Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 20 al 26 de mayo, 2006
por Sakae Kubo
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
El estudio de la semana antepasada trataba sobre "los dones del Espíritu Santo", la semana pasada estudiamos "el fruto del Espíritu Santo". ¿Cuál es la diferencia entre estos dos efectos causados por el Espíritu, los dones y los frutos? Hemos notado, en la semana antepasada, que los dones incluyen manifestaciones especiales y ciertos poderes o habilidades, tales como profetizar, sanar, hacer milagros y hablar en lenguas. Estas son capacidades que se notan fácilmente desde el exterior.
Lo significativo acerca de los donesen contraste con el fruto del Espíritues que no tienen necesariamente un carácter ético o moral. En efecto, Pablo declara explícitamente que uno puede tener estos doneslenguas, profecía, conocimiento, fidelidadsin tener amor (1 Cor. 13:12). Y luego, en 1 Cor. 14, el apóstol reprende a los que no estaban usando el don de lenguas de una manera apropiada. En contraste con los dones, el fruto del Espíritu Santo es principalmente interno, de carácter moral y ético, y por esa razón Pablo señala que es mejor tener el fruto del Espíritu que sólo tener dones.
Al discutir el tema del fruto del Espíritu, Pablo hace un claro contraste entre éste y las obras de la carne que acaba de mencionar (Gál. 5:1621). Nótese la distinción que Pablo hace entre ambos: en un caso habla de "obras", y en el otro se refiere al "fruto". Las primeras enfatizan la cualidad de "hágalo-usted-mismo""fornicación, impureza, lascivia, idolatría, brujería, enemistades, peleas, celos, enojo, disputas, separatismos, envidia, ebriedad, orgías" (Gál. 5:1921). El fruto, por el contrario, destaca el resultado natural de estar conectados con el Espíritu. Si estamos conectados con el Espíritu Santo, entonces será natural tener frutos espirituales.
El singular, "fruto", en lugar del plural "frutos", pareciera indicar que el resultado de la obra del Espíritu es unificado, semejante, y uno solo. Algunos comentadores han señalado que el fruto es el amor, y que todas las demás cualidades son aspectos del fruto único que es el amor. Si bien eso puede ser verdad, parecería que Pablo habría usado una expresión diferente si hubiera querido decir eso.
Sea como fuere, sigue siendo verdadero que estas cualidades se parecen más a aspectos singulares de una sola joya. Resulta difícil pensar que si una persona tiene una de estas cualidades, ella o él no tendrá también las otras. Por ejemplo, si alguien tiene amor, podemos suponer que esa persona tiene también gozo, paz, paciencia, bondad, fidelidad, generosidad, buen trato y dominio propio.
Pablo describe el amor, en 1 Corintios 13:47, de la siguiente manera: "El amor es paciente, es bondadoso, no es envidioso, ni jactancioso, ni arrogante, ni rudo. No busca lo suyo propio, no es irritable ni guarda rencor, no se regocija en la injusticia sino en la verdad. Lo soporta todo, lo cree todo, lo espera todo y todo lo soporta". El amor está íntimamente relacionado con la paciencia, la bondad, la mansedumbre, la generosidad, la fidelidad y el dominio propio.
Al contrastar el fruto del Espíritu con las obras de la carne, Pablo destaca la transformación de carácter que experimentan los seguidores de Cristo. El apóstol los amonesta a usar su libertad, "sólo que no la usen como una oportunidad para la indulgencia propia, sino en servirse los unos a los otros por amor" (Gál. 5:1314). Las cualidades de carácter que se desprenden de la relación que los seguidores de Cristo tienen con el Maestro, están básicamente orientadas a regir sus relaciones con los demás.
De esta manera podemos entender que la primera de estas cualidades, el amor, no es tanto amor a Dios sino amor a los demás. No se trata de saber si tienen amor a Dios, sino dónde están sus énfasis. Lo mismo se puede decir de la palabra que aquí se traduce como "fidelidad". Es la misma palabra que en otros pasajes se traduce como "fe", pero en este contexto el énfasis está en las relaciones que uno tiene con los demás, de modo que la mejor traducción es "fidelidad".
Como ya hemos mencionado, Pablo podría haber querido decir que el amor es la suma de todas las cualidades que siguen, y 1 Corintios 13 así lo sugiere. ¿Qué es el amor, por lo tanto, si no todas las cualidades que siguen? Mediante su vida y enseñanzas, Cristo nos demostró cómo deberíamos amar. En el Sermón del Monte y en la parábola del buen samaritano, Jesús enseñó que el amor no debe estar restringido a ciertas fronteras étnicas, ni por sentimientos hostiles. El amor debe trasponer las barreras raciales y partidarias. Debe incluir al samaritano odiado y a nuestros peores enemigos. Si así lo enseñó, ¿cuánto más se debe aplicar esta verdad a nuestros vecinos, a nuestros hermanos de la iglesia y a los componentes de nuestra familia? Esto es lo que significa el término ágape.
Las siguientes dos partes del frutogozo y pazestán más orientadas hacia la vida interior, probablemente, que las otras. Sin embargo, ninguna de las dos deberían ser consideradas como cualidades de una vida cristiana que esté libre de tensiones y problemas. Los cristianos tienen paz y gozo a pesar de los problemas de la vida. Según Pablo, en Romanos 15:13, tanto la paz como el gozo están indudablemente ligadas con la esperanza cristiana. En Romanos 12:12, el apóstol dice: "gozosos en la esperanza", o según otras traducciones: "que la esperanza los mantenga gozosos".
Podemos tener gozo, no porque la vida ahora sea tranquila, sino porque sólo es temporaria. "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos" (2 Cor. 4:1718; 5:1).
Es así como Pablo pudo regocijarse en sus sufrimientos (Col. 1:24). Esta es una clase gozo más profundo que el efímero sentimiento de bienestar que tenemos cuando las cosas nos salen bien.
La paz está ubicada en esta lista entre el gozo y la paciencia. El gozo es interno, en tanto que la paciencia es externa. La paz pareciera ser un puente entre los rasgos internos y externos del fruto del Espíritu. Tiene una dimensión interna en el sentido del bienestar que es resultado de la gracia de Dios y de su perdón. Pero también tiene una dimensión externa. Pablo dice: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos" (Rom. 12:18). El cristiano debería "hacer todo lo posible para mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (Efe. 4:3). No sólo debería ser pacífico sino también pacificador (Mat. 5:9).
En griego hay dos palabras que expresan la idea de paciencia, hypomone y makrothymia. La palabra que se usa en este pasaje es la segunda. La primera significa perseverar con fidelidad, es decir, la habilidad de seguir adelante a pesar de las situaciones difíciles. Makrothymia expresa la idea de soportar, o sea, el aceptar ser afligidos por otros sin vengarnos, como Cristo. "Quien cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa a quien juzga justamente" (1 Ped. 2:23).
La idea de benignidad es usada en Romanos 2:4 en oposición a severidad. Pablo habla de las "riquezas de su benignidad", es decir, los actos abundantes del Dios de la graciasu paciencia, su perdón, sus bendiciones, y todo los bienes inmerecidos que él ha hecho por nosotros para guiarnos al arrepentimiento. La benignidad puede ser apreciada en los actos de la gracia de Dios, en su misericordia inmerecida, en las bendiciones que derrama sobre nosotros. El Espíritu actúa en nosotros para que mostremos esta misma benignidad hacia los demás. Pablo dice: "Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó en Cristo" (Efe. 4:32).
La bondad es muy similar a la benignidad. Ronald Fung se refiere a Rom. 5:7, donde el hombre bueno es comparado con el hombre justo, señalando que la bondad es benignidad que va más allá de hacer lo que es justo, de lo que haría el hombre justo. Pero a mí me parece que esto es benignidad. En ese caso, benignidad y bondad son la misma cosa.
Más bien, a mí me parece que la benignidad enfatiza al que recibe los actos de la gracia, a aquel a quien le es dada la bondad inmerecida, en tanto que la bondad pone el acento en la naturaleza de esa benignidad. Es decir, la bondad señala no tanto al receptor inmerecido sino a la bondad natural del que la otorga. Sea como fuere, es el otro el que se beneficia.
La fe es aquí un fruto, y no un don espiritual. Es el resultado ético, no la relación necesaria con Dios, ni la fe especialque es un don. Se trata de nuestra relación con los demás, es decir, nuestra fidelidad, nuestra confiabilidad, nuestra lealtad.
En Mat. 12:20 se describe a Jesús como aquél que "la caña cascada no quebrará, y el pabilo que humea no apagará". En la traducción del Nuevo Testamento de Eugene Peterson, El mensaje, este pasaje es traducido así: "Él no pisoteará los sentimientos de nadie, ni te arrinconará". La Versión Inglesa Para Hoy traduce: "Él será bondadoso con los débiles, y bueno con los desamparados". Ser bondadoso es ser considerado, tener tacto, ser suave, y paciente, especialmente con los más débiles, con los heridos y quebrantados, con los que son sensibles.
El dominio propio se refiere al control de los deseos e impulsos pecaminosos. No es un logro personal sino el fruto del Espíritu. Este es el fruto que nos guarda de producir las obras de la carne, tales como la fornicación, impureza, lascivia, enemistades, peleas, celos, ira, disensiones, divisiones, ebriedad, orgías. Estas son la mayoría de las obras de la carne, de manera que el dominio propio es una parte importante del fruto del Espíritu. Junto con los demás aspectos del fruto del Espíritu mencionados antes, el cristiano debería vivir de manera contraria a las obras de la carne.
Lo importante no es tanto que nos concentremos en producir el fruto del Espíritu, sino que poseamos al Espíritu y le permitamos producir el fruto en nuestras vidas. "Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu" (Gálatas 5:2425).
Ernest De Witt Burton. A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Galatians [Comentario crítico y exegético de la Espístola a los Gálatas]. Edimburgo: T. & T. Clark, 1921.
Ronald Y. K. Fung. The Epistle to the Galatians [La Epístola a los Gálatas]. Grand Rapids, Míchigan: Eerdmans, 1988.
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