Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 29 de julio al 4 de agosto, 2006
Por Desmond Ford
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
El capítulo 9 de Daniel contiene la más grandiosa oración de todas las del Antiguo Testamento. Los judíos la han recitado por siglos en el Día de la Expiación, y con mayor razón que la conocida, porque el versículo 24 contiene seis términos que se hallan en el capítulo que se refiere al Día de la Expiación, Levítico 16. No hay otro versículo en toda la Biblia que presente esta característica. Los seis términos son: trasgresión, pecado, iniquidad, expiación, santo, y siete.
El centro medular de Daniel 9 es la petición ferviente que hace el profeta. Contiene todas las palabras clave que reaparecerán en la porción profética del capítulo. Daniel mismo es la clave que ayuda a interpretar los versículos 2427.
Aquí vemos a un santo, en cuyo registro no hay ninguna trasgresión, que toma sobre sí mismo los pecados de su pueblo e intercede a favor de ellos. Él era un príncipe de Judá en el exilio, que había sido tentado y probado. Él sabía lo que significaba ser echado en un foso semejante a la tumba, tapado y sellado, y resucitar a la vida y a la libertad como preludio de una proclamación mundial. Este gran profeta y líder del pueblo de Dios estaba orando a la misma hora del Calvario (3:00 p.m.) cuando lo visitó el ángel Gabriel.
Todo esto es un anticipo de lo que ocurriría en el Getsemaní, en el Nuevo Testamento, cuando el Cristo sin pecado, exiliado del Cielo, tentado y probado, tomó sobre sí mismo el pecado del mundo e intercedió por los culpables. En esa ocasión vino Gabriel (ver Lucas 1:26) y lo fortaleció, tal como lo había hecho con Daniel siglos antes. Todos estos hechos arrojan luz sobre la profecía de la expiación que se halla en el versículo 24, una expiación que iba a ser realizada por un nuevo Melquisedekque era sacerdote y rey"el Mesías príncipe".
El comienzo del capítulo hace referencia al cercano fin de los setenta años de cautividad. Es importante tener en cuenta que este número no es preciso, por eso las opiniones acerca del comienzo y el fin del período de setenta años difieren. Jerusalén no había sido destruida hasta el año 587 a.C., y hasta el momento el período real de cautividad para los judíos que habían sido llevados al exilio era alrededor de cincuenta años solamente, aunque una minoría había sido llevada casi veinte años antes.
Es habitual en la Biblia dar números redondos. Entre los ejemplos encontramos el uso repetido de "cuarenta años" en Jueces, también los 480 años de 1 Reyes 6:1, y 2 Crónicas 36:21. En este último pasaje se señala que hubo un periodo de 490 años en que la ley sabática para las tierras había sido ignorada, pero ese periodo era sólo una aproximación.
Todo esto es importante al momento de recordar que la profecía de Daniel 9:2427 nos habla de un periodo siete veces tan largo como la cautividad. Tal cifra no sería más precisa que el tiempo real del exilio. Cualquier dogmatismo acerca de las fechas 408 a.C., 27 d.C., 31 d.C., y 34 d.C. no tiene ninguna base. (Véase en el Comentario Bíblico Adventista, el artículo sobre la cronología del Nuevo Testamento). La fecha de inicio es el decreto de Ciro (ver Isaías 44:26, 28; 45:13). El pasaje presenta una cronografía, no una cronología precisa, del mismo modo que Mateo presenta genealogías (un gráfico, más que una cronología precisa).
Los primeros comentadores adventistas enseñaban que sólo hubo un periodo breve entre Daniel 8 y 9. Esta estimación no es correcta, porque en realidad la separación temporal entre los dos capítulos es de once años aproximadamente. Pero el que reapareció fue el mismo ángel Gabriel, y explicó lo que no se había aclarado en Daniel 8:15-26, a saber, el significado de la justificación del santuario. (Reconocidos eruditos, como Lagrange, Gaston, Lange, McKelvey, y otros, han escrito acerca del santuario como símbolo del reino de Dios). El versículo 24 proporciona ese significado, y abarca las dos venidas de Cristoambas son escatología inaugurada y consumada. Por medio de la expiación de la cruz, el Mesías pondría fin legalmente al pecado, la trasgresión, y la iniquidad, pero en su segunda venida los tres serían destruidos empíricamente.
Aunque la expiación realizada por el Mesías es el punto central en Daniel 9:24-27, el escritor adventista Urías Smith, expositor de las profecías, señalaba repetidamente: "Fijémoslo para siempre en nuestras mentes: la expiación no fue hecha en la cruz" (The Sanctuary [El Santuario], 276; y Looking Unto Jesús [Contemplando a Jesús], 237). Debieron pasar más de cien años para que los adventistas rechazaran esa herejía. El mismo Smith es quien creía que el juicio investigador comenzó en 1844 y sería breve (véase la tesis doctoral de Roy Adams, "La Doctrina del Santuario", 239).
Han pasado más de cien años desde la muerte de Urías Smith, y más de 150 desde el deceso de Guillermo Miller. Tristemente, la Guía de estudio de la Biblia de este trimestre da evidencia de que hemos avanzado muy poco en la comprensión de este importante capítulo, a pesar del paso de tantas décadas.
En la página 74 [en inglés] de la Guía para maestros adultos, se dedica mucho espacio para destacar la presunta gran diferencia entre las palabras hebreas chazon y marehque se traducen, ambas, como "visión". Esto basta para hacer sollozar a cualquier experto en lengua hebrea que no sea pagado por la denominación. Estas palabras son usadas en la Biblia de manera intercambiable, como sinónimos, como lo sabe cualquier lector de la Biblia en inglés que use la Concordancia Strongs. El término chazon se refiere a la experiencia de éxtasis en la visión profética, y mareh se refiere a su contenido. Esta última palabra se deriva de una raíz hebrea que significa "ver". El término mareh se encuentra varias veces en los últimos capítulos de Daniel, y NO ESTÁ limitado al detalle escuchado concerniente a las dos mil trescientas tardes-mañanas. ¡Que los hermanos jueguen limpio!
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