Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 27 de mayo al 2 de junio, 2006
por Beatrice S. Neall
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
Dios ha provisto todos los medios para nuestra salvación. Cuando venimos a Jesús, arrepentidos, lo primero que él hace es perdonar nuestros pecados (1 Juan 1:9). Pero borrar la deuda causada por nuestros pecados no soluciona nuestros problemas. ¿Cuánto dinero tenemos en el banco si todas nuestras deudas son pagadas? Así que Jesús hace algo máshace un gran depósito en nuestra cuenta bancaria que está sin fondos. Acredita todos nuestros pecados en su propia cuenta y pone toda su justicia, es decir, su perfecta rectitud, en la nuestra (2 Cor. 5:21). De esta manera podemos presentarnos delante de Dios como si fuéramos perfectos. Esto es lo que se llama justificación.
En seguida empezamos una vida que consiste en caminar con Dios, que llamamos santificación. Nuestro progreso es generalmente ascendente, con algunos descensos por aquí y por allá. Pero surgen varios problemas. ¿Se detiene la justificación al momento de la conversión? Desde ese momento, ¿dependemos de nuestra santificación para ser salvos? ¿Qué pasaría si morimos antes de alcanzar la perfección? Debe ser que Jesús suple lo que nos falta con su propia perfección imputada a nosotros, de manera que, en él, todavía podemos presentarnos perfectos ante Dios. La justificación nos acompaña a través del proceso de santificación.
Pero a mi profesor de Biblia del colegio, Edward Heppenstall, este concepto le resultaba problemático. A medida que somos más y más rectos, ¿necesitamos menos la perfecta rectitud de Cristo? ¿Somos salvados en parte por nuestra propia rectitud y en parte por la perfecta rectitud de Cristo?
Bob Spangler, (ex editor de la revista Ministry) ofreció una buena solución: toda nuestra vidanuestros pecados, nuestros defectos, y también nuestras buenas obrasson cubiertos por la perfecta rectitud de Cristo. Ni siquiera nuestras buenas obras son suficientes para salvarnos. A la vista de Dios, sólo podemos ser perfectos si somos revestidos, o cubiertos, por la perfecta rectitud de Jesús. Al fin de cuentas, somos salvados por la justicia (o perfecta rectitud) de Cristo. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no es por obras, para que nadie de gloríe" (Efe. 2:78).
John Wesley, el gran evangelista que transformó la vida de Inglaterra, dijo lo siguiente al final de su sobresaliente vida: "Por muchos años he recorrido estas islas, mostrando a sus habitantes el camino de la salvación, pero, al mirar mi vida pasada, todo lo que pudo decir es que soy un pecador salvado por la gracia". Esta es la manera como todos nosotros tendremos derecho a entrar en el reino de Dios.
¿Qué papel juega el Espíritu Santo en nuestra salvación? Él es quien "nos convence de pecado, de justicia [o perfecta rectitud] y de juicio" (Juan 16:8). Nos convence de que somos pecadores; nos convence de que necesitamos la perfecta rectitud de Cristo; y nos convence de que podremos estar de pie en el juicio si nos cubrimos con esa perfecta rectitud. Este es el papel del Espíritu en la justificación.
Y también el Espíritu es el agente activo en la santificación. Es él quien mantiene nuestra unión vital con Cristo, la que nos permite crecer permanentemente a su semejanza. Aquí hay un misterio en lo referente a la Divinidadcuando tenemos a uno de sus miembros, los tenemos a los tres. Jesús prometió enviar al Espíritu Santo como su alter ego, su "otro yo" (Juan 14:16), y luego añadió esta promesa: "No os dejaré huérfanos, yo vendré a vosotros".
Sorprendentemente, él prosigue diciendo: "Si alguno me ama, obedecerá mis enseñanzas. Mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él" (v. 23). ¡El don del Espíritu Santo incluye la presencia de Jesús y su Padre! A través del Espíritu podemos tener una experiencia con el Padre y el Hijo en nuestras vidas.
La santificación involucra una relación estrecha con Jesússemejante a la unión de la vid con sus ramas. Somos parte de élla parte más amorosa, las ramas que llevan flores y frutos. Podemos producir frutos gracias a nuestra unión con éllos frutos del Espíritu y el fruto de almas ganadas para Cristo. Separados de Cristo languidecemos y morimos. ¿Pero de qué manera permanecemos en él? Jesús dijo: "Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que queréis y os será hecho" (Juan 15.7).
Aquí hay dos secretos sobre permanecer en Cristomeditar acerca de su palabra asombrosa, y luego pedir y recibir bendiciones del Señor. (En lenguaje liso y llano, esto es el estudio de la Biblia y la oración). La vida de Jesús da evidencias de santificación: debido a que él estaba en el Padre, y el Padre en él, las palabras que él hablaba y las obras que hacía venían con la frescura que procede del corazón de Dios (Juan 14:10).
En su memorable oración por los creyentes (Juan 17), Jesús describe la vida santificada como la unidad de la familia terrenal con la celestial. Primero, Jesús ruega que sus discípulos, aquí en la tierra, estén unidos entre sí como Jesús y su Padre celestial son uno (v. 11). Pero Jesús va aún más allá. La Trinidad no es exclusiva. Nos invita a entrar en la íntima comunión de la Divinidad"para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros.
Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado" (Juan 17:21, 23).
Jesús invita a sus seguidores a participar en la gran unidad de la Trinidadellos en nosotros y nosotros en ellos¡Qué imagen de la Iglesia Cristiana! Esta unidad nuestra con Dios, y entre nosotros los humanos, es la mayor evidencia para el mundo de que Jesús vino de parte de Dios (v. 23). La unidad con Dios no es sólo una experiencia personal sino corporativa. Jesús quiere que experimentemos la camaradería con él, no sólo en nuestra vida individual de estudio y oración, sino también en la comunión con otros creyentes. Los lazos más sólidos que los seres humanos podemos establecer, se forman cuando los corazones humanos se unen en la búsqueda de la comunión con Dios.
Pablo describe la santificación en términos exquisitamente bellosser "llenos con toda la plenitud de Dios" (véase su plegaria en Efe. 3:1419). A menudo me he preguntado qué es lo que esto significa. En Jesús mora "toda la plenitud de la Divinidad corporalmente". Pero nosotros no somos Dios. Cuando sigo leyendo el pasaje, llego a la conclusión de que significa tener intimidad con cada miembro de la Deidad. El Padre es la cabeza de toda la familia celestial y terrenal (v. 1415). El Espíritu morando dentro de nosotros nos fortalece con poder (v. 16). A través del Espíritu, Cristo mora en nuestros corazones (v. 17). A continuación, el apóstol enumera las cuatro dimensiones del amor de Cristo (anchura, longitud, altura y profundidad), señalando que al comprender la inmensidad de este amor somos "llenos de toda plenitud de Dios" (v. 19).
A través de esta intimidad con Dios es como el Espíritu obra dentro de nosotros para producir una vida nueva.
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