Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 10 al 16 de marzo, 2007
por David C. Jarnes
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
Eclesiastés 10 no menciona a Dios ni la religión. No habla de moralidad ni de lo que está bien o mal en la vida espiritual. La palabra mal aparece en este capítulo una sola vez, en el versículo 5, y allí se encuentra en paralelo con la palabra error, refiriéndose aparentemente al juicio deficiente de un gobernante. Este capítulo parece no tener un tema definido, al menos a primera vista. El encabezamiento que aparece en la Nueva Versión Estándar Revisada es "Observaciones misceláneas".1
En consecuencia, ¿cómo entendemos Eclesiastés 10?
Si bien este capítulo se refiere al mal una sola vez de manera explícita, el tema está presente en todo el capítuloasí como en todo el libro de Eclesiastés. Pero en la mayoría de los casos, el mal del que habla Koheleth en Eclesiastés no es el mal provocado por los grandes desastres naturales, como los terremotos, tsunamis, plagas, etc. Tampoco se trata del enorme mal causado por el hombre en guerras y genocidios.
Se trata, más bien, de la injusticia mundanal y de los abusos que nos hacen padecer, tal como le sucede a la mayoría de la genteel tipo de "error emanado de un gobernante" cuando éste pone a los necios en cargos altos (v. 56). Es la injusticia que vemos en la sociedad en que ivimos cuando se tergiversan los valores. El Predicador usó la imagen de los siervos que cabalgan mientras que los príncipes son dejados a pie (v. 7). Nosotros podríamos pensar, por ejemplo, en la sociedad que le paga a sus entretenedores decenas e incluso centenas de veces más que a los profesores y maestros de sus hijos.
En este capítulo el Predicador señala también que no es precisamente la maldad o la necedad de otros la que nos causa daño. Actividades inocentes, como cavar un pozo o renovar una pared, cortar piedras o partir leña, pueden encerrar un peligro (vs. 89). "La vida está expuesta a los accidentes, incluso en nuestras experiencias diarias comunes y corrientes".2
Por eso cita verdades mundanales: Atención a nuestras herramientas que nos hacen la vida más fácil (v. 10), y una onza de prevención es mejor que una libra de curación (v. 11). Cuando uno es perezoso, las cosas tienden a destruirse (v. 18). "El dinero sirve para todo" (v. 19) y, por implicación, haríamos bien en evitar las palabras y los caminos de los necios (v. 1215).
También destaca la diferencia entre los gobernantes que traen bendición a la nación y aquellos que traen maldición (vs. 1617). Estos últimos, nos dice Eclesiastés, piensan más en el provecho que pueden obtener de sus puestos que en las responsabilidades que éstos implican. No cuesta mucho pensar en estos "príncipes" en términos de las empresas de hoy y otras organizaciones, así como en los que tienen cargos políticos. Este capítulo termina con la advertencia de Koheleth sobre el peligro de quejarse en una sociedad totalitaria (v. 20).
El valor de la sabiduría que el Predicador expone en Eclesiastés 10, se debe a que capacita al lector para vivir una vida mejor –una vida más fácil y menos dolorosaaquí y ahora. Vivir con sabiduría no es garantía de que uno va a escapar del mal y no va a sufrir dolor. Es más una cuestión de probabilidades. La sabiduría ofrece la mejor vida posible en medio de las circunstancias propias y de las impredecibles vicisitudes de la vida en un mundo caído. Al fin de cuentas, sin embargo, tal como dice el Predicador,
ni es de ligeros la carrera,
ni la guerra de los fuertes,
ni aun de los sabios el pan,
ni de los prudentes las riquezas,
ni de los elocuentes el favor;
sino que el tiempo y la ocasión acontecen a todos ellos (9:11).
Es importante que nos demos cuenta de esto, si queremos evitar los chascos en la viday en nuestra relación con Dios. Vivir con sabiduría no nos da una protección completa contra las caídas y magulladurasy cosas peoresde la vida.
Por eso Koheleth aconseja que seamos moderados en todo, ¡incluso en la justicia! (Ecle. 7:1518), y que disfrutemos de la vida mientras podamos (5:1820; 9:7-10). Dice que la sabiduría es buena, pero nos advierte que si la vemos desde la perspectiva de nuestra muerte inevitable, aún la sabiduría llega a ser vanidad; no tiene sentido (2:1216). No puede extender nuestra vida más allá de los setenta u ochenta años que viviremos si somos afortunados. Y, es una lástima, Dios ha puesto una "carga" sobre la humanidad. "Él ha
puesto eternidad en el corazón de los seres humanos" (3:11).
En realidad, la mayoría de los pasajes de Eclesiastés dicen que no sabemos mucho acerca de las preguntas fundamentales de la vida (por ejemplo, 3:21; 9:1; 10:14), y lo que sí sabemos no nos hace mucho bien, de todas maneras. Su cinismo, o tal vez su claro pesimismo acerca de la vida, combinado con su perspectiva aparentemente secular, ha llevado a algunos comentaristas a señalar la posibilidad de que el libro tenga dos autores: uno que escribió las partes oscuras (en primera persona), y otro que agregó (en tercera persona) una introducción y una conclusión, usando a esta última para introducir en el libro ciertos valorespara aportar puntos positivos y espirituales.3
No sé si es necesario llegar a la conclusión de que la mayor parte del Eclesiastés no es digno del rollo en que se escribió. Los consejos acerca de cómo vivir en este mundo son valiosos. Y tiene aún mayor valor la descripción realista que hace el Predicador de nuestra situación, en vista de que no tenemos más que una vidasi este mundo fuera lo único que existe. En ese caso, la vida es esencialmente vacía de sentido. Koheleth lo sabía. Y quería que también lo supiéramos. Es por eso que concluyó su libro con un recordativo de la perspectiva mayor.
El apóstol Pablo concordaba con esta perspectiva. Él dijo: "Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos" (1 Cor. 15:32). Y antes, en el mismo capítulo, dijo: "Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres" (v. 19). "Pero", continuó diciendo, "Cristo en verdad ha resucitado de los muertos"y esto nos da esperanza, hace que nuestras vidas tengan sentido, porque "él es las primicias de los que durmieron" (v. 20, énfasis agregado). No quiero decir que nuestra vida tiene más sentido simplemente por tener el potencial de existir para siempre. Creo que el sentido se debe al hecho que existe Alguien que se preocupa por nosotros, haciendo lo suficiente y necesario para preservar nuestra vida eternamentey que tenía un propósito en mente cuando nos creó. Lo que da sentido a nuestras vidas es que se cumpla el propósito que Dios tenía para nosotros.
Y no tan sólo nos da sentido, sino que también nos proporciona gozo.
1. George Aaron Barton (The Book of Eclesiastés [El libro de Eclesiastés], International Critical Commentary [Comentario Crítico Internacional], [New York: Charles Scribners Sons, 1909], 169ff) sugiere que originalmente Eclesiastés 10 tenía un tema unificador: "nuestra conducta ante los gobernantes" (véase vs. 47, 14b, 16, 17, 20). Barton considera que los versículos 13 pertenecen al capítulo 9, y que los demás versículos se relacionan con el tema como interpolaciones de un editor posterior. Creo que podríamos extraer del capítulo otro tema más: el de la sabiduría aplicada. Quizás, entonces, lo que se considera "interpolaciones" son simplemente extensiones de los consejos del Koheleth con respecto a la realeza.
Pasando a otro asunto, Barton y otros comentaristas fechan el Eclesiastés en la época de los seléucidas, un par de siglos antes de Cristo. Pero los consejos con respecto a la conducta que se debe observar ante los gobernantes parecen más apropiados si se dirigen a los súbditos del rey de Israel en vez de a judíos sujetos al dominio de reyes paganos extranjeros. Esta última situación debería suscitar quejas mucho más fuertes que las que aparecen Eclesiastés 10.
2. Tremper Longman III, The Book of Ecclesiastes [El Libro de Eclesiastés], The New International Commentary on the Old Testament [El Nuevo Comentario Internacional del Antiguo Testamento], (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans, 1998), 244.
3. Véase, por ejemplo, ibid., 2 ss.
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