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Descubriendo a un Pablo multicultural [3]

Leyendo a Pablo como un Varón, Blanco, Estadounidense Adventista
por John Brunt

Represento la perspectiva de un varón, blanco, estadounidense. En realidad, la manera en que leía (o no leía) a Pablo cuando era niño tenía más que ver con un sub-grupo de esa cultura, mi contra-cultura adventista. Donde yo me crié—Glendale, California en la década de los 50—no existía la diversidad racial o étnica. Mi mundo estaba dividido en dos grupos básicos: adventistas y no-adventistas. Después de salir de la escuela jugaba en el barrio con otros niños no-adventistas, pero sabía bien que eran distintos. Iban al cine, comían carne y asistían a los partidos de futbol de la escuela secundaria los viernes de noche. Cuando se anotaba un gol en uno de esos partidos, podía oir la gritería desde mi casa, y recuerdo haberme sentido culpable por haber querido saber cuál equipo estaba ganando.

La Biblia ocupaba un lugar central en la vida de mi hogar, pero la manera en que la leíamos me impedía leer a Pablo. Durante los años desde que entre a la clase de Cuna hasta que terminé la escuela primaria, la Biblia era una fuente de cuentos—lindos cuentos—cada uno con una moraleja que debíamos aprender para vivir bien. Mi vida fue forjada por estos cuentos, y estoy muy agradecido a las muchas maestras de escuela sabática y de escuela primaria que me los enseñaron. Las cartas de Pablo, al contrario, no tienen muchos cuentos. Por lo tanto, me enseñaron cuentos de Pablo narrados en Los Hechos de los Apóstoles. No me recuerdo haber leído a Pablo durante esos años. Recuerdo bien que en séptimo grado tuve que memorizar la ruta de los tres viajes misioneros de Pablo y de su viaje a Roma. Podía recitar de memoria, Iconio, Listra, Derbe, etc., etc., pero no tenía ni la menor idea del contenido de Gálatas o Filipenses.

Cuando comencé mis estudios en la escuela secundaria, pusimos de lado las cosas de niños y los cuentos fueron reemplazados por "textos claves". Estos textos bíblicos mantenían las doctrinas adventistas y los estudiábamos para estar siempre listos a dar razón de la esperanza en nosotros. La Biblia era vista como una unidad. No importaba si el texto clave venía de Eclesiastés ("los vivos saben que han de morir, mas los muertos nada saben"), o de Apocalipsis ("el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía"); ellos nos daban "la Verdad".

Unos cuantos de estos textos eran de Pablo. El más importante era Romanos 3:31 ("¿Anulamos, entonces, la ley por la fe? De ninguna manera. Antes establecemos la ley"). También estudiamos los textos acerca de la segunda venida de 1 Tesalonicenses 4 y 1 Corintios 15. Pero no "leíamos" a Pablo, y yo seguía sin tener la menor idea del contenido de Gálatas y Filipenses.

Cuando entré a la universidad finalmente me hicieron "leer a Pablo". Tuve grandes maestros como Royal Sage, Walter Specht y Fritz Guy. Mi trasfondo adventista sin duda estableció los contornos de mi lectura. Tuve padres adventistas admirables, y nunca me sentí oprimido por mi adventismo. Pero la visión teológica con que me había formado contenía suficiente legalismo como para que me sintiera liberado por el énfasis paulino de la gracia. Tuvo ese impacto existencial que puede ser entendido sólo por aquellos que se han sentido liberados de un pasado legalista por el evangelio de la gracia.

Más tarde en mis estudios doctorales profundicé mis conocimientos de la civilización romana y pude comprender el aspecto político del mensaje de Pablo, el cual no había captado antes. Leyendo a Stendahl tuve que reconocer que había interpretado a Pablo usando como clave el individualismo occidental moderno. Entendí mejor entonces la sociedad más comunitaria a que perteneció Pablo y ví las dimensiones sociales de su mensaje.

No fue hasta el día en que me encontraba dando consejería matrimonial a una pareja constituida por una estadounidense blanca y un joven de Samoa que finalmente comprendí cuán diferente es el individualismo norteamericano de una cultura comunitaria. Con todo, si bien Pablo vivió y se formó por una cultura muy diferente a la mía, es importante ver que él también criticó su cultura.

Finalmente, debo admitir que aún esta evaluación de cómo mi cultura ha influenciado mi lectura de Pablo también está, por lo menos en parte, influenciada por ella. Por lo tanto, quiero saber cómo otros desde otras culturas evalúan esta evaluación.

(John Brunt es el pastor de la iglesia adventista Azure Hills en Grand Terrace, California)

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