Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 26 de mayo al 1º de junio, 2007
por Ramona L. Hyman
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
Pensamiento clave: "La Palabra de Dios nos da buenas razones para cuidar nuestra salud".
Me siento obligada a meditar sobre este pensamiento, pero no como una académica que se está preparando para escribir un comentario sobre una lección de la Escuela Sabática. El pensamiento clave me constriñe como cristiana, como una persona que está tratando de seguir un estilo de vida cristiano, y lo que esto significa holísticamente para mí, como mujer, como cristiana, y como pecadora salvada por la compasión de la benevolente gracia de Dios, es que escribo desde un punto de vista que me resulta cómodo y consoladorla primera persona.
Así que, mientras pienso en "la Biblia y la salud", recuerdo un texto que repito a menudoa veces como un susurro y, más a menudo, como una oración. Juan escribe en 3 Juan 3:2: "Querida amiga [Ramona], sobre todas las cosas deseo que te vaya bien, y que tu cuerpo esté tan saludable como tu alma" (Palabra Clara, 1399).
Así es como llego a estas páginas, bautizada por el deseo de Juan para conmigo. Por favor entiéndalo, el deseo de Juan también es para Ud. Creo que en ese deseo hay un llamado de clarín para la saludfísica, mental y espiritual. La implicación de esto es clara. Para que el cuerpo físico prospere, el alma también debe tener salud. Ambos son como hermanos mellizos. Este texto también me provoca la necesidad de hacer preguntas, que creo son críticas. Sin embargo, antes de hacer estas preguntas críticas, permítanme citar un himno espiritual afro-americano tradicional. He aquí el himno:
Entremos en las aguas,
entremos en las frías aguas,
Dios va a conmover las aguas.
Permítanme, hermanos santos, "entrar en las aguas". Tengan paciencia conmigo mientras considero el plan bíblico de salud en meditación.
Demás está decirlo, este himno me obliga a considerar el plan bíblico de salud de una manera práctica. Al leer Mat. 4:23, me viene a la mente Jesús como Sanador. Imagino cómo "Jesús recorría el territorio de Galilea, proclamando las buenas noticias de la presencia del reino de Dios y enseñando en las sinagogas, predicando al aire libre y sanando a la gente de toda clase de enfermedades" (Mat. 4:23). E imagino la excitación de la gente cuando los enfermos eran sanados. Tal vez algunos agradecían sonriendo, algunos tal vez lloraban, y quizás otros susurraban un amén, o simplemente decían "gracias, Jesús". Sin embargo, sólo puedo imaginar a aquella persona, en medio de la multitud, que puede no haber sido sanada. Entonces aparece la pregunta crítica: ¿Qué le sucede al cristiano que no es sanado por Jesús? ¿Qué dice eso acerca de la autoridad de Dios como sanador?
Creo oír a los viejos decir: "entremos un poquito más, sólo entremos". Y entonces lo hago, aunque la pregunta crítica pesa mucho dentro de mí al considerar las implicaciones del término moderación. El desafío para el cristiano que ansía tener salud es ser moderado, temperante en todo. Y, por supuesto, "regocija[rse] en el Señor" (Fil. 4:4). Y sin embargo, me enfrento a las preguntas críticas¿Qué si me regocijo en el Señor, qué si sigo una saludable dieta vegetariana, si estudio mi lección de la Escuela Sabática, si devuelvo mi diezmo y doy ofrendas, y me regocijo en el Señor, y sin embargo no obtengo una vida saludable? La pregunta crítica: ¿Regocijarse en el Señor, y obedecer todas las leyes de salud física y espiritual, da como resultado, siempre, una vida con buena salud en este mundo material?
Quiero conocer la respuesta, así que sigo entrando, más profundamente en mi propia conciencia para hallar una respuesta. Posiblemente pueda asegurarme una buena salud si logro crear "relaciones sanas" en mi vida, es decir, si es que amo a los demás y soy "hospedadora, amante de lo bueno, sobria, justa, santa y dueña de mí misma" (Tito 1:8). Me escucho a mí misma contando la historia de una dama que cierta vez conocí en el hospital. Era cristiana y agradable. Había sido bondadosa con todos los que conocía. Era voluntaria en la iglesia, era una esposa amorosa, y sus hijos la adoraban. Cuando le descubrieron un cáncer de colon, su familia oró por ella; le rogaron a Dios que la sanara. Pero ella murió. Las preguntas críticas: ¿Es que la dama no era suficientemente buena? ¿Es que no amaba a la gente lo suficiente? Incluso me pregunto a mí misma si es correcto hacer estas preguntas críticas. Estoy cansada de caminar en las aguas. Así que miro a Jesús, mi modelo, el amante de mi alma, aquél cuya identidad se resume en una sola palabra: Emmanuel: Dios con nosotrosconmigo, con usted. ¿No le hizo él una pregunta crítica al Padre en su ruego?:
Querido Padre, tú puedes hacer todas las cosas,
así que por favor quita esta copa amarga de sufrimiento
que estoy bebiendo.
Pero estoy dispuesto a hacer todo lo que quieras que haga. (Palabra clara; Marcos 14:36)
Lo que oigo en la respuesta de Jesús a esta pregunta retórica, que comienza con "Querido Padre", es lo siguiente: Aceptaré las respuestas que me des, Señor. Así es como mi alma tendrá salud y prosperará. Si soy moderada en todo, si mantengo relaciones sanas, y aún así no soy sanada por el Sanador Jesús, no me apartaré de las aguas bautismales de la fe, porque sé que "al final, lo que se perdió con la entrada del pecado, será restaurado cuando el Creador llegue a ser el Restaurador de su creación" ("La Biblia y la salud", 74). Mi fe me garantiza un lugar en la tierra nueva, porque, como dice Juan, "Bienaventurados son los que lavan sus ropas en la sangre del Cordero, para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad" (Apoc. 22:14).
"La Biblia y la salud". En verdad, las Escrituras ofrecen un paradigma bíblico para el cristiano que ansía vivir una vida con salud. Seguid teniendo certeza, porque la salud final para cada cristiano consiste en tener un lugar en el Reino de los Cielos. ¡Eso es lo que yo creo!
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