Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 9 al 15 de junio, 2007
por Herold Weiss
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
Si trabajamos con ciertas presuposiciones, es relativamente fácil sostener los "principios bíblicos" que deberíamos observar cuando hacemos decisiones diarias. Los autores de las lecciones de este trimestre hacen referencia a ellos, pero jamás enuncian siquiera uno.
Tal como se los entiende generalmente, los principios son, supuestamente, instrucciones generales y eternas que deben ser seguidas siempre, sin excepción. Estos principios, entonces, sirven para determinar las reglas que son dictadas en un lugar determinado, en un momento específico, y bajo circunstancias particulares. Se dice que las reglas pueden cambiar, pero que los principios permanecen eternamente válidos. Desde luego, la Biblia sólo ofrece leyes y consejos proverbiales. Nosotros decidimos qué leyes pueden ser cambiadas y cuáles no. Nosotros decidimos qué principio rige a una ley específica o a un consejo particular, los cuales pueden ser cambiados. Entonces somos nosotros los que decidimos cómo volver a aplicar, en un caso concreto contemporáneo, el principio que está involucrado en la Biblia.
Parece que es más que un poquito arbitrario pretender que es "bíblica" una regla que proponemos como la expresión correcta de un principio que hemos identificado en abstracto. El único mérito que hay en estos ejercicios es la satisfacción de la necesidad de decirnos a nosotros mismos que estamos "basados bíblicamente". Esta necesidad, sin embargo, muchas veces es mal concebida o mal aplicada. En la historia de la Cristiandad no faltan ejemplos de innumerables actos criminales cometidos por alguien que siguió un principio "bíblico", o que actuó bajo un mandato "bíblico".
El material bíblico que más se ocupa de dar consejos para la vida diaria, se conoce con el nombre de Literatura Sapiencial. Sus raíces se remontan a varios siglos, hasta la antigua sabiduría egipcia, y su influencia se hace sentir en la mayoría de los libros del Nuevo Testamento. En su mayoría, esa literatura sapiencial refleja un tipo de mentalidad bastante conservador, que se preocupaba por mantener estable a la sociedad bajo una estructura jerárquica. Se debe honrar a los que están en el poder. Cada uno, por debajo de ellos, debe reconocer cuál es su lugar y estar contento con su suerte. La paz y la felicidad son el resultado de la justicia retributiva en acción.
Una característica de la Literatura Sapiencial es su universalismo. Halla su sustento en la creación, es optimista acerca de la naturaleza humana, y es crítica hacia aquellos que miran la historiatanto personal como nacionalpara determinar la voluntad de Dios. La noción de una alianza divina con un pueblo escogido difícilmente se encuentra en ella. Dios ha llegado a ser trascendente, y sus caminos ya no son fáciles de identificar entre las muchas cosas que suceden en la tierra. Leemos en el libro de Eclesiastésque estudiamos el trimestre pasadoque "Dios está en el Cielo y nosotros en la tierra; por lo tanto, que tus palabras sean pocas".
Por supuesto, el surgimiento del razonamiento crítico entre los griegos influyó también sobre el surgimiento de la Literatura Sapiencial. La filosofía griega, el amor por la sabiduría, estaba interesada esencialmente en asuntos relacionados con la mejor forma de vida posible, y en cómo uno debe vivir esa vida. Para tratar con tales asuntos, los griegos estudiaron las conductas humanas e identificaron una cantidad de vicios y virtudes. Luego argumentaron que el carácter debía desarrollarse mediante la eliminación consciente de los vicios y el cultivo de las virtudes. Sólo así uno podría esperar tener la posibilidad de vivir la vida buena.
Desde luego, para vivir de esta manera, lo más importante es desarrollar una mente capaz de discernir la manera en que ciertas acciones particulares pueden contribuir a eliminar los vicios y a cultivar las virtudes. Vivir de una manera no crítica permite que las pasiones y las presiones de las circunstancias controlen nuestras vidas y hagan imposible la buena vida. Sólo una mente iluminada, capaz de razonar para salir de las ofuscaciones causadas por las pasiones, es capaz de hacer las elecciones correctas que permiten fomentar la vida buena.
Quiero sugerir que la Literatura Sapiencial argumenta que el uso de las facultades críticas de la mente en la determinación de las elecciones correctas para nuestra vida, se conforma a la voluntad de Dios. Sin duda, el apóstol Pablo estaba considerando las tradiciones de la Sabiduría cuando escribió: "No os conforméis a este mundo sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la voluntad de Dios, que es buena, aceptable y perfecta" (Rom. 12:2).
De acuerdo con estas palabras, la voluntad de Dios no está prestamente disponible en un conjunto de reglas, ni en un conjunto de principios revelados. Más bien, el apóstol afirma que nuestras mentes deben ser trabajadas, "renovadas" como él dice, para que sean capaces de discernir la voluntad de Dios que, al parecer, no está fácilmente al alcance de la mano. La palabra griega anakainoósei puede ser traducida también "ser renovada desde arriba".1 De esta manera, Pablo está diciendo que la mente entrenada para poder discernir lo bueno, lo aceptable y lo perfecto (las tres palabras sólo reafirman lo mismo: la vida buena que Dios quiere que vivamos) es la obra del Espíritu Santo que trabaja desde lo alto.
Las Escrituras pueden ser usadas y abusadas. Hace falta la obra del Espíritu en la mente humana, y a través de ella, para que la Biblia pueda ser la fuente de la sabiduría para la vida diaria. Podemos adoptar o rechazar las listas griegas de vicios y virtudes determinadas después de un cuidadoso razonamiento mediante todas las herramientas del análisis silogístico. Algunos podrían pensar que nuestra preocupación debería ser evitar los pecados, y que éstos son identificados por la revelación divina y no por la lógica humana.
La tradición sapiencial que se encuentra en las Escrituras, que Pablo sin duda conocía y tomaba en serio, nos dice que es necio creer que podemos evitar el uso de nuestras mentes para "discernir", "comprobar", "determinar", "evaluar", "juzgar" y "comparar" alternativas diversas con el propósito de "establecer" lo que es bueno. Tal como dice también el apóstol Pablo, "el pecado es lo que hacemos sin fe; felices aquellos que no se condenan a sí mismos por lo que han determinado que es bueno, como personas de fe delante de Dios" (esta es mi paráfrasis de Rom. 14:2122).
Aquí no hallamos un recurso simplista para una lista de principios, o pecados, enumerados en la Biblia. Más bien, hallamos confianza total en la capacidad de los creyentes para ser discernidores independientes de la voluntad de Dios, plenamente conscientes de que su capacidad para usar una mente renovada desde lo alto les impone una gran responsabilidad. No le hacemos un favor a la Biblia si desestimamos la importancia de la mente humana en su capacidad de discernir una vida que esté de acuerdo con la voluntad de Dios".
Notas y referencias
1. La preposición unida a esta palabra es la forma breve del término que sirve para un juego de palabras con "de nuevo" y "desde arriba" en la conversación de Jesús con Nicodemo (Juan 3:3).
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