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Sábados neotestamentarios
Por Herold Weiss [2]

Es desconcertante comprobar que en las epístolas del nuevo testamento la palabra sábado aparece sólo en la epístola a los Colosenses. Evidentemente, la referencia es polémica. El autor de la epístola defiende la observancia del sábado ante otros cristianos que la consideran innecesaria. El texto dice: "Por lo tanto, no dejéis que ninguno os juzge por lo que comen o beben, o por la observancia de festivales, novilunios o sábados, que son la sombra de lo por venir. Al contrario, dejad que juzge el cuerpo de Cristo (por motivo de lo que comen o beben, o por la observancia de festivales, novilunios o sábados)" (2:17). En este caso lo que se disputa no es cuáles actividades son lícitas en sábado, sino si es necesaria su observancia. El resto de la epístola deja claro que todos los participantes en el debate están preocupados por alcanzar la perfección. Siendo éste el caso, es sorprendente que no se hace mención alguna de la ley. Esto inmediatamente nos deja saber que nos encontramos en un universo simbólico distinto. El autor explica que el sábado no es una ley del pasado, sino una anticipación de lo por venir. El sábado proclama la realidad de algo que en el presente es sólo una sombra.

El autor usa la cadena caléndrica "festivales, novilunios y sábados", sólo para darle a la observancia de las fiestas judías un punto de referencia cristiano. Estas celebraciones son la sombra de lo por venir. Esta designación concuerda con la importancia del futuro en el argumento de la epístola. En ella se define al evangelio como "Cristo en vosotros es la esperanza de gloria" (1:27) y se anticipa no solamente la pronta aparición de Cristo en gloria, sino también la manifestación de los santos en gloria. Aquí se le da a la celebración de las fiestas anuales, mensuales y semanales del judaísmo un nuevo punto de referencia. Son un anticipo de la gloria por venir. Es de notar que el universo simbólico de la epístola es también universalista en su perspectiva de la salvación. Pero en vez de concentrar su universalismo en el juicio, lo aplica a la plenitud de la divinidad en el Cristo resucitado. Como el primogénito de los muertos, El ha traído la paz al universo e integrado todas las cosas en UNA. En la cruz el cuerpo cósmico de Cristo fue hecho perfecto, de la misma manera que la circuncisión, según el punto de vista de aquel tiempo, perfeccionaba el cuerpo del varón. En su cuerpo cósmico la creación ha sido reconstituida. Ya existe un nuevo orden universal donde reina el amor, y en el cual en el futuro los santos han de vivir en gloria. El sábado es la sombra terrenal que en el presente nos anuncia la existencia de una realidad cósmica pronta a ser manifestada. El autor escribe: "vuestra vida está ahora escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también apareceréis con él en gloria" (3:3b–4). Esta visión del universo como una entidad corporal con partes visibles e invisibles viene de la filosofía helenística.

En este marco simbólico, la cruz de Cristo ya ha traído la paz al mundo. Todos los principados, poderes, dominios, potestades y señores del universo han sido integrados al cuerpo del Cristo crucificado y resucitado. El es la cabeza de la Pleroma cósmica y, al mismo tiempo, la totalidad de todas las cosas en sí mismo. En anticipación de la aparición de la cabeza divina del primogénito de los muertos, los cristianos observan el sábado para confesar que su salvación ha sido efectuada. La perfección es alcanzada al participar en el cuerpo de Cristo perfeccionado en la cruz (su circuncisión), y no por la observancia de la ley.

La contienda entre los cristianos de Colosa tiene que ver, en su primera instancia, con la interpretación del significado de lo que Dios hizo en la cruz de Cristo, y para los participantes en este debate la ley no juega ningún rol. Para el autor de la epístola, el significado de la cruz de Cristo es que perfeccionó al cuerpo de Cristo y ahora su cuerpo resucitado, cósmico, unifica la creación y trae la paz. En otras palabras, estos cristianos no están preocupados por el conflicto entre el bien y el mal, que es central al universo apocalíptico. Los principados, poderes, tronos y dominios del aire ya se han reconciliado con Cristo (2:10). El ya es la cabeza de toda autoridad y dominio (2:10). El universo dualista del apocalipticismo no se encuentra aquí. Los humanos que buscan la perfección no deben perder tiempo en prácticas ascéticas. Mejor es que se unan místicamente al cuerpo cósmico de Cristo crucificado y resucitado. La observancia del sábado anticipa la gloria de la vida que se manifestará cuando Cristo aparezca en gloria, de la misma manera que una sombra anticipa la aparición del cuerpo que la proyecta (2:17).

Por medio de estos dos ligeros bosquejos de maneras en que los primeros cristianos entendieron el sábado deseo demostrar dos cosas. Una es que el cristianismo primitivo no fue un movimiento en el cual todos entendían de la misma manera el significado de "lo que había ocurrido entre ellos", parafraseando al autor de Hechos de los Apóstoles. La otra es que la Biblia no es transparente. Para entenderla hay que identificar el universo simbólico de los diferentes autores que la escribieron. El cristianismo no fue hecho de una pieza de género hilada en el cielo. El nuevo testamento evidencia los diferentes marcos culturales dentro de los cuales los primeros cristianos entendieron "lo que habían visto y oído". Estas diferencias testifican del poder y las limitaciones de todos los artefactos humanos, y argumentan que nuestros esfuerzos por promover un diálogo transcultural con el evangelio son altamente legítimos. Los escritos del nuevo testamento demuestran que hay más de una manera de observar el sábado consecuentemente dentro de los universos simbólicos provistos por nuestras propias culturas.


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