El Espíritu Santo en los últimos días

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 17 al 23 de junio, 2006

por Herbert E. Douglass
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Este trimestre hemos tenido una excelente serie de trece estudios sobre el Espíritu Santo. Pero nadie debería suponer que hemos agotado el tema. Sólo hemos sido motivados a seguir estudiando.

En esta última semana podemos ver la meta hacia la cual hemos estado moviéndonos. Y hacemos dos preguntas en privado; la primera: "¿Le he estado permitiendo al Espíritu Santo realizar su obra básica de reproducir el carácter de Jesús en mi vida?" La otra pregunta es: "¿Me he comprometido junto a los que están dispuestos a subir al escenario como representantes de Dios, en las últimas horas de la tierra cuando todas las fuerzas del mal procuran destruir la influencia de Dios sobre este planeta?"

Todo el universo ha estado esperando ansiosamente que los fieles de Dios usen sus privilegios y asuman sus responsabilidades. Por medio de estos hombres y mujeres, identificados como los que "guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apoc. 14:12), la población mundial escuchará una "voz potente" que dice: "Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado" (Apoc. 14:7).

Esa "voz potente" es el testimonio poderoso de personas en las que el Espíritu Santo ha hecho su morada, personas que no defraudarán a Dios al recibir el poder de su lluvia tardía. Habrán desarrollado hábitos de vida como "el fruto del Espíritu—amor, gozo, paz, misericordia, bondad, benignidad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio" (Gál. 5:22-23). Serán "llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios" (Fil. 1:11). Este es el propósito del evangelio, "que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (Col. 1:27).

La frase frecuente de Pablo, "Cristo vive en mí", u otras similares (ver Gál. 2:20; 4:6; 4:19; 5:16-25), reflejan la promesa del Señor de que después de su ascensión nos daría "otro Ayudador, para que more con… vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir

pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros" (Juan 14:16–17). En otras palabras, el Espíritu que mora en nosotros según la promesa de Cristo es nuestra "esperanza de gloria". No sólo la repetición mental de creencias acerca de un Cristo histórico, sino la compañía permanente del Espíritu Santo que producirá los "frutos de justicia" que todo el Cielo está esperando ver maduros para la cosecha final.

Juan vio a los fieles de Dios que maduraban rápidamente en los días finales, para llegar a ser aquellos que Dios aprueba al escribir su nombre sobre sus frentes (Apoc. 7:3; 14:1; 22:4). Todo esto es el producto de la obra principal del Espíritu Santo—"que nos es dado como agente regenerador, sin el cual el sacrificio de Cristo habría sido en vano" (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, 625).

Para que todo esto sea práctico y relevante—el regreso de Jesús será retardado hasta que los fieles de Dios estén listos para recibir su sello de aprobación (Apoc. 7). La cosecha del mundo, la maduración del trigo y de la cizaña, será postergada hasta que la cosecha esté madura (Apoc. 14:14–16). Sin la lluvia tardía, esa explosión de poder que se manifestará en los fieles que estén totalmente comprometidos—no habrá gran clamor, ni maduración de los granos, ni pronto regreso de Jesús.

A través de muchas décadas enfatizando estos principios bíblicos, se nos ha dicho de diferentes maneras lo siguiente:

Esto es lo que el Señor hará para que toda alma esté preparada para obrar en este tiempo, cuando los cuatro ángeles están sosteniendo los cuatro vientos, que ellos no soplen hasta que los siervos de Dios estén sellados en sus frentes. Ahora no hay tiempo para la complacencia propia . . . Deberíamos obtener diariamente una experiencia profunda y viva en la obra de perfeccionar el carácter cristiano [que es otra manera de decir que "el fruto del Espíritu" debería ser dejado madurar]. (Elena de White, Testimonios para los ministros, 518–19)

Esta promesa está galvanizada con implicaciones eternas: "Aquellos que cumplan en cada punto, y pasen todas las pruebas, y venzan, a cualquier precio, han escuchado el consejo del Testigo Fiel, y recibirán la lluvia tardía, y así estarán preparados para la traslación" (Elena de White, Testimonios para la iglesia, 1:188 [en inglés]).

Al repasar el énfasis que en este trimestre se ha puesto en el propósito de la obra del Espíritu Santo, y en la manera como él trabaja en nuestras vidas, todos sentimos la certeza de que él es nuestro mejor amigo y el más cercano. Él nos habla mientras leemos la Biblia. Está a la puerta cuando nos asaltan tentaciones de todo tipo, internas y externas, y escucha nuestra oración: "no nos dejes caer en tentación". Nos anima y nos fortalece cuando estamos abrumados con las tareas del día y de la noche. Nos calma en las horas nocturnas en que no podemos dormir. Considera que nuestro más alto honor es estar mejor relacionados con Jesús y con nuestro Padre Celestial.

¿A cuál de las personas del Trío Celestial quiere usted agradecer más cuando llegue a la otra orilla?

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