Una serpiente, un árbol y una mentira
(El paraíso perdido)


Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 21 al 27 de octubre, 2006

por Jean Sheldon
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

En el poema épico mesopotámico de Gilgamesh, hay una historia que incluye a una serpiente y a una planta. Gilgamesh pierde a su mejor amigo, Enkidu, quien muere y deja sumido a Gilgamesh en la pena y en el miedo que le produce su propia condición mortal. En el afán de encontrar la inmortalidad, viaja hasta la casa del Noé babilónico, Utnapishtim, quien revela el secreto de los dioses antes de que Gilgamesh comience el viaje: Se trata de una planta marina que tiene propiedades regenerativas como para hacer rejuvenecer a los ancianos.

Gilgamesh vuelve a casa con la preciosa planta, pensando en su uso y en su poder revitalizador. Planea dársela a uno de los ancianos para que la coma. A poco andar, se detiene para pasar la noche. Al ver una piscina de agua fresca, deja la planta a un lado y toma un baño. En esas circunstancias, una serpiente se acerca silenciosamente a la planta y se la lleva. Lleno de pesar, Gilgamesh se da cuenta de que ha perdido la oportunidad de obtener la perpetua juventud.

Al igual que en la historia de Génesis 3, una serpiente es responsable de la pérdida de acceso a la inmortalidad que podría haberse obtenido por medio de una planta. En la historia bíblica, la planta es el Árbol de la Vida que Dios protege con una espada flameante y un querubín, después de haber expulsado a los primeros seres humanos de su hogar original. Así como Gilgamesh se descuidó con la planta, la mujer y el hombre de Génesis 3 descuidadamente no prestaron oídos a la advertencia divina de que comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal les acarrearía la muerte.

Existen importantes diferencias entre estas dos historias. A diferencia de Gilgamesh, que trata de evitar la muerte, la mujer y el hombre de la Biblia comienzan su vida en un estado de inmortalidad. Ellos no temen la muerte ni necesitan buscar un medio para escapar de ella. En tanto que Gilgamesh debe proteger su alimento vegetal de ataques externos, la mujer y el hombre bíblicos no deben comer del fruto de un árbol específico. Finalmente, a diferencia de Gilgamesh, que sólo es descuidado, la mujer es abordada por la serpiente, que la engaña diciéndole lo contrario de lo que Dios había dicho.

La parte de la historia bíblica que a menudo pasamos por alto es en verdad la más importante y central: la conversación entre la serpiente y la mujer. A diferencia de la serpiente del poema de Gilgamesh, cuyo robo es silencioso, la serpiente bíblica se introduce en la mente de la mujer con palabras planeadas para debilitar su confianza en Dios. En primer lugar, cuestiona la advertencia de Dios de manera tal que sugiere una ambigüedad: "¿Dijo Dios que no comieras de ninguno de los árboles del huerto?" Esta pregunta abierta invita a una respuesta, y la mujer de inmediato intentó defender a Dios. En el proceso, la advertencia original es transformada en algo así como una amenaza—una distorsión que a la serpiente le sirve demasiado. Hace una declaración que se opone completamente a la advertencia de Dios: "No morirás".

Uno no puede quedarse con las dos cosas. Las declaraciones "ciertamente morirás" y "ciertamente no morirás", no pueden ser ambas verdaderas. Dios o la serpiente, uno de los dos está mintiendo. Y esto mismo sugiere que uno de los dos no merece confianza. Una de las bases principales para que haya relaciones saludables es poder confiar en el compañero de la relación. Cuando descubrimos que alguien miente, nuestra relación cambia, y surgen la sospecha y la desconfianza. Si la mujer le cree a la serpiente, entonces desconfiará de su Creador.

La serpiente continúa, compartiendo cierta información secreta (a semejanza de Utnapishtim que comparte con Gilgamesh el secreto de los dioses): "Porque Dios sabe que si coméis, se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" (Gén. 3:5). Las implicancias de este ataque final de la serpiente aumentan la posibilidad de que las relaciones entre los seres humanos y Dios se deterioren más: Dios es egoísta al esconder este conocimiento de vosotros; al hacerlo así, él adquiere poder sobre vosotros, y la mejor manera de evitar que él abuse de vosotros es que desafiéis sus mandamientos.

Una lectura superficial de Génesis 3, hace de la desobediencia la esencia de la caída. Pero si profundizamos en los estratos de la narración, podemos ver que toda ella tiene que ver con el asunto de las relaciones. Si creemos en una mentira acerca de alguien, ya sea un amigo, vecino, o Dios, vamos a cambiar la manera de relacionarnos con esa persona. Nosotros mismos cambiamos, adoptando actitudes hirientes y ciertas conductas que responden a lo que hemos percibido como una falta de confiabilidad en el otro.

Muchos de los ingredientes de una relación no saludable se pueden encontrar en las repuestas de la mujer y del hombre después de haber comido del fruto, que simboliza el haber aceptado los argumentos de la serpiente acerca de Dios. Cuando Dios los busca, huyen de él llenos de miedo. Ya no tienen confianza en él y lo perciben como alguien que quiere causarles daño. Descubren que están desnudos—ahora vulnerables a la manipulación y a una desconfianza sin fundamento. En el texto de la narración, existe un juego de palabras entre desnudo y subversivo (calificando a la serpiente). La sugerencia es que la serpiente habría usado su complot para despojar a los primeros seres humanos de su auto-estima, individualidad, identidad, y de su vida misma.

De este modo, lo que sucede en el relato de Génesis 3 es mucho más que un mero fracaso en la obediencia. Las vidas son cambiadas para siempre. La realidad es tergiversada y pervertida. El pecado tiene que ver con nuestra manera de pensar, y no simplemente con lo que hacemos. Una vez que han sido capturados en la red del engaño, los primeros seres humanos le echan la culpa a otros por las decisiones que tomaron. Tratan de ocultar su vergüenza y su desnudez debajo de algo fabricado por ellos mismos.

Cuando Dios llega hasta donde ellos están, trabaja allí mismo con ellos. No toma en cuenta sus acusaciones, ni se las presenta a ellos mismos. Por el contrario, maldice a la serpiente en vez de poner la maldición sobre ellos. Lo que Dios anuncia para el futuro de la mujer y del varón, es el resultado de los cambios que se operan en el ser humano por causa del conocimiento del bien y del mal. Las consecuencias de haber desconfiado de Dios, se verán reflejadas en la dolorosa procreación de nuevas vidas, en el arduo trabajo para obtener alimento, y en las relaciones perturbadas entre las mujeres y los hombres. La primera mujer y el primer varón crearán dos nuevas vidas, que mostrarán en sus relaciones mutuas los mismos principios de manipulación, desconfianza, y culpabilización falsa, que llegarán hasta el punto en que se produzca el asesinato y la muerte.

Gilgamesh llora amargamente después que es despojado de la planta por la serpiente. Al final, desiste de su búsqueda de la inmortalidad y regresa a su casa. Al llegar a Uruk, busca gratificación en examinar los muros de la ciudad, sus cimientos, y su tamaño. De esta manera, confía en la habilidad humana de construir un monumento duradero que siga existiendo después de su muerte. La gratificación final de Gilgamesh llega cuando se le permite al espíritu de Enkidu que vuelva a él, pero Enkidu no tiene nada que informar que no sean las miserias de los muertos.

En la historia bíblica, por contraste, si bien los primeros padres finalmente mueren, como lo harán también sus descendientes, se encuentra esperanza—no en los muros de una ciudad ni en las hojas de higuera cosidas—sino la promesa de la gracia de Dios. Uno de los descendientes de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente, terminando de esa manera con el poder de sus mentiras acerca de Dios, y liberando a los que había hecho cautivos, para que puedan confiar otra vez en su Creador, y los unos en los otros.

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