Sobre no hacer de 1844 un tema simple

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 12 al 18 de agosto, 2006

Por Ross E. Winkle
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

El título de la lección de esta semana en la Guía de Estudio Bíblico para Adultos—"1844 hecho simple"—es también el título de la lección del día jueves de esta misma semana. Es más, este es el mismo título de un libro escrito hace dieciocho años por el principal autor de estas lecciones, Clifford Goldstein.1 El hecho que el título de un libro de casi cien páginas se ha transformado en el título de una lección de sólo siete, nos sugiere por lo menos tres preguntas básicas:

  1. Después de casi veinte años de supuesta comprensión acerca de la simpleza del tema, ¿es que el libro no era en verdad tan simple, y quizás no era necesario que el tema se desarrollara en una publicación tan extensa como lo es un libro?
  2. ¿Es la lección actual demasiado simple, o simplista, o tal vez adolece del defecto de exigir cruelmente ciertas acciones de gimnasia exegética muy difíciles para el lector promedio, dado el poco espacio y argumentación dedicados al tema en comparación con el libro antes publicado?
  3. ¿O tal vez el título de la lección de esta semana está equivocado por otras razones?

Para mí, el hecho que el mismo título sirva para el libro que Goldstein publicó en 1988, para toda la lección de esta semana y para la sección del jueves, indica que en realidad Goldstein cree que la enseñanza de los Adventistas del Séptimo Día sobre este tema, y en particular sobre la cronología de 1884, no es simple.2 Está en lo correcto, no es tan simple.

En un nuevo libro, Roy Gane, profesor de Hebreo Bíblico y Lenguas del Cercano Oriente Antiguo en el Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día, en la Universidad Andrews, sintetiza de manera loable los pasos que, según él, se deberían dar a fin de derivar el año 1844 de los datos bíblicos en Daniel 8 y 9.3 Gane sugiere que esos pasos son los diez siguientes 4:

  1. Identificar el cuerno pequeño (Daniel 8).
  2. Reconocer que los 2.300 días no pueden ser días literales.
  3. Reconocer que Daniel 9 explica la visión de Daniel 8.
  4. Identificar la fecha cuando comenzaron las 70 semanas (o 490 años).
  5. Reconocer que las setenta semanas son semanas de años y, por lo tanto, 490 años.
  6. Encontrar el fin del período de los 490 años.
  7. Reconocer que "el fin", en Daniel 9, se refiere a acontecimientos que sucederían después de 490 años, pero que seguirían ocurriendo durante los 2.300 días.
  8. Reconocer que los 2.300 días, al igual que los 490 días, deben representar años.
  9. Ver cómo los 490 años se sobreponen con la primera parte de los 2.300 años.
  10. Encontrar el fin del período de los 2.300 años.

Después de enumerar estos pasos, Gane los discute brevemente, y luego dedica dos capítulos a responder ciertas objeciones significativas que se han hecho a algunos de estos diez puntos.5

Goldstein, por su parte, pretende simplificar la profecía de Daniel 8 en lo que se refiere a su aspecto temporal, pero no consigue demostrar que es tan simple. Por ejemplo, afirma que las setenta semanas de Daniel 9 son "obviamente" cortadas de la profecía temporal de las 2.300 tardes-mañanas (sección del día sábado), sin embargo esto no ha sido obvio para las muchas veintenas de eruditos que han estudiado este pasaje de Daniel (véase los diversos comentarios).

El hecho que numerosos eruditos no hayan visto esa conclusión exegética como obvia, no implica en sí mismo, ciertamente, que dicha conclusión sea errónea; más bien indica que la afirmación de Goldstein es demasiado optimista, o equivocada, porque algo que se supone obvio debería serlo para casi cualquiera que lo examine. Sin embargo, el optimista término obvio y sus sinónimos aparece de nuevo en varios otros puntos del análisis de Daniel 8 y 9.6 Supongo que esta certeza exegética y esta confianza de Goldstein es una de las razones por las que él cree que este tema puede ser "hecho simple".

En otro ejemplo, Goldstein afirma más adelante que, de acuerdo con esta profecía, "podemos mostrar" que Jesús fue crucificado en el año 31 de la Era Común (sección del día jueves). Pero incluso William Shea, un experto en el libro de Daniel que ha hecho numerosas defensas de la posición tradicional adventista, no está de acuerdo con esta certeza, según vemos en su comentario sobre Daniel publicado en 2005: "¿Podemos probar más allá de toda duda que Jesús murió en el año 31 d.C.? Todavía no".7 Shea cree que la fecha puede ser aproximada hasta el año 30 o 31 E.C., pero que sin embargo es "difícil datar la Pascua de la muerte de Jesús con precisión".8

Todo este optimismo interpretativo parece implicar que la simpleza que Goldstein busca es la de la fe: Simplemente creyendo una serie de afirmaciones con respecto a la argumentación que está detrás de la comprensión de esta profecía, uno puede, aparentemente, hacer que esta enseñanza sea simple. Pero en un tópico tan complejo y significativo como éste, nos preguntamos: ¿es esa la clase de simpleza que uno realmente desearía?

En contraste con esto, el enfoque de los diez pasos de Gane indica, para mí, que la necesidad de responder a numerosas objeciones revela que el tema no puede ser "hecho simple". En efecto, algunos de los pasos de Gane involucran en realidad varios otros pasos en sí mismos o por sí mismos. Pero no creo que Gane estaba verdaderamente tratando de demostrar o concluir que el tema era simple.

Si bien no se necesita tener un grado académico en matemáticas para comprender la interpretación tradicional de las 2.300 tardes-mañanas de Daniel 8, sí es necesario tener cierta habilidad en simple aritmética—sin mencionar los cálculos de calendarios. Según mi experiencia, el asunto de determinar adecuadamente cómo se calcula el tiempo de la profecía de los 2.300 días, y de comprenderlo bien—según las palabras de la lección de esta semana, "hacer las matemáticas"—a menudo está bastante más allá de las capacidades de muchas personas que se preparan para el bautismo.

Las Escrituras indican que hay diferentes niveles de enseñanza bíblica. Algunas enseñanzas son "leche"—básicas o elementales—en tanto que otras son "alimento sólido"—es decir, avanzadas (Heb. 5:11–6:2; comparar con 1 Cor 3:2). En 2 Pedro 3:15–16 leemos que algunas de las enseñanzas de Pablo eran difíciles de entender y, por lo tanto, susceptibles de ser distorsionadas por los ignorantes e inconstantes. Por otra parte, el llamado a la sabiduría que encontramos en Apocalipsis (13:18; 17:9) indica que lo que sigue en el texto no es fácil ni simple.

El tópico de las 2.300 tardes-mañanas en la profecía de Daniel 8, está en la categoría de lo que yo llamaría enseñanza "avanzada". Pero no deberíamos desesperarnos por eso, ni tampoco afanarnos en hacerlo aparecer como si fuera simple. Deberíamos enfrentar los siguientes hechos: (1) somos la única iglesia cristiana que ve esta doctrina como fundamental para su sistema de creencias; (2) es una doctrina altamente controversial; y (3) es un tema difícil, de manera que deberíamos ponernos el cinturón de seguridad y estar listos para un viaje escabroso pero provechoso.

Los Adventistas del Séptimo Día deberían dejar de intentar que el tema de 1844 sea un tema simple. No lo es—y nunca lo será. ¿Deberíamos tratar de simplificarlo o aclararlo lo más posible? ¡De todas maneras! La complejidad innecesaria no es una virtud. Pero no nos engañemos a nosotros mismos creyendo que este tópico complejo y detallado puede ser hecho un tema simple—es un tema que se mueve en torno a una rica y profunda comprensión de Jesucristo y su ministerio en el Cielo.

Notas

1. Clifford Goldstein, 1844 Made Simple (1844 hecho simple). (Nampa, Idaho: Pacific Press, 1988).
2. Goldstein es mencionado como el contribuyente principal de las lecciones. Para esta parte de la discusión y para el resto, supongo que él es el autor de la mayoría del contenido de las lecciones.
3. Roy Gane, Who’s Afraid of the Judgment? (¿Quién le teme al Juicio?). (Nampa, Idaho: Pacific Press, 2006).
4. Los he citado textualmente, tal como aparecen en Ibid., 62.
5. Ibid., 63–67; 68–86.
6. Además de la sección del día sábado, véase también el uso del término obvio y sus sinónimos en las secciones del miércoles y del jueves (dos veces).
7. William H. Shea, Daniel: A Reader’s Guide (Daniel: Una Guía para el lector). (Nampa, Idaho: Pacific Press, 2005), 169.
8. Ibid., 170.

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