Cinco reglas para vivir con la injusticia
(Todo lo que te viniere a la mano para hacer)


Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 3 al 9 de marzo, 2007

por Glen Greenwalt
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Si el libro de Eclesiastés le deprime, y el escritor le parece un quejoso inútil, como alguien me dijo, entonces es posible que la vida sea bastante buena, porque usted es inmune—por cualquier razón—a las tristezas y tribulaciones que muchos experimentan. Sin embargo, si usted está luchando con una situación injusta o con un dolor insoportable, en el cual usted ha sufrido lo indecible en tanto que el agresor ha quedado libre con poco más que un golpe en la muñeca, o si usted está sufriendo dolores inmensos que los médicos no pueden aliviar—es decir, el tipo de experiencias que los consejeros escuchan casi diariamente—entonces Eclesiastés inevitablemente lo va a reconfortar.

Pero no sólo los melancólicos aprecian el libro de Eclesiastés, porque éste sigue una trayectoria inversa a la cantidad de adversidad que uno haya encontrado en la vida o que sea capaz de empatizar.

Sea como fuere, ya sea que a usted sólo le queda una hebra de esperanza, o bien quiere ayudar a alguien que se encuentra en esa condición, el escritor de Eclesiastés ofrece cinco reglas para vivir con la injusticia.

1. "Nadie puede entender lo que Dios hace aquí en la tierra" (Ecles. 8:17).

Lo que menos necesita cualquier persona que sufre es una explicación de por qué está sufriendo. Las explicaciones tratan de hacer que las cosas sean razonables y por lo tanto aceptables—que es lo último que una persona quiere oír cuando está padeciendo un dolor real. Agregar a Dios a esta situación sólo empeora las cosas, porque sugiere que no sólo vivimos en un mundo de causa-y-efecto, de acción y reacción, en el que lo malo ocurre simplemente como parte de la naturaleza de las cosas sino que, en el fondo, Dios estima adecuado que sucedan cosas abominables. El sufrimiento es la contraparte natural del pecado—y todos somos pecadores, al fin de cuentas.

Si usted está sufriendo y cree en esto, recuerde la regla número 1: Nadie puede entender lo que Dios hace aquí en la tierra. Mi propia lectura de la Biblia ofrece poca explicación para el sufrimiento y el dolor que la gente experimenta en la vida. Job, los salmistas, Habacuc, Juan Bautista, e incluso Jesús clamaron en busca de una respuesta pero nunca recibieron una—o tal vez fue una respuesta indirecta, en el mejor de los casos.

El clamor de queja es hecho en el nombre de un orden superior del bien, por lo tanto la queja radical contra el sufrimiento y el dolor injustificados sólo se puede hacer en el nombre de un bien que no existe en ningún lugar de este mundo. Así que mientras más fuerte sea la queja, más alto debe ser el bien, hasta que las quejas nos lleven a un Bien perfecto, que no es sino otro nombre de Dios. No podemos entender lo que Dios hace en la tierra, pero una cosa es segura: dondequiera Dios se revele, siempre está de parte de las viudas y los huérfanos, de los pobres y oprimidos, de los que sufren y llevan pesadas cargas.

2. "Tanto lo bueno como lo malo acontecen a todos" (Ecles. 9:2).

La mayoría de nosotros supone que el mundo físico se rige por la ley de causa-y-efecto, acción y reacción. No esperamos que nuestra taza de café flote escapándose de nuestro escritorio cuando estamos sentados escribiendo en nuestra computadora, pero no nos sorprendemos si la taza salta cuando el avión en el que volamos entra en una zona de turbulencias. Comprendemos las leyes que gobiernan el movimiento de los objetos.

De modo semejante, nos quedamos atónitos cuando un amigo sereno y de buenos modales se pone frenético, y nos preguntamos qué habrá producido dicho cambio. Las cosas no suceden sin ninguna razón. Pero cuando observamos el mundo moral, hallamos un cuadro muy diferente. Tanto el bien como el mal ocurren "a aquellos que ofrecen sacrificios y a aquellos que no lo hacen. Las mismas cosas suceden al que hace una promesa a Dios como al que no la hace".

El necio aprende de esto que, si hacer el bien no sirve necesariamente de provecho, entonces ¿por qué hacerlo… De esa manera piensan los necios. La lección que aprende el sabio es que lo que nos sucede no es un indicio directo de si estamos bien o mal. El solo hecho de que las cosas no nos salgan bien, no es un indicio de que somos malos. De modo similar, el solo hecho de que todo ande bien, no es una señal de que somos buenos. Hacer el bien no está basado en premios y castigos. La única razón para hacer el bien es porque es bueno. Así piensa el sabio.

3. "Mejor es un perro vivo que un león muerto" (Ecles. 9:4).

Esta es una regla para días muy malos. Lo bueno de tener un mal día es que usted todavía está vivo; así que se puede tener malos días. "Los que viven saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni tienen más recompensa, porque la gente los olvida" (Ecles. 9:5). Por eso, la próxima vez que tenga un día muy malo, repita una y otra vez la regla número 3. "Un perro vivo es mejor que un león muerto,…aún un perro vivo está mejor que un león muerto,…aún un perro vivo está mejor que un león muerto",…y su día se convertirá decididamente en algo mejor.

Todos hacemos comparaciones cuando las cosas no nos están saliendo bien. Sin embargo, la próxima vez que le vaya mal, no compare su vida con la de un amigo, y ni siquiera con la de un enemigo afortunado. Compare su vida con la condición de la persona más estimada por usted pero que ha fallecido, y pregúntese entonces si le gustaría intercambiar lugares. Lo más probable es que su día le parecerá mejor.

4. "Después que una persona ha muerto, ya no puede tener amor, ni odio, ni envidia. Y nunca más tendrá parte en todo lo que se hace debajo del sol. Así que anda, y come tu pan con gozo. Bebe tu vino con alegre corazón. Porque esto es agradable delante de Dios. Ponte ropa bonita y preocúpate de lucir bien. Goza de la vida con tu esposa, a la que amas. Goza todos los días de esta corta vida que Dios te ha dado aquí en la tierra".

A primera vista esto se parece mucho a la filosofía secular –come, bebe, y alégrate, porque mañana morirás. Pero en verdad el tono del Eclesiastés es muy diferente. El foco de la regla 4 está en poner atención en las cosas buenas de la vida, y no en aturdir la mente en un estado de indiferencia ante la muerte. El escritor de Eclesiastés nos está diciendo lo mismo que los expertos en salud mental: la mayoría de los trastornos mentales se deben al pasado o al futuro.

Si queremos ser felices, necesitamos enfocarnos en el momento presente. Necesitamos vivir en el ahora. Necesitamos disfrutar las cosas buenas que experimentamos en la vida diaria. Tratar de dejar de preocuparnos sólo intensifica la preocupación. Sólo el gozo derrota a la preocupación y a la pena. Así que anda, come tu comida y disfrútala. Bebe tu vino y sé feliz. Ponte ropa bonita y haz que luzcas bien. Disfruta de la vida con la mujer que amas. Dios aprueba que hagas esto.

5. "Los ligeros no siempre ganan la carrera. El ejército fuerte no siempre gana la batalla. El sabio no siempre tiene alimento. El hombre prudente no siempre obtiene riquezas. Y el hombre elocuente no siempre recibe favores". Con todo, "las palabras del sabio escuchadas en quietud son mejores que los gritos de un gobernante necio. La sabiduría es mejor que las armas de guerra. Pero un pecador puede destruir mucho bien" (Ecles. 9:11–18).

John F. Kennedy estaba en lo correcto cuando decía que la vida no es justa. Sin embargo, algunas cosas de la vida son mejores que otras. En cierta ciudad había un sabio que empleó su sabiduría para defender la ciudad contra un gran rey que la asediaba, sólo para que después todos los habitantes de la ciudad lo olvidaran. No obstante es mejor ser sabio que ser necio. Cualquier necio puede destruir mucho bien. Pero sólo el sabio preserva el bien, aunque a veces sea a costa de sacrificio propio y con la indiferencia de los demás. ¿Y cuál es su recompensa?… Es la recompensa de ser sabio.

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