La conclusión del discurso

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 24 al 31 de marzo, 2007

por Josephine Benton
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Puede que algunos lectores recuerden la comedia de John van Druten sobre la vida en familia, Recuerdo a Mamá, donde Katrin, la hija, quería desesperadamente escribir pero no tenía éxito, hasta que Mamá le mostró un sabio pensamiento de la escritora Florence Dana Moorehead: "Nadie puede escribir bien hasta que haya sentido aquello sobre lo que quiere escribir".1

Creo que hay mucha verdad en ese pensamiento: solemos escribir mejor sobre aquello que hemos conocido o sentido. Por eso Salomón, en Eclesiastés, puede dar consejos excelentes a los jóvenes, porque él siguió los consejos de Dios y de su padre durante aquel periodo de su vida. Pero la lucha comienza cuando llega a la medianía de la vida. Es la etapa en la que se apartó gradualmente de la sabiduría que había pedido a Dios y que había recibido de Él. ¿No había sido reconocido el Predicador como la persona más sabia? Ahora, sin embargo, buscó el conocimiento sobre la base de su propio pensamiento "sabio". Así fue como se sumió cada vez más profundamente en la confusión, la frustración y la desesperación.

Eclesiastés no podría haber sido el libro del padre de Salomón. El rey David pecó, fue hecho consciente de la profundidad de su pecado por el profeta, y luego se arrepintió (Sal. 32; 51; 2 Sam. 12:13). Tropezó varias veces, pero a lo largo de su vida el rey David fue serio en su relación con Dios.

Pero Salomón, en su medianía de vida y más allá de ella, terminó dedicándose a una vida próspera desde el punto de vista financiero pero espiritualmente inútil en sus escapes autodirigidos. ¿No había dicho Dios: cuando tengas rey, él "no adquirirá para sí grandes cantidades de caballos"? (Deut. 17:16).2 Efectivamente, sin embargo la sabiduría autónoma de Salomón dice: en esta situación seguramente vamos a necesitar caballos. "Salomón tenía cuarenta mil caballos para sus carros, y doce mil jinetes" (1 Reyes 4:26). Estableció un negocio para importar y exportar caballos y carros (2 Crón. 1:17). ¿No había dicho Dios que el rey de Israel "no tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe"? (Deut 17:17). Sí, pero en esta ocasión el rey Salomón vio que casarse con las hijas de los reyes sería una manera especial de establecer relaciones con ellos, aunque fueran paganos.

Así, Salomón simplemente "amó a muchas mujeres extranjeras". Sus "esposas de estirpe real", recordamos, eran setecientas, además de sus "trescientas concubinas". ¡Piensen en el gasto que significaba tener provisiones para todas! (Esto puede tener algo que ver con los problemas de secesión después de Salomón; véase 2 Cron. 10). La predicción que Dios había hecho por medio de Moisés se cumplió: las esposas de Salomón "lo desviaron; y cuando Salomón envejeció sus esposas volvieron el corazón de él en pos de otros dioses" (1 Reyes 11:1–4).

En Eclesiastés encontramos a Salomón meditando sobre la muerte. Llega a la conclusión de que su partida no será esencialmente diferente que la de una persona de menor rango. "No podrá llevarse nada consigo"; alguien sin ningún mérito podría heredar lo que el rey había logrado acumular con toda su inteligencia. No puede ver la oscuridad de los tiempos hacia adelante para determinar el futuro (Ecles. 2:14, 18–21; 10:14). Todos estos pensamientos lo desconciertan.

En cierto momento, probablemente en su ancianidad, el rey empieza a reconocer y a aceptar ciertas verdades acerca de Dios y lo que se puede esperar de él:

Por cuanto no se ejecuta prontamente la sentencia sobre una mala obra, el corazón de la gente se llena de disposición para hacer el mal. Aunque el malvado haga el mal cien veces y prolongue sus días, yo sé que les irá mejor a los que temen a Dios, los que son reverentes en su presencia. Sin embargo, debido a que los malvados no temen a Dios, no les irá bien, y sus días, que son como sombra, no les serán prolongados. (Ecles. 8:11–13)

Con las palabras que inician el capítulo final, el Predicador amonesta a los jóvenes: "Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud". Luego, con elegante poesía, describe lo que algunos comentaristas interpretan como los efectos de la senectud, tal como los vi cuando era capellán en un hogar de ancianos: disminución de la vista, pérdida de la audición, y menos dientes para masticar los alimentos. ¡Envejecer no es una diversión! Los versículos 6 y 7 prosiguen con bellas metáforas que representan la muerte, cuando

el polvo vuelva a la tierra, de donde vino, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio. (12:7)

La declaración con la que comienza el libro se repite una vez más:

"¡Vanidad! ¡Vanidad!" dice el Predicador. "Todo es sin sentido." (12:8)

Toda la sabiduría que el Predicador buscó cuando no consultó con el Autor de la sabiduría, ha resultado vacía.

No hallamos la palabra arrepentimiento en el registro bíblico de los escritos de Salomón. No obstante, el "conocimiento" que el Predicador impartía al pueblo, los "muchos proverbios" que escudriñó y las "palabras rectas" que escribió cuidadosamente (12:9-10), según Elena de White, es la manera como el rey registra "para las generaciones ulteriores lo referente a los años que desperdició, así como las lecciones y amonestaciones que entrañaron" (Profetas y reyes, 58).

Así escribió el libro que pudo escribir, basado en su sufrimiento, amargura, alegría, y reflexiones, todo lo cual había sentido y vivido plenamente, y de lo cual extrajo, por inspiración divina, lo siguiente:

El fin del discurso es este:
Teme a Dios y guarda sus mandamientos,
porque esto es el todo del hombre.
Porque Dios traerá toda obra a juicio
juntamente con toda cosa encubierta,
sea buena o sea mala. (Ecles. 12:13–14)

Notas y referencias

1. John van Druten, I Remember Mama [Recuerdo a Mamá], en Three Comedies of American Family Life [Tres comedias de la vida familiar norteamericana] (New York: Washington Square, 1961), 93.
2. Todas las referencias bíblicas son de la Nueva Versión Internacional.

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