El pecado contra el Espíritu Santo

Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 10 al 16 de junio, 2006

por Tom Shepherd
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Hay sólo una persona en toda la historia que, según la Biblia, Dios no podía salvar. Cuando hablo de este tema, la gente trata de imaginar quién puede ser esa persona. De seguro que era un pecador impenitente. Algunos piensan en un delincuente perverso, un déspota horrendo, o un cruel dictador sin misericordia que hizo matar a cientos, miles, o incluso millones de personas. ¿Será Timothy McVay, Adolfo Hitler, José Stalin, o Saddam Hussein? ¿O quizás Osama bin Laden?

Ninguno de éstos cumple con los requisitos, por muy perversos y malignos que hayan sido sus actos. Así que esta persona debe ser el más grande pecador de todos los tiempos. Ningún pecado común, como mentir, profanar, robar, cometer adulterio, o incluso asesinato, es suficientemente grave como para este juicio. Vemos que Jesús dijo en Marcos 3:28: "De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y todas las blasfemias con que puedan blasfemar".1

¿Quién podría ser, entonces, la única persona a quien Dios no podía salvar? No es Adán, el primer pecador, porque Dios perdonó su pecado al prometer la venida del Redentor (Gén 3:15). Tampoco es el asesino Moisés (Exo. 2:11–15), porque fue perdonado y ahora está en el Cielo (Judas 9). No es el adúltero David, que además mintió y fue culpable de la muerte de un hombre (2 Sam. 11), porque Dios también perdonó sus pecados (2 Sam. 12:13). No es Nabucodonosor, el orgulloso rey de Babilonia, porque llegó a ser hijo de Dios (Dan. 4:34–37). No es Pedro, quien vergonzosamente negó al Señor Jesús tres veces (Mar. 14:66–72), porque Jesús lo perdonó tres veces (Juan 21:15–19). Ni siquiera es Judas, quien traicionó ignominiosamente a Jesús entregándolo a la muerte y luego se mató (Mat. 27:3–5), porque si bien no será salvo, podría haberlo sido si tan sólo se hubiera arrepentido de verdad y hubiera vuelto a Dios (2 Pedro 3:9).

No, para encontrar quién es la única persona a la que Dios no podía salvar, debemos buscar en el lugar menos pensado. Mateo 27:42 nos dice que los enemigos de Jesús dijeron frente a la cruz: "Salvó a otros, pero a sí mismo no se puede salvar". Por favor, considere estas palabras conmigo por un momento. ¿Se ha dado cuenta de que sus enemigos generalmente no dicen cosas buenas sobre usted? En efecto, si dijeran algo bueno sobre usted, podría estar seguro de que es verdad, porque, después de todo, ellos son sus enemigos.

Note usted que lo primero que los principales sacerdotes dijeron fue: "salvó a otros". ¿No le parece irónico que los enemigos de Jesús declararon al pie de la cruz que él era el Salvador? Usted puede estar seguro de que esa declaración dice la verdad, porque se lo dicen los enemigos de Jesús. Pero es también importante que dijeran que Jesús no se podía salvar a sí mismo. Eso también era verdad, pero no debido al motivo que ellos pensaban. El único hombre al que Dios no podía salvar y que, sin embargo, es tu Salvador, era su Hijo único. Dios lo entregó como sacrificio para lavar los pecados de todo el mundo (1 Juan 2:1–2).

Esto nos pone frente a la pregunta acerca del pecado imperdonable—la que en realidad nos hace temblar si la pensamos con seriedad. Quiero decir, ¿hay algo que en realidad sea tan malo que Dios no pueda o no quiera perdonar? ¿Es un pecado demasiado grave, incluso para el poder del evangelio? Ya hemos leído en Marcos 3:28 las palabras de Jesús: "En verdad os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y todas las blasfemias con que puedan blasfemar". Sin duda que esto nos parece una noticia evangélica maravillosa. ¡Una certeza tan definitiva!

Pero el versículo siguiente es preocupante. Marcos 3:29 dice: "Pero cualquiera que blasfeme contre el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es culpable de juicio eterno". Parecería que uno puede blasfemar contra Jesús y ser perdonado, pero no contra el Espíritu Santo. ¿Es que el Espíritu Santo es menos perdonador, tiene menos gracia hacia nosotros, o se ofende más fácilmente? No puede ser, ya que Jesús envió al Espíritu como su emisario personal para hacer volver al mundo hacia Dios (ver Juan 14–16).

Entonces, ¿cuál es el pecado imperdonable? Marcos lo explica con un breve comentario editorial en el versículo 3:30: "Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo". Desde luego, Jesús estaba lleno del Espíritu Santo. Su ministerio de sanidad y enseñanza llevó el mensaje del amor de Dios a los corazones de todos los que encontraba. Pero a algunos no les gustaba lo que Jesús decía, y combatían contra él. Aún eso está bien. Dios está dispuesto a escuchar a los que se oponen a él. Si no lo cree, lea Job, y varios de los Salmos, e incluso Apocalipsis (6:10). Dios puede aceptar si usted quiere argumentar contra él; en verdad, le da la bienvenida.

Pero el pecado imperdonable es más profundo, y llega de una manera tan sutil que no se nota. Consiste en resistirse a la obra del Espíritu Santo hasta el punto en que usted dice que su obra es la obra del Diablo. Ahora, eso sí es algo muy serio. ¿Por qué? Porque el Espíritu es el Enviado de Dios al mundo para guiarnos al arrepentimiento, para solicitarnos que volvamos a Dios. Nadie en su sano juicio quiere seguir al Diablo, así que si usted se convence a sí mismo de que la obra del Espíritu es la obra del Diablo, ya no escuchará más al Espíritu. Sus invitaciones caen en oídos sordos. No se trata de que Dios no llame más, sino de que el pecador ya no quiere oír.

Debemos tener cuidado. Dios ha pagado un precio inmensurable por nosotros. Ha dado a su Hijo único. Envía a su Espíritu para atraernos hacia él. Si desoímos esta gran oportunidad de salvación, ponemos en peligro nuestras almas (Heb. 2:3). El Señor Jesús extiende hacia usted y hacia mí sus manos desgarradas por los clavos, en este momento. "¡Mira mis manos!", nos dice (Juan 20:27). "No seas incrédulo, sino creyente". No necesitamos perdernos para siempre. El precio de nuestra salvación ya ha sido pagado por el único hombre a quien Dios no podía salvar.

Notas y referencias

1. Esta es mi propia traducción. La palabra todos, en Marcos 3:28, está en una posición de énfasis en el texto original griego, separada a una cierta distancia de la palabra pecados a la que modifica. Por eso la cursiva en la traducción.

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