Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del
1 al 7 de julio, 2006.
(Reimpresión de la Revista Spectrum, 14, Nº 1 [Agosto, 1983]: 3238)
por Richard Rice
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
Los Adventistas del Séptimo Día a menudo se refieren a la doctrina del santuario celestial como su contribución distintiva a la teología cristiana. Tuvo un papel central en el desarrollo inicial de la denominación. En los últimos años los adventistas han renovado significativamente su interés en esta doctrina.
El presente ensayo explora el significado contemporáneo de la doctrina del santuario. Su tesis es que el ministerio de Cristo en el santuario celestial concluye con una revisión del impacto final que tiene la actividad salvífica de Dios en la historia humana. Esta revisión es abarcadora porque tiene lugar al final de la historia. Su propósito es demostrar el verdadero carácter de la soberanía de Dios. Y debido a que examina toda la extensión de la historia, este juicio del fin del tiempo revela con una finalidad precisa y sin precedentes que los actos de Dios son grandes y maravillosos, que sus caminos son justos y verdaderos (ver Apocalipsis 15:3).1
Podemos sostener esta interpretación del santuario celestial reflexionando con cuidado acerca de tres ideas importantes: (1) en la obra de la salvación hay aspectos de mayor alcance que la redención de los seres humanos en forma individual; (2) el sentido de la historia sólo se hace manifiesto a la luz de su desenlace; y (3) el curso de la historia humana es realmente abierto, es decir, no está determinado desde el principio. Desarrollaremos cada uno de estos temas.
Sin embargo, será de utilidad que primero repasemos otra interpretación del juicio investigador, que nos resulta más conocida. Tal como los adventistas del séptimo día lo entienden, el juicio investigador involucra una revisión final de los registros del Cielo. Se concentra específicamente en los seres humanos que en algún momento de sus vidas han aceptado la salvación ofrecida por Dios.
Es común decir que el juicio investigador establece la identidad de los redimidos. La revisión del registro de cada vida al final de los tiempos determina si los pecados de esa persona han sido totalmente abandonados. Cuando esta revisión se haya completado, Cristo sabrá a quién rescatar cuando regrese a la Tierra.2
Esta interpretación del juicio investigador levanta algunas interrogantes importantes. Por una parte, no explica por qué esta investigación es realizada inmediatamente antes del regreso de Cristo. Los adventistas creen que el tiempo de prueba termina con la muerte; después no hay más oportunidad de arrepentimiento. Entonces si el destino eterno de una persona está definido al momento de su muerte, no es claro por qué se necesita una revisión al final de los tiempos para establecer la identidad de los redimidos. Esto se puede determinar a través de la historia humana a medida que las personas mueren.
Además, esta interpretación del juicio investigador no indica quién es el que necesita esta revisión. La idea de que Dios tiene que revisar registros a fin de encontrar quiénes son los que le pertenecen, no es aceptable, porque contradice el atributo de perfecto conocimiento divino, es decir, que Dios conoce todo lo que hay para conocer de una manera inmediata e intuitiva. Dios no necesita registros para descubrir nada. Y lo que es quizás más importante, esta interpretación entra en conflicto con la creencia que Dios goza una relación personal profunda con sus hijos humanos. Él sabe quiénes son los que le pertenecen. Así que no podemos explicar esta investigación como algo que Dios necesita para descubrir quiénes son sus seguidores fieles.
También tenemos que descartar que los beneficiarios del juicio investigador sean los seres humanos, aunque el juicio se relaciona con sus vidas, porque éste no tiene lugar en su presencia. Así que no tenemos manera de saber quiénes serán salvados o condenados hasta que Cristo regrese realmente.
Esto deja como alternativa a los habitantes del universo que no han caído. Y muchos adventistas del séptimo día entienden que el juicio investigador es para este grupo. Por ejemplo, Graham Maxwell, profesor en la Universidad de Loma Linda, cree que el juicio investigador demuestra a los seres no caídos que realmente "no es riesgoso salvar" a los que han aceptado la salvación. Se puede confiar en ellos, que no volverán a provocar la rebelión en el universo si son admitidos en la sociedad de los seres perfectos e inmortales.3
Pero esta explicación también es defectuosa, porque no justifica una investigación distintivamente escatológica. No parece haber una buena razón para que los seres no caídos deban esperar justo hasta el regreso de Cristo para averiguar quiénes pueden ser salvados sin que representen un peligro. Esto podría ser definido a lo largo de la historia, a medida que cada vida humana termina.
De manera que tenemos dificultades con la idea de que el juicio investigador establece la identidad de los redimidos. Para que este concepto sea inteligible, necesitamos buscar otras explicaciones. Creo que podemos hallar una, si reflexionamos con cuidado en torno a los tres conceptos mencionados más arriba. Tomados en conjunto, nos ofrecen una explicación razonable del juicio investigador, que es fiel a las preocupaciones tradicionales del adventismo y, al mismo tiempo, relevante para la experiencia cristiana contemporánea.
Es un tema familiar en la teología adventista que el plan de salvación presenta asuntos que no sólo afectan a la salvación individual de los seres humanos. Su expresión más influyente y conocida aparece en el tema del gran conflicto, que juega un papel destacado en los escritos de Elena de White. Se trata del concepto de que la antítesis entre el pecado y la salvación en la historia humana es parte de un conflicto cósmico entre fuerzas sobrehumanas del bien y del mal. Y en el desenlace de esta controversia de mayor alcance está en juego el destino de todo el universo.
El asunto central en la gran controversia es la soberanía de Dios. Entendida correctamente, ella no corresponde al poder de Dios sino a su carácter. El asunto no es si Dios tiene suficiente poder como para dominar a sus criaturas, sino si es la clase de persona que merece la lealtad de ellas. Si el asunto en cuestión fuera el poder, el gran conflicto se podría resolver fácilmente con un despliegue de fuerza superior. Pero como el asunto es el derecho de Dios para gobernar, más que su capacidad de gobernar, se necesita bastante tiempo para resolver la cuestión.
Lo que está en juego ante el universo, por lo tanto, es lo siguiente: ¿Merece Dios ser Dios? ¿Inspira su carácter una respuesta de amor y devoción de parte de sus criaturas, o éstas deben solamente asentir ante el poder superior?
Elena de White, en sus escritos, coloca la obra salvífica de Dios en la historia de la humanidad dentro del contexto del gran conflicto.4 La muerte de Cristo se refiere al asunto fundamental del derecho de Dios para gobernar, al demostrar de forma decisiva cuál es la verdadera disposición de Dios hacia sus criaturas. Nos da una prueba irrefutable de que Dios otorga la más alta prioridad al bienestar de sus criaturas. Él está dispuesto a cualquier sacrificio con tal de favorecerlas.
El concepto del gran conflicto nos da una perspectiva semejante acerca del juicio investigador. Las vidas de ciertos seres humanos contribuyen a resolver la gran controversia al demostrar la efectividad de la acción salvífica de Dios. Una revisión abarcadora de las vidas de todos aquellos que han aceptado la salvación, apoya la convicción de que Dios merece ser Dios.
Hay varias formas en que esta manera de entender el juicio investigador nos lleva más allá de la idea de que éste establece la identidad individual de los salvados. Tal como hemos visto, nos sugiere que el objetivo principal del juicio se refiere a la actividad de Dios, más que al desempeño de los seres humanos individuales. En segundo lugar, el juicio investigador es algo que Dios hace para su pueblo. Se trata de su juicio a favor de ellos. Esto corrige de manera útil el sentimiento demasiado prevaleciente de que debemos temer algo con respecto al juicio.
La gente se siente perturbada a menudo por el espectro de que un pecado olvidado, no confesado y no perdonado, manchará su registro en los archivos del Cielo y sellará su condenación eterna. Además de lo dicho, esta interpretación del juicio investigador calza perfectamente con el tema típicamente apocalíptico de que Dios actúa para rescatar a su pueblo y revertir su situación negativa en este mundo. Su pueblo está amenazado y Dios lo salva. El mundo los condena, pero él los vindica.
El juicio investigador también es de importancia para el pueblo de Dios como un todo, y no meramente como individuos. A menudo no tomamos en cuenta este aspecto de los servicios del día de la expiación, que jugó un papel importante en el desarrollo de la doctrina del santuario entre los Adventistas del Séptimo Día. El día de la expiación concernía al pueblo de Israel en su totalidad. Representaba la renovación de la alianza de Dios con la nación como un todo. De manera semejante, podemos entender que el juicio investigador involucra al pueblo de Dios en el sentido más abarcador. Incluye a todos los que han respondido, a lo largo de la historia, a la oferta de la gracia de Dios para salvación. Pero los ve como un grupo cohesionado, como un solo pueblo. No son una mera colección o suma de individuos.
Por último, el juicio investigador tiene que ver con la actividad salvífica de Dios a través de toda la historia de la humanidad. Y esto significa más que su efecto total sobre las vidas humanas individuales. El juicio investigador no es sólo un recuento final de quiénes merecen ser salvados. Verifica el impacto acumulativo de la salvación en la historia de la humanidad. Por esta razón, debe ser escatológico. Esto nos introduce en el segundo elemento de los tres que hemos planteado en nuestra interpretación del juicio investigador.
Ningún teólogo contemporáneo ha hecho más que Wolfhart Pannenberg para enfatizar la importancia de la escatología, el estudio de los sucesos finales, para entender de manera adecuada la fe cristiana. Un elemento importante en la escatología de Pannenberg es el concepto de un futuro final, que él deriva de los escritos del filósofo alemán Wilhelm Dilthey.
El tema del fin de la historia surge cuando Dilthey reflexiona sobre la posibilidad del sentido de la vida. Argumenta que algo tiene sentido cuando forma parte de un todo mayor que lo incluye. A la inversa, el todo es significativo a la luz de las varias partes que lo componen. Por ejemplo, comprendemos una frase gracias al significado de las palabras individuales que la forman. Y entendemos el significado de las palabras individuales a la luz de la frase como un todo. De manera semejante, los sucesos individuales de la vida de un ser humano tienen significado en relación con esa vida en su totalidad. Esta relación entre la parte y el todo no es completa, en el caso de una persona, hasta que su vida termine. De modo que es sólo al final de la vida de una persona que los acontecimientos individuales adquieren su significado final.5
¿Tiene sentido la historia, considerada como un todo? Al parecer, Dilthey cree que no, porque nunca llega a ser una totalidad. "Tendríamos que esperar hasta el fin de la historia", dice, "para tener todos los elementos necesarios para determinar su significado".6
Pannenberg está de acuerdo en que la historia debe llegar a un final para que tenga sentido o significado. Argumenta que esto es, precisamente, lo que afirma la escatología cristiana. La esperanza cristiana anticipa la llegada de un futuro final. Gracias a él la realidad llegará a ser, por fin, una totalidad. Entonces el significado de todo el curso de la historia llegará a ser evidente.7 A la luz de este total abarcador, emerge finalmente el significado de los acontecimientos individuales de la historia.
La idea de que los sucesos individuales adquieren su significado sólo en relación con la historia en su totalidad, contribuye de manera importante a nuestra comprensión del juicio investigador. Explica por qué este juicio debe ser escatológico. Debido a que todo acontecimiento ejerce su influencia en tanto que el tiempo dura, su significado último sólo se hace evidente a la luz del final de la historia.
El efecto final, y en consecuencia el significado final, de la vida de una persona nunca es percibido en el momento de su muerte. Su efecto continúa por mucho tiempo en el futuro. Esto se aprecia de modo especial en el caso de figuras notables, como Martín Lutero, cuya obra y escritos siguen influyéndonos hasta hoy, cientos de años después de su muerte. Lo mismo es cierto en el caso de personas menos conocidas. En verdad esto es cierto en el caso de todos nosotros. Los sucesos de nuestras vidas, nuestras acciones y decisiones, ejercen una influencia sobre los demás que es imperceptible en su mayor parte. Esta influencia continúa no sólo mientras vivimos, y se hace más clara al final de los tiempos. En consecuencia, una evaluación final de la vida de cada persona debe tomar en consideración el curso de la historia como un todo.
Este concepto clarifica el foco central del juicio investigador en otro aspecto. La preocupación específica del juicio investigador es el impacto acumulativo de la actividad salvífica de Dios en la historia. La efectividad de la salvación es evidente, en un grado nunca antes posible, cuando la historia alcanza su punto culminante. Con todo el curso de la historia a la vista, resulta claro para cualquier observador que Dios es la fuente todo bien en la vida humana, y que el plan de salvación ha sido exitoso en su propósito de contrarrestar las consecuencias destructoras del pecado. De este modo, el juicio investigador despeja toda duda acerca de la naturaleza de la soberanía de Dios y de lo deseable que nos resulta.
Teniendo esto en cuenta, podemos describir el juicio investigador como una revisión abarcadora del impacto total de la actividad de Dios, a través de la historia, en las vidas de los seres humanos que han aceptado la salvación. Nos ofrece una demostración final de la efectividad de la salvación y nos ayuda a resolver el dilema sobre el derecho de Dios a que las criaturas le demos nuestra total adhesión.
Hemos argumentado que el juicio investigador debe ser escatológico porque los acontecimientos adquieren su significado sólo en relación con la totalidad de la historia, y ésta llega a su totalidad sólo porque llega a un fin. Esto explica por qué todo debe ser evaluado a la luz del fin de la historia. Pero no explica por qué nada puede ser evaluado totalmente sino hasta el fin de la historia. Para esto, necesitamos examinar más de cerca la naturaleza de la historia misma. Una comprensión de que la historia es abierta nos ayuda a entender la importancia del juicio en el mismo final del tiempo.
En un libro titulado The Openness of God (La apertura de Dios), planteo que la realidad misma, y la manera como Dios experimenta o vive la realidad, son abiertas en vez de cerradas.8 Una realidad abierta es aquella cuyos contenidos son dinámicos en lugar de estáticos. Los acontecimientos llegan a existir, en vez de existir desde toda la eternidad. Y las decisiones de las criaturas hacen una diferencia verdadera en el esquema de las cosas.
Tal visión de la realidad requiere una comprensión semejante de la relación de Dios con el mundo creado, que es una relación dinámica. Dios no experimenta el pasado, presente y futuro de una sola vez exhaustivamente. Por el contrario, él experimenta los acontecimientos de este mundo a medida que ocurren, momento tras momento.
La comprensión de que la realidad es abierta hace posible tener un concepto coherente de la libertad de las criaturas. Por definición, una elección libre hace definido algo que anteriormente era indefinido. La libertad implica la existencia de alternativas verdaderas, y la capacidad de hacer una elección no obligada entre ellas. Y la elección es algo realizado por el agente mismo. En principio, por lo tanto, una decisión auténticamente libre no existe hasta que su autor la hace. Esto explica por qué la libertad es incompatible con una visión estática de la realidad. Si entendemos que la realidad es estática, todo estaría definido desde toda la eternidad. Nuestras deliberaciones no contribuirían en nada para determinar el modo de ser de las cosas en la historia. Así no seríamos realmente libres.
La comprensión de que la realidad es abierta hace posible, también, un concepto coherente del amor de Dios. El amor involucra sensibilidad ante las experiencias de quien amamos. Si usted ama a alguien, sus sentimientos reflejarán las experiencias de la persona amada. Usted sentirá gozo y frustración, felicidad y desánimo, al mismo tiempo que la persona amada experimenta estas cosas. La afirmación fundamental de que Dios ama al mundo tiene sentido si es que él experimenta los acontecimientos de nuestras vidas a medida que ocurren. No es coherente que pensemos que él goza el contenido total de nuestras vidas de una sola vez.
En el punto de vista de que la realidad es abierta, el concepto de la revisión final de la historia tiene mucho más sentido que si la realidad fuera cerrada. Si el curso completo de la historia estuviera definido desde el comienzo, entonces Dios percibiría el impacto último de la vida de cada persona desde toda la eternidad. El verdadero final de la historia no contribuiría en nada a la perspectiva de Dios. Y el juicio del tiempo del fin no tendría ningún significado real para él.
Pero si la realidad es genuinamente abierta, entonces el impacto último de las decisiones y experiencias de las criaturas es imperceptible, incluso para Dios, hasta que concluya realmente el curso de la historia. Sólo entonces el significado último de cada acontecimiento y de cada vida es completamente claro. Esto se debe a que el impacto final de la vida de una persona es determinado, hasta cierto punto significativo, por la manera en que los demás responden a esa persona. Y su respuesta es mayormente asunto de su propia decisión. Por ejemplo, la influencia de mi padre sobre mi vida es determinada en parte por la manera en que yo decido responderle. En consecuencia, la efectividad última de la actividad salvífica de Dios en este mundo es perceptible sólo al final de los tiempos. Y una evaluación global de los esfuerzos de Dios para salvar a los seres humanos no puede realizarse antes de que la historia termine.
Hemos interpretado el juicio investigador como una revisión del impacto último de la actividad salvífica de Dios en la historia de la humanidad. Esta forma de entender hace una contribución positiva a la cosmovisión de los cristianos contemporáneos de varias maneras diferentes.
En primer lugar, nos presenta un concepto teocéntrico de la salvación. Dirige nuestra atención a lo que Dios está haciendo entre los seres humanos para cumplir sus propósitos. Esta comprensión del juicio nos anima, además, a mirar más allá de los confines de nuestras preocupaciones personales, es decir, a considerar el destino del pueblo de Dios como un todo. Nos hace recordar nuestra solidaridad con los demás en la experiencia de la salvación.
Esta noción de un juicio previo al advenimiento aumenta nuestra sensibilidad ante el hecho de que nuestras acciones y decisiones son significativas. Nos recuerda que lo que hacemos cada día tiene un impacto real sobre el curso de los acontecimientos. Por ejemplo, es verdad que los pecados que han sido perdonados no obstaculizan nuestra relación con Dios. Pero su efecto sobre los acontecimientos subsecuentes no puede ser anulado. La salvación no elimina los resultados del pecado, a pesar de que mitiga sus consecuencias a la larga. De modo que el concepto del juicio investigador nos recuerda que todo cuenta, para bien o para mal, hasta el fin del tiempo.
Por último, esta interpretación subraya la importancia de la escatología. Indica que el curso de la historia no sólo termina o se acaba. En verdad concluye. Es decir, alcanza una culminación o desenlace con sus eventos finales. El concepto del juicio investigador, así, refuerza nuestra convicción de que la historia alcanzará un clímax que tiene sentido.
Estas consideraciones dan una respuesta positiva a la pregunta implicada en el título de nuestro artículo. Bien entendido, el concepto del juicio investigador es en realidad relevante para los cristianos en el siglo XXI.
1. El presente ensayo representa un ejercicio de "teología sistemática", a diferencia de otros dos aspectos de la tarea teológica, a saber, la "teología bíblica" y la "teología filosófica". La teología bíblica examina los diferentes conceptos e ideas empleados por los escritores de la Biblia, y la teología filosófica estudia el significado y la validez de las creencias religiosas fundamentales. A diferencia de ellas, la teología sistemática explora la validez interna de los distintos símbolos e ideas con que una comunidad religiosa expresa su fe, y trata de ubicar esos contenidos dentro de un marco de pensamiento coherente e integrado. De esta manera, el propósito básico de este ensayo no es examinar la base bíblica del juicio investigador, ni tampoco establecer la validez de este concepto apelando a la experiencia humana común. En lugar de eso, analiza el significado interno de este concepto e intenta situarlo en el contexto más amplio de la fe cristiana.
2. Elena G. de White explicó varias veces el juicio investigador de esta manera: "Deben examinarse los registros para determinar quiénes son los que, por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de la expiación cumplida por él. La purificación del santuario implica por lo tanto una obra de investigaciónuna obra de juicio. Esta obra debe realizarse antes de que venga Cristo para redimir a su pueblo, pues cuando venga, su galardón está con él, para que pueda otorgar la recompensa a cada uno según haya sido su obra" (El conflicto de los siglos, 474).
3. Véase A. Graham Maxwell, Can God Be Trusted? (¿Se puede confiar en Dios?), (Nashville, Tenn.: Southern Publishing Association, 1977), p. 134.
4. Ver, por ejemplo, Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes (Mountain View, Cal.: Pacific Press Publ. Assoc., 1955, 1968), págs. 11, 17, 706707, 709, 711712.
5. Wilhelm Dilthey, Pattern and Meaning in History: Thoughts on History and Society, (Estructura y significado en la Historia: Reflexiones sobre la Historia y la sociedad), edición e introducción de H. P. Rickman (New York, N.Y.: Harper Torchbooks, 1962), págs. 106, 108.
6. Ibíd., p. 106.
7. Basic Questions in Theology: Collected Seáis (Preguntas básicas de la Teología: Colección de ensayos), trad. por George H. Kehm (Philadelphia, Penn.: Fortress Press, 1971), 2:62.
8. Richard Rice, The Openness of God: The Relationship of Divine Foreknowledge and Human Free Hill (La apertura de Dios: La relación entre la presciencia divina y la libre voluntad humana), (Nashville, Tenn.: Review & Herald Publishing Association, 1980).
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