1
| 2 | 3
| 4 | 5
por Keith Augustus Burton
Me pregunto cuántos lectores de Elena White se sienten tan encolerizados como yo al leer lo que ella escribió acerca de los efectos de la maldición de Noé sobre las sucesivas generaciones de los descendientes de Ham. Estas no son declaraciones ignorantes procedentes de la pluma de la profetisa. Conocedora del espíritu de su época, ella sabía perfectamente cómo sus lectores interpretarían sus palabras. Probablemente había leído Genesis 9:2527 muchísimas veces, y con todo no pudo romper las cadenas que la ataban a la interpretación racista que aprendió de sus contemporáneos.
Elena White no es, de manera alguna, una anomalía. Para leer un texto, todos usamos los anteojos provistos por nuestras experiencias y nuestra cultura. Si bien una lectura culturalmente sofisticada a veces resulta ser no más que un ensueño autobiográfico de un grupo social particular, los prejuicios que aportamos al proceso interpretativo no siempre nos alejan del significado del texto. Como lo demuestra la compilación de trabajos editada por Fernando Segovia y Mary Ann Tolbert (Reading from My Place, Leyendo desde mi posición), a veces la perspectiva social del intérprete puede ser valiosa en la búsqueda del significado que el autor tuvo en mente.
Aceptación Pasiva
Si no me hubieran invitado a participar en este panel, probablemente nunca hubiera reflexionado acerca de mi peregrinación en mis encuentros con las Escriturasparticularmente con Pablo. Fui criado en un hogar donde la Biblia ocupaba un lugar central en nuestra existencia. Leer la Biblia era algo que toda la familia hacía antes del desayuno y después de la cena. También se nos amonestaba a leerla por nuestra cuenta, y cada uno de nosotros ansiábamos que llegara la navidad en que se nos recompensara con el regalo de una Biblia ilustrada de la versión King James, de tapa dura, publicada por Collins.
No recuerdo si fue en esa Biblia particular, pero recuerdo sentirme atraído por dos ilustraciones que contenían personajes bíblicos negros. Como un joven en busca de su identidad, esto era importante para mi. Se trataba de la escena del bautismo del eunuco etíope, y la del esclavo Onésimo retornando a la casa de su amo, Filemón. ¿De qué otra manera podía imaginarse a un esclavo? ¿Acaso no eran todos los esclavos negros? Mi lectura de lo que Pablo dice de los esclavos también era ingenua. La verdad es que no recuerdo haberle prestado atención. Vivía en un ambiente en que la raza había infiltrado todas las instituciones. No había pastores negros, doctores negros, abogados negros, maestros negros. El padre de un primo mío era dueño de un negocio: vendía trastos viejos usados.
Resistencia activa
En 1974, mis padres me mandaron a Jamaica para una vacación de seis semanas. Era la recompensa por haber hecho muy bien en mis estudios de piano. Ese viaje cambió mi vida
para siempre. Nunca antes había estado en un mundo de negros. Repentinamente, me di cuenta de quien era. Volví a Inglaterra una persona distinta.
La música clásica que había facilitado que fuera elegido entre diez hermanos para hacer el hermoso viaje ahora me era detestable. Beethoven, Brahms y Tchaikovsky ya no me interesaban, y me quedé absorto con Bunny, Bob y Toots. Reggae me fascinó, y los escritos de Pablo eran cualquier cosa menos atractivos. No quería oír a alguien decir: "Esclavos sed sumisos". Era hora de que me levantara, me parara derecho y defendiera mis derechos. No quería oír del "tesoro en vasijas de barro". Ahora era "un africano verdadero esperando ser repatriado".
Aceptación con conocimiento
Años más tarde, algunos sucesos sobrenaturales me hicieron responder al llamado que Dios me estaba haciendo. Aún después de haber comenzado mis estudios académicos con miras al ministerio, estaba decidido a mantenerme a distancia prudencial de ciertos textos de Pablo. No me molestaban las prescripciones de Efesios 5, pero no había razón alguna que me llevara al capítulo 6. No puedo decir exactamente qué sucedió, pero por alguna razón me sentí atraído a Pablo como persona. En realidad, se lo que sucedió. Me había impresionado el amor que mi padrino académico, James H. Melancon, le tenía a Pablo. Tal como lo dice el canto de la "Ole Time Religión" (La religión de los viejos tiempos), si Pablo era bueno para el pastor Melancon, tenía que ser también bueno para mi.
Conciente de mi mal funcionamiento cognoscitivo, empecé a buscar la manera de librar al apóstol de los gentiles de la mano pesada de aquellos que lo usaban para imponer sus ideas como ideas de Pablo. Al principio, me mantuve a cierta distancia, explicando las enseñanzas paulinas, algo místicas, de la salvación. Ellas me daban mucho de que hablar en mis sermones. "El tesoro en vasijas de barro" ya no era considerado como un ensueño escapista, sino como la base de la fe que animaba a mis antepasados.
Cuanto más estudiaba a Pablo, tanto más crecía mi admiración por ese hombre. No era uno más entre los que se beneficiaban del sistema. Era un subversivo radical que irritaba al sistema. Sabía cómo hacerle frente a los hipócritas, como a Pedro en Antioquia. También sabía ser diplomático, como con los participantes de disputas en Roma (Romanos 14:115:13).
Mi admiración por Pablo salió a relucir en mi tesis de Magíster, que trata del contexto social de la iglesia en 1ª de Pedro, pero incluye un examen de los haustafel (códigos domésticos) en Colosenses y Efesios. No tardé en darme cuenta que cuando se los compara con códigos similares en Aristóteles y otros autores contemporáneos, la versión paulina es modestamente liberadora. Cuando tuvo que confrontar la esclavitud, que era el fundamento económico del imperio, él no sólo le dio instrucciones a los esclavos, sino también a los amos, y al instruirles y recordarles que ellos también eran esclavos estaba transgrediendo convenciones sociales (Col. 4:1, Ef. 6:9).
Después de haber entendido las instrucciones de Pablo a los esclavos en su contexto social, no pude menos que revisar su carta a Filemón acerca de Onésimo. Con mis nuevos lentes pude ver que Pablo en realidad pensaba que Filemón debía emancipar a Onésimo, el esclavo que se le había escapado (Filemón 1314). Esto era exactamente lo opuesto de lo que permitía la ley: la sentencia de muerte. Al descubrir a Pablo en su contexto social, no me causaba ningún problema escuchar lo que Pablo "en verdad" le decía a los esclavos en 1 Corintios 7:21: "Si tienes la oportunidad de conseguir tu libertad, aprovéchala"!
Conclusión
La retórica de Pablo hizo eco en mis razonamientos, y elegí la libertad en vez de la esclavitud. No sólo la libertad del poder del pecado en mi vida, sino también la libertad de las interpretaciones de las Escrituras que oprimen a las almas. Pablo no es un misogenista intolerante que no considera los derechos de las mujeres; es una voz profética que ordena a los esposos a amar y agradar a sus esposas (Ef. 5:2529). Pablo no es un miembro acreditado del Ku Klux Klan que quema cruces en el patio de las iglesias; es un promotor de la unidad racial para quien la humanidad es una en Cristo (Gálatas 3:2829). Pablo no es un tradicionalista rígido que sólo ve en blanco y negro; es un ser humano sensitivo que comprende que la fe de cada individuo es entre esa persona y Dios (Romanos 14:22).
Todavía hay cosas en los escritos de Pablo que son difíciles de entender, pero me causa gran alegría que, como persona, Pabloel que parecía ser egipciono es difícil de entender.
(Keith Augustus Burton, evangelista y teólogo, es el presidente de Life Heritage Ministries [Ministerios La Herencia de Vida] con sede en Alabama)
(Traducido por Herold Weiss)
comparta este artículo
|