David y Betsabé

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 1 al 7 de septiembre, 2007

Por Eddy Johnson
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

A pesar de que el autor de esta lección de la Escuela Sabática analiza las consecuencias del pecado de David y Betsabé, yo he elegido referirme a las circunstancias que hicieron que este pecado fuera posible, y quizás inevitable. Me parece que el ocio y quizás un voyeurismo casual, por una parte, y la provocación (¿no intencionada?), por otra, son los ingredientes de la mezcla mortalmente explosiva que preparó el terreno para la historia más sórdida registrada en la Biblia.

El ocio es el primer ingrediente que la historia identifica. El Segundo libro de Samuel 11:1 dice: "Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab y a sus siervos con él, y a todo Israel; y destruyeron a los amonitas y sitiaron a Rabá. Pero David se quedó en Jerusalén."

El episodio tuvo lugar en la época del año cuando era habitual que los reyes dirigieran a sus ejércitos en la batalla. Esta costumbre se practicó hasta bien entrada la Edad Media. Podemos especular sobre las razones por las que David decidió quedarse atrás, pero eso no nos llevará a ninguna parte. Prefiero focalizar la atención, por un momento, en el tema del ocio. Hay un proverbio francés que dice que el ocio es la madre de todos los vicios. Ezequiel fue inspirado para hacer el siguiente comentario sobre el pecado de Sodoma: "He aquí que esta fue la maldad de Sodoma, tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad.…" (Eze. 16:49).

El mayor problema de la ociosidad es que deja a la mente con mucho tiempo libre, y todos sabemos cuán fácil es que la mente se vuelva dañina cuando se la deja estar ociosa. El ocio no debe ser confundido con la pereza. La pereza es un estado mental que lo convierte a uno en enemigo del trabajo, e inclinado hacia la inacción. En contraste con ella, el ocio es la elección deliberada para estar inactivo, y permanecer de ese modo por un cierto tiempo. Hasta cierto punto, el perezoso es controlado por la pereza, en tanto que la persona ociosa decide serlo. La pereza lo aleja a uno de cualquier clase de actividad, tanto física como mental. El ocio nos incita a una actividad no saludable y sin garantía, tanto mental como física. Creo que el camino hacia la desgracia de David comenzó con el ocio.

Proverbios 26:14 dice: "Como la puerta gira sobre sus quicios, así el ocioso se da vueltas en su cama". Este, al parecer, fue el caso de David en esa fatídica tarde o noche. Se levantó de su cama y fue a la azotea del palacio. Nuevamente, no necesitamos especular sobre si David sabía lo que iba a ver, porque la azotea le permitía ver desde arriba la propiedad vecina…y, por lo tanto, a cualquier persona que estuviera bañándose. David se fijaba en las mujeres bonitas (1 Sam. 25:3; 2 Sam. 11:2).

El voyeurismo es la contemplación deliberada de escenas sexualmente excitantes desde una posición oculta y ventajosa. David puede no haber sido un voyeur en todo el sentido de la palabra, pero el hecho es que subió, vio a una mujer bañándose, y no volvió su rostro para evitarlo. No se sabe cuándo fue que David escribió el Salmo 101, pero el verso tres dice: "No pondré delante de mis ojos cosa injusta". El no sólo miró, sino que recorrió una y otra vez escenas impropias en su mente. Un proverbio matabele (una tribu de Zimbabwe) dice de manera cruda que cuando un hombre permite que su pene se cruce en el camino de la sabiduría, con seguridad vendrán los problemas. Los varones que viven en sociedades obsesionadas con el sexo, como la nuestra, necesitan saber que el pecado de David nunca está lejano de cada hombre, aunque sean adventistas del Séptimo Día.

El siguiente segmento podría causar el enojo de algunos lectores. Archibald D. Hart, un psicólogo y escritor altamente reconocido, escribe lo siguiente en su libro El hombre sexual (Nashville, Tennesee: W. Publishing Group, 1994): "El impulso sexual, que es fuerte, urgente, poderoso, e impaciente, domina la mente y el cuerpo de todo varón saludable. Nos guste o no, es así" (5). (Mi comentario personal: Tiene sentido que Dios lo hizo así, porque ningún impulso sexual del varón iguala a la muerte de la raza humana. La mujer puede ser impregnada con o sin un impulso sexual, pero un hombre sin impulso sexual simplemente no puede tener sexo).

Muchas mujeres no entienden el deseo sexual de los varones. Generalmente ellas están menos obsesionadas con el sexo que los hombres, y no desarrollan la misma tendencia compulsiva..…Más aún, algunas mujeres son ingenuas en cuanto a su apariencia y su conducta. Se visten provocativamente, quizás para atraer a un varón en particular. Parecería que esperan que otros hombres, a quienes no les interesa seducir, tengan los ojos ciegos. Estas mujeres no parecen entender que todos los hombres se excitan con los vestidos que muestran mucho, las faldas cortas, los perfumes evocadores, o una proximidad muy cercana.…Por supuesto que los hombres son los responsables definitivos por su propia sexualidad, y no hay excusa para el acoso.…Pero las mujeres también deben aceptar la posibilidad de que cuando ellas despliegan su sexualidad, los hombres se darán cuenta y se excitarán (7; el énfasis es mío).

(Hace poco, un clérigo musulmán causó gran revuelo en Australia cuando dijo esto mismo, pero de una manera cruda: "Dejen la carne al aire libre y los perros y los gatos tratarán de agarrarla").

Hart pregunta: "¿Tienen idea [las mujeres] sobre el efecto que su vestimenta causa sobre los hombres?"

Sí y no. Ellas se visten de una manera determinada con el propósito de atraer la atención de los varones y ser admiradas. Pero, ¿se dan cuenta de que cuando un hombre sano ve mucho muslo, faldas ajustadas y blusas escotadas, [y podríamos agregar jeans que apenas cubren la región púbica], tiene muchas posibilidades de excitarse?… Esto les pasa siempre a los hombres sanos; tanto a los malos como a los buenos.…No conozco ninguna técnica que puede detener la excitación sexual en un varón normal cuando una mujer muestra sus pechos.… Los vestidos provocativos no son neutrales (159, 161).

Betsabé, la mujer que no sospechó nada (¿?) cuando se bañaba desnuda a luz de la luna, causó el efecto que se describe más arriba sobre el ocioso y mirón de David, y los resultados fueron catastróficos para él y su familia, para ella y su marido, y, a la postre, para toda la nación, porque ninguna nación se elevará moralmente por sobre la moralidad de su gobernante. La misma mezcla explosiva es hoy en día tan poderosa como lo fue entonces.

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