Perseguir el viento

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 10 al 16 de febrero, 2007

por Richard E. Kuykendall
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Entre los judíos existe una antigua tradición que dice que Salomón escribió el Cantar de los Cantares cuando era joven, los Proverbios cuando estaba en su medianía de edad, y Eclesiastés cuando ya era viejo. Esto se sustenta en que el Cantar de los Cantares está lleno de optimismo juvenil, en tanto que el Eclesiastés da la impresión de que su autor estaba aburrido y abrumado por un sentido de futilidad de la vida.

Ciertas frases como "esto es vanidad y aflicción de espíritu" hacen que eso parezca correcto. En la Nueva Versión Estándar Revisada [en lengua inglesa] la frase citada aparece siete veces, junto a otras dos variantes.1 En su libro Profetas y reyes, Elena de White dice: "Por inspiración divina, el rey escribió para las generaciones ulteriores lo referente a los años que perdió, así como las lecciones y amonestaciones que entrañaron" (58). Así es como Eclesiastés ofrece lecciones de advertencia sobre los excesos en la vida—excesos de placer, de riquezas, y aún de conocimientos.

En el capítulo seis, el autor habla del "mal" que ha visto (y muy probablemente ha experimentado) "debajo del sol"—que aquellos a quienes Dios ha dado riquezas, posesiones y honores, terminan viendo que otros disfrutan de ellos. Esto se debe a que "no se pueden llevar estas cosas". Esto, dice el autor, es "vanidad, y mal doloroso".

Además de todo esto, el escritor dice que si un hombre engendrara cien hijos—lo que probablemente era su caso (1 Reyes 11:3) ya que tuvo mil mujeres, entre esposas y concubinas—y su alma no se saciara con las cosas buenas de la vida, entonces un abortivo es mejor que él.

"Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su deseo no se sacia" (6:7); y aún más, el "deseo que pasa" es también "vanidad y aflicción de espíritu" (6:9). Estas frases, "su deseo no se sacia", y "deseo que pasa", nos hacen recordar lo que se conoce como las Cuatro Nobles Verdades del Budismo.2

Siddhartha Gautama, que vivió unos cuatrocientos años después que Salomón, fue también hijo de un rey. Siddhartha fue criado en un palacio, dentro del actual territorio de Nepal, cerca del límite con la India. Cuando tenía poco más de veinte años se sintió descontento y abandonó el palacio en busca de la Verdad. Después de practicar el ascetismo durante seis años, se convenció de que éste era inútil, llegando por fin a lo que llamó "la vía media" entre los excesos y la vida ascética.

Siddhartha comprendió que la vida está llena de sufrimientos, y que la causa de éstos es el deseo y el apetito ignorantes. Estas ideas constituyeron las primeras dos de las Cuatro Nobles Verdades. Al hacer este descubrimiento, se dice que Siddhartha fue "iluminado" para captar el verdadero sentido de la vida. El título "Buda" significa "el Iluminado".

Tanto el Buda como Salomón llegaron a un punto en sus vidas cuando comprendieron la futilidad del deseo y los apetitos ignorantes. Se dieron cuenta de que buscar la satisfacción de los deseos es como "perseguir el viento". Al final del capítulo seis, Salomón pregunta: "¿Quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra?" Según el Buda, es bueno que los mortales sigan lo que en el budismo se llama el Óctuplo Sendero. Éste es un emprendimiento que vale la pena. De manera similar, Salomón evitó el mero pesimismo, como se aprecia en su consejo final: "Teme a Dios—nos dice—y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre" (12:13).

Después Jesús reflejaría este mismo tema: " ’Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente’. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante: ’Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas" (Mat. 22:37–39). En vista de la futilidad o vanidad de la existencia humana, lo que importa es cómo vivimos nuestras vidas.

Hace años, cuando comencé mi ministerio, era pastor de una iglesia grande. En cierta ocasión recuerdo haber hecho la siguiente pregunta a los jóvenes: "Si no hubiera Cielo, de manera que al morir sólo nos quedáramos en la tumba, ¿qué cosa diferente harías en tu vida?" ¡Los jóvenes dijeron que irían a fiestas!

Mi respuesta fue que si la única razón para vivir de buena manera es la recompensa futura, probablemente uno no está viviendo la vida por la razón correcta. Les dije que aún si no existiera el Cielo, yo igual viviría mi vida exactamente como lo hago hora, porque creo que esa es la forma correcta de hacerlo. Como diría el Eclesiastés: "Asómbrate delante de Dios, y guarda sus mandamientos; porque ese es el deber total de todo el mundo".

Así que la manera cómo vivimos nuestras vidas es algo importante.

Notas y referencias

1. Eclesiastés 1:14; 2:11, 17, 26; 4:4, 16; 6:9. [Nota del traductor: En estos siete versículos, la versión inglesa citada traduce "perseguir el viento", en vez de "aflicción de espíritu"]. En 1:17 dice simplemente "aflicción de espíritu", y en 5:16 leemos "es un gran mal".
2. Huston Smith, The World’s Religions (San Francisco: HarperSanFrancisco, 1991), 82–112.

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