Caída, corrección y rescate: un diluvio de preguntas
(Destrucción y renovación)


Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 28 de octubre al 3 de noviembre, 2006

por Douglas R. Clark
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Un diluvio de preguntas nos confronta en la Historia del Diluvio del Génesis. Los intentos del mundo occidental moderno de leer el relato de Génesis 6–9 con sentido, basándonos en preguntas que traemos al texto, nos han llevado en varias direcciones. Hemos explorado los campos científicos de la geología, de la física, de la biología y la química; las disciplinas literarias del análisis narrativo y poético; los debates históricos acerca de la cronología y la arqueología; las investigaciones textuales de lo que parecieran ser dos historias separadas en sus orígenes y que luego fueron entremezcladas como si fueran una sola por un editor inspirado; esquemas globales de catastrofismo y uniformismo; el campo intelectual de la fe y la enseñanza; y los ámbitos teológicos del pecado, el castigo y la gracia.

Sin tratar de evitar las aguas profundas que algunos de estos asuntos implican, quiero prestar atención al contexto literario de la narración, lo cual podría ayudarnos a entender y a apreciar lo que los primeros oyentes y lectores deben haber sentido, así como la manera en que esta narración les dio esperanza.

Génesis 6–9 forma parte de lo que los eruditos llaman "el prólogo primitivo", Génesis 1–11, con su perspectiva universal y su sabor "prehistórico" que difiere un tanto de lo que sigue a partir de Génesis 12. La sección de Génesis 1–11 es una colección notable de relatos sobre los orígenes divinos de la tierra, y sobre la fe y los defectos humanos. Esta sección presenta cinco ciclos, en los cuales hay una caída, una corrección, y un rescate por gracia; el cuarto de esos ciclos es la Historia del Diluvio. Los ciclos se pueden representar de la siguiente manera:

  1. Adán y Eva en Génesis 3. Todo era "muy bueno" hasta que Adán y Eva cayeron bajo la tentación de la arrogancia frente al mandato divino del árbol prohibido. La medida correctiva consistía en la muerte, el mismo día en que comieran del fruto, pero Dios intervino bondadosamente rescatando a la pareja sólo por causa de su gracia.
  2. Caín y Abel en Génesis 4:1–16. Caín sucumbió ante la áspera decisión de asesinar a su hermano, una acción que no recibió el castigo de "vida por vida" como habríamos esperado, sino el del trabajo duro y el exilio al este del Edén. Dios protegió la vida de Caín por su gracia, mediante una marca visible, permitiéndole casarse y formar una familia.
  3. Lamec y sus esposas en Génesis 4:23–24. Aunque el ciclo de caída, corrección y rescate se desarrolla aquí de una manera solamente parcial, Lamec crece en arrogancia, apropiándose del derecho de asesinar a un hombre en venganza por una herida, violando también de esa manera el principio de "miembro por miembro". En este ciclo no hay expresiones de castigo ni intervención de gracia.
  4. Noé y el diluvio en Génesis 6–9. Debido a la desastrosa caída de los seres humanos en la degradación moral, Dios responde con una inundación gigantesca cuyo objetivo es hacer desparecer a todos los vivientes. Sólo la intervención de la gracia salva a personas y animales en el arca, y Dios promete no volver a repetir una acto como éste—nunca más.
  5. La torre de Babel en Génesis 11. Otra vez la arrogancia aparece en la caída de los seres humanos, que tratan de alcanzar los cielos. Dios confunde sus lenguas impidiendo de esa manera la prosecución del trabajo de construcción de la torre así como de la insolencia que ella representa. La gracia no se ve tanto en esta narrativa, sino en la siguiente aparición de Abraham, en Génesis 12.

La Historia del Diluvio no se desarrolla, por esto, en un vacío. En su contexto, esta historia representa un aumento en la intensidad de la caída de los seres humanos, hasta el punto en que son atrapados en una tormenta de maldad y culpabilidad. Refleja un aumento del castigo correctivo mediante la sepultura en el agua de todo lo que los humanos conocen. También representa un aumento del favor divino que, movido sólo por la gracia, rescata, redime y recupera a la humanidad y al mundo.

Aunque está en cuarto lugar entre los cinco ciclos de destrucción y renovación, el diluvio parece ser el más importante. Incluso las genealogías de Génesis 5 y 11 colocan al diluvio en el centro de la historia conocida hasta entonces, y esto es así en las tres fuentes textuales principales (el texto Masorético [en hebreo], el Pentateuco Samaritano [también en hebreo], y la Septuaginta [en griego]); sólo difieren en la cantidad de años asignados en diferentes lugares.

Todo esto, junto con el antiguo temor a las aguas sin control—una aprensión mitológica profundamente arraigada sobre monstruos marinos que luchan en un caos abismal—contribuye a la inquietud protagónica que esta historia generaba en su auditorio original.

La caída antes del diluvio. La naturaleza de la caída de los seres humanos en la Historia del Diluvio es compleja y multifacética. Por una parte, Génesis 6:1–4 habla de los "hijos de Dios" (los b’nay elohim) que se llegaron a las hijas de los hombres, relacionadas de alguna manera con los "nefilim" (los caídos) que merodeaban en la tierra. ¿Son los hijos de Dios descendientes biológicos de Set, como algunos han argumentado, o son seres celestiales?

No existe un precedente exegético en el Antiguo Testamento para que veamos a los hijos de Dios como seres humanos, ya que todas las otras referencias a los b’nay elohim se refieren a seres angelicales (ej., Job 1:6; 2:1; 38:7; Sal. 29:1; cf., Sal. 82). Interpretaciones bíblicas y no bíblicas posteriores optan claramente por personajes celestiales que, nacidos de padres angelicales y humanos, hostilizan a los creyentes que intentan vivir vidas buenas (véase 1 Ped. 3:18–22; Judas 6–7; y muchos pasajes en los libros apócrifos y pseudo epigráficos).

Pero Génesis 6 continúa con otras acusaciones contra la humanidad, en dos versiones que dan un nombre diferente a Dios. En primer lugar, los versículos 5-8 describen al "Señor" y a la inmensa maldad humana que el Señor contempla, y su lamento por haber creado a los seres humanos. Los versículos 11–13 describen la corrupción humana y la violencia que "Dios" observa en toda la tierra.

Corrección por medio del diluvio. Los habitantes de la tierra experimentan una inédita prueba por medio del agua. Amenazadas por la extinción total, toda la flora y la fauna terrenales son virtualmente barridas al caer las lluvias y subir las aguas en un violento torbellino, digamos, de proporciones bíblicas. Parece que todo se extinguirá bajo las aguas. Ninguna vida terrestre podría sobrevivir a este fiero ataque de las aguas, el viento y las olas. La tierra gime, se ahoga y hace gárgaras, hundiéndose bajo la superficie de mareas tumultuosas y remolinos que giran con violencia. Nada ocurrido hasta entonces es comparable a este suceso. Nunca se ha visto nada semejante.

Rescate del diluvio. Pero hay esperanza, al igual que en las historias de Adán y Eva, y Caín. Y aparece, otra vez, de manera sorpresiva y mayormente sin justificación humana. Por razones que desconocemos, "Noé halló gracia a los ojos del Señor", "Dios se acordó de Noé". La gracia surge con la forma de una embarcación y de instrucciones para construirla y tripularla, y para distribuir a bordo a sus ocupantes. Es una embarcación que rescata a parejas de todos los seres vivientes, que los protege durante la larga tormenta y que los entrega con seguridad al final del viaje agotador. Después, el Señor promete: "No volveré más a destruir todo ser viviente" (8:21); Dios se compromete a no exterminar "ya más toda carne con aguas de diluvio para destruir la tierra" (9:11).

De esta manera, la historia de Génesis 1–11 sobre la interacción de Dios con el mundo que ha creado, incluye repetidos ejemplos de caída moral y de renovadas medidas correctivas. Sin embargo, en la mayoría de los casos la gracia sobrepuja al desafío, inundando todo lo que se halla en su camino. Esto es aún más notorio en la Historia del Diluvio, donde la gracia inunda a todos los seres vivientes y a todos los creyentes mucho más que las profundas y peligrosas aguas del diluvio. Si bien en esta historia nos encontramos con un diluvio de preguntas, hay algo que es muy claro: al final, somos inundados por la gracia.

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