Comentario sobre la Lección de la Escuela Sabática para la semana del 18 al 24 de marzo, 2006
por Daniel Schramm
(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)
Como un hábil abogado acusador, usted ha presentado el caso en forma sólida. Tiene pruebas suficientes para la sanción. En su mente: ¡culpable! En su psiquis, no existe justificación. De esta manera, borramos o echamos a la gente.
Sí, hay cristianos que hacen esto. El apóstol Pablo echó a Marcos porque no había terminado una gira misionera. Se produjo una disputa tan enconada que Pablo y Silas se fueron en una dirección mientras Marcos y Bernabé partieron en otra (Hechos 15:3740). Pablo se enojó mucho con Marcos. Gracias a Dios por los Bernabés del mundo, que animan y reconcilian. De lo contrario, probablemente no habríamos sido bendecidos con el Evangelio de Marcos en la Biblia. Más tarde, Pablo reconsideró su posición y se reconcilió: "Traigan a Marcos con ustedes, porque me es útil para el ministerio" (2 Tim. 4:11).
Desafortunadamente, sin embargo, los seres humanos tenemos la tendencia a disfrutar los casos de disputa. Nuestra justicia propia nos mantiene enfocados en nuestro punto de vista, en nuestro sentido de justicia, en nuestra ira (in)justa, y en nuestro lado de la historia (que creemos que es el único). "Nosotros estamos en lo correcto; los demás están equivocados: ¡Caso cerrado!"
Ninguna de las dos partes trata de hacer el primer movimiento. Muchos permanecen separados. Probablemente usted ha sufrido hasta la agonía por causa de algunas divisiones en su iglesia o en su familia. He soportado conflictos tan severos en una determinada congregación que oí a un dirigente de la iglesia decirle a otro: "¡Nos vemos en el infierno!"
Estas divisiones son extremadamente tristes cuando involucran a padres e hijos, especialmente cuando conducen a funerales llenos de remordimiento. ¡Heridas, dolor y pérdidas increíbles! Desafortunadamente, algunas personas que tienen muchos parientes sólo tienen un sentido escaso de familia, porque se han disgustado y han "borrado" a la mayoría de sus familiares.
Los dos últimos versículos del Antiguo Testamento hablan sobre esta necesidad de reconciliación. Malaquías 4:67 dice que Dios "volverá los corazones de los padres hacia los hijos, y los corazones de los hijos hacia sus padres.
"
Debe notarse que el texto dice primero que los padres serán vueltos hacia los hijos. Algunos suponen que los hijos o los jóvenes son "el problema". Sin embargo, ¿podría ser que la alienación se haya originado en los adultos, en los padres, y otros miembros de la iglesia? Una vez que los adultos experimentan un cambio de corazón, los hijos son afectados positivamente. Esto también ocurre al revés. Alguien necesita rendir su orgullo para iniciar la reconciliación.
¿Ha "borrado" usted a alguien? En ese caso, usted puede elegir superar su brillante caso, experimentar la transformación del corazón, y reclamar la promesa de reconciliación de Malaquías. Dios lo llama a usted para que dé el primer paso. Nuestro perdón depende de que nosotros perdonemos a los demás (Mat. 6:12).
Dios creó el mundo por medio del lenguaje. "Porque él dijo y fue hecho; él mandó y existió" (Sal. 33:9). Habiendo sido creados un poco menores que Dios (no que los ángeles, según el hebreo de Sal. 8:5), nosotros creamos el futuro por medio de nuestros pensamientos y acciones. Puede ser que usted no sea capaz de cambiar sus sentimientos hacia alguien, pero sí puede elegir pedirle a Dios que transforme sus pensamientos, palabras y acciones. Usted puede elegir su respuesta cuando alguien lo trata con injusticia. Usted puede decidir deponer su ira y buscar una actitud más saludable. Usted puede crear un futuro diferente mediante el pensamiento y el lenguaje.
Dios quiere que andemos por un camino de crecimiento continuo. Cuando erramoslo cual nos sucede con frecuenciaDios quiere que nos volvamos hacia el crecimiento, reconciliándonos con aquellos que nos han herido y orando por ellos; y eligiendo las respuestas apropiadas.
El mayor aspecto de nuestra vida que necesita reconciliación puede ser el de nuestros pensamientos. Muchas personas permiten que sus pensamientos estén llenos de sentimientos no saludables, airados, amargos y de reproche hacia los demás.
La reconciliación comienza en nuestros pensamientos. Si nuestros pensamientos hacia nosotros mismos y hacia los demás no son elevadores, necesitamos la ayuda de Dios para cambiarlos sistemáticamente. El mejor barómetro para determinar la calidad de nuestras relaciones es la calidad de nuestro pensamiento. La mejor medida para determinar la calidad de nuestro pensamiento es cómo nos sentimos generalmente por dentro. Si la mayoría de las veces nos sentimos contentos, entonces es muy probable que nuestros pensamientos estén en armonía con ese sentimiento. Sin embargo, si por lo general nos sentimos enojados, ansiosos, deprimidos, solitarios, criticones, etc., este es un buen barómetro indicador de que tenemos hábitos de pensamiento que necesitan ser modificados.
Tanto en nuestra relación con la familia, los amigos, o los compañeros de trabajo, podemos elegir permanecer en la misma ruta mental o bien dar pasos conducentes hacia una transformación. Los milagros están esperando a aquellos que se atrevan a dar el primer paso. Haga ese llamado telefónico, haga esa visita, envíe ese e-mail, o haga esa oración buscando la reconciliación. Es posible que el otro le escuche. Podría ser que, siendo realistas, ello difícilmente ocurra, sin embargo esté atento y abierto a la posibilidad de que el otro escuche. No hay nada más grande que ver a los enemigos transformándose en amigos. Esta es la razón por la que la Biblia enfatiza tanto el amor, incluso hacia nuestros enemigos (Mat. 5:48).
Perdonar no significa que debamos confiar en la gente, especialmente en el caso de abuso. Pero perdonar nos ayuda. Hay muchos beneficios que resultan de perdonar. Pagamos un enorme precio por aferrarnos al resentimiento. C. Everett Koop, el anterior Cirujano General de los EE.UU. dijo que "cerca del 80 por ciento de todas las enfermedades que se atienden en la consulta de un médico son causadas por estrés emocional o bien serán agravadas de manera importante por causa de diferentes agentes estresares".1
Los problemas familiares permanentes se relacionan con las hormonas que se liberan en el cuerpo, causan un descenso en el número de células blancas en la sangre, un descenso de los anticuerpos, y aumentan la vulnerabilidad ante todo tipo de enfermedades infecciosas, incluyendo el cáncer inducido por virus, las migrañas, úlceras, colitis, dolores musculares, bronquitis, neumonías, enfermedades cardiovasculares, enfermedades mentales, y otros desórdenes, sin excluir la muerte.
Perdonar es una actitud sabiaen verdad es crucial para la salud humana. Perdonar no significa necesariamente olvidar, ni reconciliarse. "El perdón es unilateral. Es algo que podemos hacer solos. La reconciliación requiere la participación del otro. No podemos producirla solos, no importa cuánto esfuerzo hagamos".2 De esta manera, perdonar a alguien no quiere decir que nos vamos a reconciliar o volver a estar junto a esa persona.
Otra cosa que debemos considerar es que "el perdón superficial conduce sólo a reconciliaciones artificiales".3 Esta es una manera sutil de "borrar" a las personas. Sin embargo, siempre es sabio (aunque a menudo es difícil) procurar el perdón. Trae un alivio muy dulce, junto con la posibilidad de que ocurra el milagro de la transformación.
1. David Stoop y James Masteller, Forgiving Our Parents, Forgiving Ourselves [Perdonando a nuestros padres, perdonándonos a nosotros mismos] (Ann Arbor, Mich.: Editorial Servant, 1996), 8.
2. Ibid., 263.
3. Ibid., 270.
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