La tierra joven

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 14 al 20 de octubre, 2006

por Laurence Turner
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

La lección de esta semana sigue las divisiones de capítulos del Génesis en vez del bosquejo de la narrativa misma. Comienza con el séptimo día de la semana de la creación (Gén. 2:1–4a), que es la conclusión del relato que empieza en Génesis 1. Este arreglo de la lección nos anima a reflexionar sobre las relaciones que existen entre las dos narraciones de la creación.

El relato del séptimo día comienza con una contradicción aparente, que es fielmente traducida por la Nueva Versión Estándar Revisada: "Así fueron terminados los cielos y la tierra.… Y en el séptimo día Dios terminó la obra que había hecho" (Gén. 2:1–2). Esta confusa declaración, que parece decir que Dios había terminado su obra en el sexto día, y luego lo niega, ha dado origen a muchas soluciones. Entre éstas se incluye la antigua traducción griega, conocida como la Septuaginta, que simplemente sustituyó "sexto día" por "séptimo día", y la Nueva Versión Internacional que traduce así: "Para el séptimo día Dios había terminado la obra que había estado haciendo".

Ninguna de estas traducciones, a mi juicio, está en lo correcto, porque ambas fallan dejando de ver el punto teológico que el texto pone de relieve. Hacia el fin del sexto día "los cielos y la tierra", es decir el universo físico, habían sido completados en realidad. Pero Dios termina su obra en el séptimo día, no mediante la creación de otros objetos físicos sino mediante la santificación de ese día. Su obra final, que consiste en crear el "tiempo santo", no es parte de "los cielos y la tierra" físicos, que habían sido terminados en el día sexto, sino que pertenece a una esfera diferente. El tiempo sagrado es el clímax de la creación porque trasciende al universo físico. De manera que la extraña redacción de Gén. 2:1–2 tiene el propósito de dejar en claro que cualquier comprensión del mundo que excluya a la dimensión espiritual, es una comprensión incompleta.

De allí, el Génesis pasa a otra narrativa. Así como los cuatro Evangelios nos ofrecen cuatro retratos diferentes de Cristo, el Génesis nos ofrece dos historias de la creación. En lugar de leer estos dos relatos separados el uno del otro, o en vez de considerar sus diferencias como si fueran un problema, deberíamos verlas como una invitación a evaluar las riquezas y las detalladas complejidades de la creación. El segundo relato se concentra en los seres humanos. Con respecto a la creación de la humanidad, el capítulo 1 enfatizaba dos sustantivos, imagen y semejanza, que indican cómo nos relacionamos con Dios. El capítulo 2 enfatiza dos verbos, formó y sopló, que indican la manera en que Dios se relaciona con nosotros.

El primer relato presenta al Dios trascendente y todopoderoso que trae al universo a la existencia sin esfuerzo, mediante la palabra. Es importante saber eso, pero es un dato incompleto y posiblemente peligroso. Por eso el segundo relato nos presenta una historia diferente, que tiene el objetivo de destacar que ese mismo Dios está, también, íntimamente involucrado en su creación, manifestando un interés personal muy próximo. Génesis 1–2 es un ejemplo de la manera cómo se puede lograr un equilibrio teológico, afirmando ambas verdades, la de la trascendencia y la de la intimidad, en vez de dar prioridad a cualquiera de las dos.

La nota clave de Génesis 2 es la intimidad. Dios "forma" al hombre a partir del suelo. Es el mismo término que se usa para describir la obra de un alfarero que da forma en su rueda, creativamente, al objeto deseado a partir de un pedazo de arcilla o greda. Así como el artesano dedica tiempo, energía y creatividad en su tarea, así obra también el Señor Dios en la creación del Hombre. Luego él "respira" en las narices del Hombre—una tierna descripción de intimidad, que implica un abrazo, un beso de vida. Esta intimidad no contradice a la trascendencia señalada en el capítulo 1, sino que indica que la creación y su significación son más complejas que lo que se puede leer de manera simplista en cualquiera de los dos relatos separadamente. La trascendencia y la intimidad del Creador no son más contradictorias que la mansedumbre y la majestad del Salvador. "Yo habito en la altura y en la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu" (Isaías 57:15).

La narración se mueve desde la intimidad de Dios con el Hombre hacia la intimidad entre el hombre y la mujer. El clímax de la primera historia de la creación es la creación del Sábado, en cambio en esta segunda historia el clímax es la creación de la mujer. La llegada de la mujer subraya las diferencias complementarias entre estos dos relatos. Una frase repetida a través del relato de la creación del capítulo 1 era "y vio Dios que era bueno". Es casi chocante, por lo tanto, que ahora leamos "No es bueno". No es bueno que el hombre esté solo. Dios creó a los seres humanos para que experimenten y expresen la intimidad con otras personas.

La creación de la mujer en segundo lugar no es, de ningún modo, una evidencia de que ella sea producto de una planificación tardía de parte de Dios. Por el contrario, su tardanza destaca cuán importante es ella para el hombre. La exclamación del hombre, "¡Por fin!" , da testimonio de esto. Su reconocimiento de que ella es "hueso de mis huesos y carne de mi carne" no es una declaración sobre un hecho liso y llano sino una expresión idiomática hebrea que se refiere a una relación cercana (ver Gén. 29:14; 2 Sam. 5:1). El comentario del narrador que afirma que son "una carne" se refiere también a una intimidad física, sexual y espiritual. Este hecho es destacado al decir que ambos estaban desnudos y no se avergonzaban. La profundidad de su intimidad se destaca también por la reflexión sobre el hecho de que la mujer fue tomada del interior del hombre. Ningún hombre experimentó algo más parecido al acto de dar a luz. El vínculo entre los dos difícilmente podría ser mayor.

Cuando consideramos estas dos historias de la creación, llegamos a entender que no se trata de dos narraciones simples para lectores no sofisticados. Por sencillas que sean, se refieren a hechos muy profundos, como las parábolas de Cristo. Las dos historias concluyen con una nota de intimidad. La primera termina con el Sábado, señalando así la relación vertical de intimidad entre Dios y los seres humanos. La segunda historia termina con la relación horizontal de intimidad entre el hombre y la mujer. Estos dos relatos tienen muchas cosas para decirnos, pero una de las más importantes es la revelación de que no podremos entender este mundo en forma correcta a menos que mantengamos una relación de intimidad con Dios y con nuestros semejantes. Dios nos creó para que nos realicemos como criaturas espirituales y sociales. Por esta razón el secularismo y el individualismo, que están aumentando en la cultura moderna occidental, no son meras molestias menores para los creyentes cristianos. En verdad son un desafío para el propósito básico de la creación de Dios.

comparta este artículo

© 2006 Spectrum/AAF

Spectrum and the Association of Adventist Forums depend upon donations to defray the cost of publishing this and other features. Contributions, which in the United States are deductible from taxable income, can be made online at preset amounts, via fax or mail using an order form, or by making telephone contact with the Spectrum office.

 

 

Spectrum Home

AAF | About AAF | Chapters | Calendar | Sponsorship
Spectrum Magazine | About Spectrum | Current Issue | Archives | Authors | Subscribe
Online Community |
Featured Columns | Sabbath School | Reviews | Interactive | Authors
Café Hispano | Artículos Publicados | Escuela Sabática
Store

Feedback | Contact Us

© Copyright 2005 Association of Adventist Forums