El camino más seguro al Infierno
(El surgimiento y la caída de la Casa de Salomón)

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 30 de diciembre de 2006 al 5 de enero de 2007

por Ron E. M. Clouzet
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

El único gran sermón que he escuchado sobre un libro completo de la Biblia fue el que Haddon Robinson predicó en Vancouver hace tres años. Robinson, decano de la predicación expositiva en los Estados Unidos, se paseó por Eclesiastés, del capítulo 1 al 12, en unos treinta y cinco minutos. Nunca olvidaré la esencia de su mensaje: "Dios no nos dará explicaciones, sino que se nos dará él mismo. Esta es la razón por la que podemos confiar en aquello que no podemos probar; por eso podemos caminar sin ver; y podemos soportar lo que no podemos entender" 1

Robinson reflejó adecuadamente el estado de ánimo resignado de un anciano que había sido reconocido como el más poderoso del mundo. Aunque Salomón había empezado bien, en verdad muy bien (ver 1 Reyes 4:21–25, 29–34), en la medianía de su vida cambió la obediencia a Jehová de sus primeros años por una actitud adolescente de codicia y de amor a la vida fácil, convirtiendo sus años seniles en nada más que "vanidad". Escribió los Proverbios cuando era un vigoroso y lúcido servidor de Dios. El libro de Eclesastés fue una especie de testamento que contiene la voluntad final de un hombre que hizo todo lo que quiso y después lo lamentó, y que completó el círculo para vivir sus últimos días en completa sumisión a Aquél que le había dado todo lo bueno de su vida.

¿Qué le pasó a Salomón? ¿Cómo pudo un hombre de inteligencia extraordinaria, de sabiduría casi divina, y de tremenda habilidad para gobernar a su pueblo, caer tan bajo como para permitir que se construyeran altares al dios Quemos a unos pocos metros del templo de Jehová (1 Reyes 11:7–8)? ¿Cómo pudo ese hombre que se hizo famoso en todo el mundo por devolverle su bebé indefenso a una madre desesperada (1 Reyes 3:16–28) apoyar ahora, tácitamente, que los niños fueran entregados como ofrendas quemadas al dios Moloc?

Los capítulos de Profetas y Reyes en los que Elena de White escribió sobre la caída de la Casa de Salomón son tan tristes como reveladores. Podemos ver con facilidad siete pasos mortales y descendentes:

  1. Alianzas de buena voluntad. Originalmente, las alianzas políticas de Salomón no tenían el propósito de obtener ventajas comerciales sino el de "traer a esas naciones al conocimiento del Dios verdadero" (54). Este objetivo era noble, en verdad, y funcionó con su primera esposa extranjera que, a su vez, "se convirtió y se unió con él en la adoración del Dios verdadero" (53). Sin embargo, Dios había prohibido a los israelitas que hicieran esto (Deut. 7:1–6).
  2. Riqueza en aumento. Estas alianzas le dieron a Salomón "renombre, honores, y las riquezas de este mundo" (53). Nuevamente, Dios le había prometido honor y riquezas cuando Salomón pidió sabiduría por primera vez (1 Reyes 3:6–13), y podría haber razonado que Dios estaba cumpliendo su promesa. Pero Salomón fue negligente. La riqueza trae sus propias tentaciones, que incluyen el orgullo, y la sensación de poder. La gente trata de manera diferente a los que tienen riquezas y poder reconocidos. Esto hace que los ricos se envanezcan y queden, así, vulnerables a caer en la auto-suficiencia.
  3. Satisfacción del egoísmo. En el momento de construir el templo, Salomón contrartó a Hiram, un pagano, debido a su asombrosa habilidad, olvidándose de que Moisés había contratado a israelitas, a quienes Dios había capacitado para trabajar en el tabernáculo. Salomón le pagó a Hiram lo que pidió, para apaciguar su egoísmo. Habría sido difícil decir que no a otros cuando él mismo no lo había hecho. Esta generosidad creó la ambición entre los que estaban más cerca del rey, y se extendió. Sus errores personales ahora se multiplicaron a través de toda la nación.
  4. Aceptación de la adulación. Tan opulento llegó a ser su reino que aún el templo de Dios se hizo conocido como el "templo de Salomón" y no como el templo de Jehová. "Finalmente permitió que la gente hablara de él como el más digno de alabanza" (68), olvidando que toda su grandeza se debía al Dios de los cielos.
  5. Ambición no santificada. Finalmente, una gran cabeza necesita un gran marco para sostenerla. Ya que era considerado como el más grande, !por qué no superar a las demás naciones en todo! Desarrolló "un desmedido deseo de superar a las naciones en un despliegue externo.…[Glorificándose] a sí mismo ante el mundo, vendió su honor y su integridad" (55).
  6. Crueldad y tiranía. Las riquezas, junto a una sensación de omnipotencia y a hábitos egoístas llevaron a Salomón a establecer, finalmente, un sistema de impuestos para proyectos innecesarios pero que reflejaban los valores de los poderosos entre los paganos. "Se convirtió en un tirano. Había sido compasivo en otro tiempo, un guardián del pueblo, temeroso de Dios, pero ahora llegó a ser opresivo y despótico" (56).
  7. Lujuria e idolatría. Esto llegó a ser inevitable debido a los pasos precedentes. La lujuria es, simplemente, una manera inmoral de controlar a las personas del sexo opuesto, en este caso. Salomón "amó a muchas mujeres extranjeras,…a setecientas esposas, princesas, y a trescientas concubinas; y sus esposas volvieron el corazón de Salomón…en pos de otros dioses" (1 Reyes 11:1–4).

¿En qué punto de esta lista pasó Salomón de coquetear con el pecado a caer plenamente en él? En el primero. Las buenas intenciones no justifican la desobediencia. El mal no perdona, aunque Dios no sea así. Las elecciones que hacemos siempre traen consecuencias. Siempre.

C. S. Lewis describió muy bien el camino casi imperceptible hacia la perdición cuando escribió: "No importa cuán pequeños sean los pecados si sus efectos acumulativos apartan al hombre de la Luz para sumirlo en la Nada. El asesinato no es mejor que las cartas, si éstas son capaces de hacer el truco. El camino más seguro hacia el Infierno es el camino gradual—la bajada suave, cómoda para los pies, sin giros repentinos, sin señales ni carteles".2 El problema no es la maldad abierta. El problema es aceptar una mezcla de bondad y maldad. Comenzando sólo de a poquito, este cáncer desarrolla una vida propia y se transforma en un pulpo que sobrepasa, eventualmente, a toda buena intención. La gente queda preguntándose: "¿Cómo llegué a esto? ¿Qué fue lo que me pasó?

Eclesiastés es un intento sesudo y urgente, en un momento de lucidez espiritual renovada, para ayudar a los jóvenes a reconocer que harían bien en acordarse de su Creador entonces, y no esperar hasta que "vengan los días malos", cuando tantos mayores viven lamentándose (Ecl. 12:1). Más aún, es un sermón salido del corazón de un hombre que ha hecho de todo, lo bueno y lo malo, dirigido a los adultos de todas las edades para llamarlos a hacer una sola cosa: "Teme a Dios y guarda sus mandamientos…porque Dios traerá toda obra a juicio, todas las cosas ocultas, sean buenas o sean malas" (Ecl. 12:13–14),

Así que aférrate a Dios para tener vida. Es todo lo que tienes. Cualquier otra cosa te traerá la ruina.

Notas de referencia

1. Predicado el 17 de Octubre de 2003, como discurso principal de la Sociedad Evangélica de Homilética, cerca de Vancouver, Canadá.
2. The Screwtape Letters (San Francisco: Harper San Francisco, 2001), 61, 62.

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