Moisés y Séfora

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 28 de julio al 3 de agosto, 2007

por Steven Thompson
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Los capítulos 1 al 4 de Éxodo ofrecen el trasfondo de los grandes temas del libro, y contienen una rica anticipación sinóptica de ellos. Casi cada una de sus cláusulas tiene la primera mención de un verbo o sustantivo clave, que volverá a reverberar a través de los episodios de los siguientes capítulos. Por ejemplo, en Éxo. 2:11, Moisés "salió", o "se fue", es una traducción del verbo hebreo yatzah. Este verbo reaparece en dos contextos adicionales: cuando Moisés se presenta repetidamente ante Faraón para comunicarle las instrucciones del Señor, de que debe dejar ir a su pueblo. Cinco veces se dice que "salió Moisés de la presencia de Faraón", y en cada ocasión se usa el mismo verbo (8:26; 9:33; 10:6, 8, 18; 11:8). Más significativo aún es su uso para designar al éxodo mismo—Israel "salió" (yatzah) de Egipto, de acuerdo con 12:41; 13:4; 8; 14:8; 16:1; 19:1; 23:15. El "éxodo" personal de Moisés, desde los recintos del palacio real para ir al encuentro de la realidad de la esclavitud de los israelitas, prepara a los lectores para el tema principal del libro.

Una simple respuesta, dada por un esclavo en 2:14, nos da una clave para entender el papel futuro de Moisés: "¿Quién te ha puesto a ti por príncipe (sar) y juez (shophet) sobre nosotros?" Moisés llegó a ser juez de los israelitas, cuando nombró jefes para que le ayudaran a administrar la nación (18:21–25). Antes de hacer esto, pasaba todo el día, y casi todos los días, juzgando al pueblo (18:13).

La otra parte de la respuesta del esclavo, "¿Piensas matarme?" toca un aspecto personal de la vida de Moisés, que vivió bajo una serie de amenazas de atentados contra su vida. Comenzó con el decreto de Faraón que mandaba ahogar a los infantes hebreos varones (1:22). Su madre ejecutó el decreto real "y lo puso en un carrizal a la orilla del río", pero preparó una cesta calafateada, a prueba de agua, y se encargó de que hubiera una observadora (2:3–4). Cuando Faraón supo acerca de este hecho, ordenó matar a Moisés (2:15). Incluso después de que fallecieron los que habían tratado de matarlo (4:19), Moisés no estuvo a salvo de intentos en contra de su vida. Cierta noche, cuando Moisés regresaba a Egipto, ¡el mismo Señor trató de matarlo! (4:24). En este caso, al igual que las otras veces, la vida de Moisés fue salvada por medio de la intervención de una mujer. Este aspecto de los primeros años de su vida se resume por medio de la expresión "cinco mujeres y un bebé." En contraste con esto, ningún varón, ya sea hebreo o egipcio, aparece en las narraciones como parte de su red de apoyo.

De estos relatos emergen los temas de la alienación y posterior pertenencia. Moisés era hebreo, pero había sido adoptado por la familia real de Egipto. Debe haber luchado con el shock mientras se debatía entre la casucha del esclavo y el palacio, en vista del enorme contraste en lo socioeconómico, cultural, idiomático y, por sobre todo, espiritual. En este sentido, Moisés fue un precursor de Jesús, quien también "vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron" (Juan 1:10).

La pertenencia que le fue esquiva en Egipto lo estaba esperando entre los madianitas. La narración comienza con una referencia al título sacerdote de Madián, lo cual indica que el elemento primario y más esencial de pertenencia—el espiritual—estaba a punto de ser provisto. Moisés halló un hogar espiritual junto a un ungido de Dios en aquella región. Inmediatamente después de presentar al sacerdote, el narrador presenta a siete hermanas. Esta presencia de siete mujeres fue, probablemente, un elemento de seguridad para un hombre cuya supervivencia temprana había estado en manos de mujeres y que, seguramente, pasó sus años formativos en los aposentos de las mujeres, tanto en su hogar hebreo como en el egipcio. La presencia de las mujeres en Madián contribuyó a su sentido de pertenencia.

La escena junto al pozo de Madián, en Éxodo 2:16–17, narrada brevemente y con una secuencia de siete verbos principales, exhibe el arte narrativo hebreo en su mejor expresión, estimulando la imaginación del lector para que revista a los personajes con el pleno complemento de las emociones humanas, así como sus motivos, impulsos, voluntad y anhelos. El episodio revela diversos aspectos de Moisés: ejerció autoridad, respondió a la injusticia, y sirvió a la parte más débil sacando agua en su presencia. Puede que esta historia contenga cierto olorcillo del instinto masculino, que trata de impresionar a los miembros del sexo opuesto. En este caso, ellas quedaron impresionadas, como se ve en la respuesta que dieron a su padre cuando éste les preguntó por qué volvieron tan temprano: "¡un varón egipcio nos defendió!" Esta es la única vez, en el libro de Éxodo, que se aplica el verbo natzal a Moisés. En la opinión de esas siete mujeres, Moisés ciertamente las rescató. El narrador reserva las otras siete apariciones de este verbo para enfocar al verdadero libertador que está detrás del libertador del Éxodo, el Señor mismo (3:8; 5:23; 6:6; 12:27; 18: 4, 8, 9, 10).

La idea de pertenencia también se encuentra en 2:21, que puede ser traducido así: "Moisés quiso morar con aquel varón". Por fin, Moisés encuentra una familia y un hogar en el que, liberado de la complicada dinámica de esclavitud /señorío /familia de origen/ familia adoptiva de sus comienzos, tiene la experiencia de pertenencia y de aceptación normal, tanto social como espiritual. Su matrimonio con Séfora, seguido de inmediato por la referencia al nacimiento de un hijo, marca una etapa adicional de pertenencia para Moisés. El relato de su vida pudo haber terminado en este punto con el proverbial "y vivieron felices para siempre", pero el Señor tenía otros planes, que enviarían a Moisés de regreso a su país de origen y a su gente, y que presentarían dos episodios de estrés marital para él y Séfora.

El papel de Séfora adquiere mayor significación durante el intento del Señor de tomar la vida de Moisés, cuando ella se transforma en la quinta mujer que recata a Moisés. Tanto por medio de la acción como por la palabra, ella evita la más seria amenaza de vida enfrentada por Moisés. ¡Imagine lo que es realizar una circuncisión en medio del tenue destello de una fogata, o de una antorcha! Sea cual fuere el significado de la frase que ella repitió durante esa noche frenética, la profundidad de su compromiso con Moisés se ve muy claramente en este extraño episodio.

El servicio que el suegro hace a Moisés (Éxodo 18) es un terreno bien conocido. Sus funciones eran las de cabeza de la familia, proveedor para la familia de Moisés, sacerdote, y consejero estratégico en asuntos de importancia nacional. ¡Luego, cuando la visita termina, regresó a casa! ¡Qué suegro!

El último pasaje de la lección de esta semana, Números 12:1–4, al igual que el relato del ataque del Señor a Moisés, aparece de repente y sin mayor detalle de contexto. La economía de su información invita a la especulación con respecto a la irresoluble identidad de la esposa cusita de Moisés. El Antiguo Testamento condena la poligamia pero también la tolera, y los relatos patriarcales que la describen, casi siempre incluyen tajantes referencias a las complicaciones relacionales y a las tensiones familiares que la acompañaban. La primera aproximación para entender este pasaje es reconocer que forma parte de una unidad literaria que se extiende desde Núm. 10:29 a 12:16. Dentro de ella encontramos dos ecos claros de pasajes del Éxodo que ya estudiamos esta semana. Primero está Números 10:29–32, que una vez más presenta a Moisés y a su suegro. El segundo pasaje, Números 11:14–16 y 24–25, al igual que Éxodo 18, describe las luchas de Moisés para administrar a los israelitas, y la solución, esta vez empleando una estrategia diferente. Note que, en su oración, Moisés invita al Señor a matarlo (11:15)—¡lo cual es un giro inesperado de un tema familiar!

Números 12:1–4 comienza con el matrimonio y posible poligamia, pero eso apenas sirve para introducir el tema fundamental de la autoridad familiar frente a la distribución del don del Espíritu, que el Señor extendió desde Moisés hasta los setenta, aparentemente dejando de lado a María y Aarón. El ataque se expresa en Núm. 12:1, que dice literalmente: "Luego ella, María, habló, y también lo hizo Aarón, en contra de Moisés.…" Es claro que María lideró el ataque verbal. La naturaleza agresiva del verbo, "habló contra" (dibber be), es bastante clara en otros pasajes donde aparece la misma expresión (Núm. 21:5; Sal. 50:20; Job 19:18; Sal. 78:19). Si bien la crítica contra Moisés pudo ser legítima, si él tomó una segunda esposa, aquí se la empleó como un pretexto para atacar no sólo a Moisés, sino en última instancia al mismo Señor. A la luz de tal perspectiva, liderada por María, tanto ella como Aarón escaparon por poco, sólo con la pérdida de tiempo y de cierta dignidad personal. De manera sabia, Moisés no permitió que los vínculos de sangre fueran puestos por encima del vínculo definitivamente más significativo del matrimonio.

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