Daniel 2

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 8 al 14 de julio, 2006

Por Sigve Tonstad
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Por más de 150 años la profecía de Daniel 2 ha sido considerada como un caballo de batalla confiable en la evangelización de los Adventistas del Séptimo Día. Ha sido la fuente principal la comprensión adventista de la historia, y un elemento formativo de la comprensión que la iglesia tiene de sí misma. ¿Se está cansando este caballo? ¿Debería ser retirado al establo, o bien enviado a descansar en los verdes pastos después de años de servicio fiel?

A juzgar por la confianza expresada por el folleto de la lección de esta semana con respecto a Daniel 2, la respuesta es "No". El sueño de Nabucodonosor sobre los cuatro reinos, de oro, plata, bronce y hierro, se presenta como una profecía que habla de una manera simbólica acerca sobre la historia del mundo, que todavía depende de la promesa de que estos reinos, que son evidencia de un mundo en declinación, cederán su lugar al reino eterno de Dios.

Habiendo predicado sobre esta profecía a audiencias que no conocían el tema, y habiendo visto su poder para capturar la imaginación, no soy uno de los que abogan por enviar a Daniel 2 al retiro. La lección de la Escuela Sabática de esta semana se contenta con ensayar las verdades tradicionales con respecto a los metales de la imagen, refiriendo fielmente los sucesos históricos. Si los que estudian los temas en las clases de la Escuela Sabática de la familia adventista mundial siguen la Guía de estudio de la Biblia, no tendrán sorpresas. Sólo queda por ver si la historia del sueño de Nabucodonosor es capaz de generar asombro, o si su brillo es disminuido por el desdén que tiende a aparecer cuando uno está muy familiarizado con el tema.

Percibo dos aspectos del sueño de Nabucodonosor que no son destacados por el autor de la lección, o más bien, dos usos posibles de Daniel 2 que no son aprovechados seriamente. Uno se refiere a su visión de la realidad, el otro, a su mensaje teológico.

"No hay hombre sobre la tierra" (Dan. 2:10)

Si Ernst Troeltsch (1865–1923) sólo articuló un punto de vista aceptado en sus días o fue quien influyó para que éste llegara a ser aceptado, la cosmovisión de Daniel 2 nos presenta una realidad que entra en conflicto, al menos con un pilar, en su paradigma. Troeltsch quería aplicar el principio de analogía al estudio del fenómeno religioso, queriendo decir que la probabilidad de que algo sucediera según se creía, es proporcional a su conformidad con la experiencia humana normal.1 Afirma que los sucesos excepcionales son sospechosos por definición; en verdad son imposibles, porque el criterio por el cual pueden ser admitidos como verdaderos tiene poder de veto sobre las afirmaciones y alega que son excepcionales.

Daniel 2 desafía este punto de vista, y lo hace de una manera tan hábil, y con tal calidad de entretención, que sugiere implícitamente que el principio de analogía no es nada nuevo. En realidad, tal vez la profecía deconstruye la noción de que nuestra época ha planteado asuntos que nunca antes habían sido tratados. Quizás, también, tanto su énfasis como su implícita noción acerca de un paradigma clave de la modernidad, pueden servir como evidencia de que los Adventistas del Séptimo Día no están tan equivocados en dar a este capítulo un papel determinante en su arsenal.

Nabucodonosor tuvo un sueño que desde la partida se distingue como un sueño inusual (2:1–3). Cuando le habla de su sueño a sus consejeros, éstos también responden que lo pedido no está dentro de los parámetros de las expectativas usuales (2:7, 10). Reconociendo sus limitaciones, ellos admiten que "no hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey" (2:10). El rey debe recurrir a los dioses, "cuya morada no es con los mortales" (2:11) y no pueden responder lo que el rey demanda. Daniel dice lo mismo. Ante sus ojos, también, el sueño del rey y lo que solicita pertenecen al ámbito de lo inusual (2:27–28). Daniel 2 debe ser descartado por el principio de analogía, porque el tema central del capítulo es, precisamente, que lo que sucede es inusual.

Sigmund Freud (1856–1939) resulta de interés también en este contexto. Al igual que el rey Nabucodonosor y que Daniel, creía que los sueños son una fuente vital para conocer la condición humana. A diferencia de Daniel, Freud era totalmente troeltschiano, creyendo que los sueños no pueden tener otro origen que la mente humana, y considerando el fenómeno de los sueños sólo como el deseo de que algo se cumpla. En ambos casos, Daniel 2 planifica su propio curso, tanto en lo referente al origen como al contenido. Considerando la noción freudiana de los sueños como deseo de cumplimiento, es difícil poner al sueño de Nabucodonosor en la categoría de un deseo cumplido.

No por mano (Dan. 2:34, 45)

El punto culminante del sueño de Nabucodonosor se relaciona con la piedra que golpea a la impresionante estatua. De acuerdo a una traducción de Dan. 2:34, Daniel informa los detalles del sueño señalando que "una piedra fue cortada, no por manos humanas". Cuando llega el momento de explicar el significado del sueño, Daniel resalta este hecho otra vez a fin de que el rey lo recuerde: "viste que una piedra fue cortada de la montaña, no por manos" (2:45).

Para la mayoría de los lectores—incluyendo a los adventistas, que han confiado en este caballo de batalla de la profecía para arar, sembrar y cosechar—el énfasis siempre ha estado en el agente que produce la piedra. En esta ocasión la lección no presenta nada nuevo al respecto. Los cuatro reinos son reinos humanos, que entran en la historia a causa de agentes humanos. El reino de piedra, el quinto, es diferente porque representa al reino de Dios. La mano en cuestión, o más bien la ausencia de mano, significa que el que está obrando es Dios, poniendo fin a los reinos humanos con un golpe de su dedo invisible.

Por supuesto, no es erróneo leer los símbolos de esta manera, pero puede haber algo más en el lenguaje de Daniel de lo que se ve a simple vista sobre este particular. En términos estrictos, Daniel no dice que la mano en cuestión no es una mano humana. No había una mano, punto, ya sea humana o no. Tanto en hebreo como en arameo, la palabra que significa mano, jad, es la misma palabra que significa poder.

Si damos un paso más en esta consideración, el aspecto más notable de la piedra que golpea a la imagen no es sólo que el agente que la mueve es Dios. Los contrastes no sólo existen entre el agente divino y los agentes humanos, éstos transitorios y aquél permanente y eterno. También es una declaración acerca del método. El reino divino se establece "sin mano", y esto también puede significar sin el uso de la fuerza. En efecto, en el libro de Daniel jad tiene precisamente esta connotación hacia el fin del libro. "Y cuando se acabe la dispersión del poder [jad] del pueblo santo", dice la traducción de Reina-Valera de Dan. 12:7, "todas estas cosas serán cumplidas".

Esta interpretación presenta un sorprendente énfasis en el tema del juicio, que está faltando, y que el autor de la lección desea poner en el centro de nuestro estudio de Daniel este trimestre. El juicio en cuestión no es sólo un acontecimiento que tiene lugar en un punto específico del tiempo, un veredicto judicial que precede a la ejecución inevitable que realizará el Juez divino. Es también la historia acerca de la naturaleza transitoria de los reinos humanos, todos los cuales llegan a existir por el uso de las manos en el sentido del temible y cruel uso de la fuerza y el poder.

El sueño de Nabucodonosor no ha agotado su potencial de iluminar, es el caballo de batalla de la profecía que todavía está listo para trabajar en el campo una vez más. Los reinos e imperios del mundo, aún vacilantes sobre pies de barro y hierro, están ardiendo por dentro. Lo que se levantará en su lugar es el reino que viene "sin mano".

Notas y referencias

1. Ernst Troeltsch, Zur Religiösen Lage, Religionsphilosophie und Ethik (Tübingen: Verlag von J. C. B. Mohr [Paul Siebeck], 1913), 729–53.

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