina a cocinera: El alimento como metáfora en la narración de Jezabel," Semeia 86 (1999): 57.
3. Ibíd, 55.
4. Trible, "Exégesis," 9.
5. Appler, "De reina a cocinera," 65.
6. Judith E. McKinlay, "Negociando el contexto para entender la muerte de Jezabel," Biblical Interpretation 10, no. 3 (2002): 315.
7. Appler, "De reina a cocinera," 67.
8. Para una visión panorámica de Jezabel en la literatura, las artes y el cine, véase Janet Howe Gaines, Música en los huesos viejos: Jezabel a través de los tiempos (Carbondale and Edwardsville: Southern Illinois University Press, 1999).

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