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La cultura y el adventismo:
Europa y los Estados Unidos como ejemplo
por Reinder Bruinsma [3]

La cuestión de cuánta diversidad es tolerable no es fácil de contestar. Si se trata de diversidad cultural, teóricamente al menos, pareciera que la tolerancia requerida tiene que ver con cuestiones prácticas y no con preocupaciones teológicas o filosóficas.

La diversidad en materia teológica es una cuestión aparte. Pienso que un buen grado de diversidad teológica es inevitable y beneficiosa. Es inevitable debido a las diferencias en los trasfondos culturales y educacionales y a que se nos ha dado el divino regalo de pensar libremente. Es beneficiosa porque sin un diálogo interno—y sin una búsqueda continua de un mejor entendimiento de lo que cree—la iglesia dejaría de ser un cuerpo vivo y se convertiría en el museo de una corriente particular del pensamiento en el siglo diecinueve.

La pregunta no es si la diversidad—en particular la diversidad teológica—es tolerable, sino cuánta diversidad puede existir sin poner en peligro la unidad de la iglesia. La cuestión, entonces, es, ¿a qué proporción de la teología adventista deben dar asentimiento todos los miembros de la iglesia, y qué proporción puede ser considerada discrecional sin arriesgar un cisma o una fragmentación peligrosa?

¿Es imprescindible dar asentimiento a las veintiocho creencias fundamentales para poder ser considerado un miembro de iglesia en regla? ¿Qué decir de otros puntos de vista tradicionales de los adventistas no mencionados en las veintiocho creencias fundamentales, pero que son considerados "pilares de la fe" por muchos en la iglesia? Si bien algunos no quieran admitirlo, en la práctica pareciera que la iglesia actúa a base del principio que no todas sus doctrinas tienen la misma importancia.

El espacio no me permite presentar aquí una curiosa taxonomía de las creencias que a veces es evidente. Por ejemplo, una persona que niega la doctrina de la trinidad, o mantiene ideas heterodoxas de la pre-existencia de Cristo, o de la expiación, generalmente tiene menos problemas que una que confiesa cierta flexibilidad acerca del significado de 1844.

Indudablemente, determinar cuáles son las doctrinas absolutamente esenciales para el mantenimiento de una identidad adventista es materia subjetiva. Me pregunto si la taxonomía de las doctrinas propuesta por George Lindbeck, un distinguido historiador de teología, nos pudiera servir como punto de partida.32

Según Lindbeck, las doctrinas pueden ser clasificadas en tres categorías: (1) doctrinas a las que se adhieren todos los cristianos universalmente; (2) doctrinas a las que se adhieren los miembros de una o varias iglesias, dándoles identidad teológica, y (3) doctrinas mantenidas por miembros de un cuerpo eclesiástico con diferentes grados de apoyo oficial.

Si fuéramos a categorizar a las creencias fundamentales y otras perspectivas y prácticas de la iglesia adventista de acuerdo con la taxonomía creada por Lindbeck, podríamos argumentar que las doctrinas en las categorías uno y dos deben ser sostenidas por todos los que desean identificarse como adventistas del séptimo día, pero que se puede tolerar bastante variedad en la manera de ver las doctrinas en la categoría tres.

Tengo plena conciencia de que no sería fácil llegar a un acuerdo en cuanto a esto. Algunos estarían dispuestos a clasificar las creencias fundamentales en diferentes grados de importancia y a evaluar a algunas menos importantes que otras. Otros estarían en contra de tal clasificación y argumentarían que hacerlo pondría a la iglesia en la ladera resbalosa que la dejaría sumida en un completo relativismo.

Para bien o para mal, a mi me parece que la seria consideración de las alternativas no puede evitarse. Muchos adventistas se preguntan por qué generaciones previas de miembros podían serlo de buen nombre con muchas menos creencias fundamentales de las que tenemos ahora y, sin embargo, confrontaron constructivamente mucha más diversidad de la que muchos están dispuestos a considerar hoy en día.

En conclusión, permítanme sugerir algunas perspectivas que pueden ayudar a construir puentes entre los diferentes segmentos de la iglesia adventista y hacer posible que líderes y laicos confronten constructiva y positivamente la diversidad que existe en ella. Repito, como adventista europeo, mi atención se concentra en la situación en Europa.

Uno

Es importante recordar que el cristianismo ha sido altamente diverso desde su comienzo, no importa si es que hablamos del cristianismo del primer siglo, el cristianismo medieval, o de la era de la reforma luterana.33 Pocos adventistas toman esta realidad suficientemente en serio.

En sus comienzos, el adventismo también fue mucho más diverso de lo que muchos adventistas ahora piensan. Me parece que sería apropiado que en nuestras publicaciones y en nuestra predicación le diéramos más énfasis a esa diversidad. Esto facilitaría que los miembros entiendan que la iglesia se ha caracterizado por su considerable flexibilidad.

Dos

Muchos temen los cambios. Esta es una característica que se aplica tanto a los adventistas como a cualquier persona. Es importante educar mejor a la membresía de la iglesia acerca de la realidad de los cambios—incluyendo cambios doctrinales—que ocurrieron en nuestro pasado.34 Hacer esto ayudaría a que los miembros acepten cambios más fácilmente.

Nuestras universidades debieran introducir en el programa de estudios de futuros pastores cursos que les adiestren a ser facilitadores de cambios. El editor de la revista Adventist Review [La revista adventista], William Johnsson, a propuesto que la iglesia necesita una perspectiva bíblica de los cambios y, si es posible, aún una teología de los cambios.35

Tres

Hay que darle más énfasis a la legitimidad de la contextualización.36 Si bien los profesores de misiología y los dirigentes con preocupaciones intelectuales han venido a aceptar la necesidad de la contextualización a diferentes culturas, en el laicado persiste gran confusión acerca de la diferencia entre forma y contenido. Debiera hacerse un esfuerzo concertado que haga evidente a todos los miembros la importancia del papel de la cultura.

Hay que ayudar a los laicos a entender que en la interpretación de los textos bíblicos debe tomarse en cuenta la envoltura cultural en que viene empacado el mensaje. Hay que ayudarles a entender que el mensaje original debe ser re-traducido al lenguaje corriente y re-empacado de una manera culturalmente relevante sin que el mensaje sufra distorsión alguna.

La mayoría de los adventistas laicos europeos no están concientes del grado en el que el mensaje adventista ha sido empacado en la cultura norteamericana. Tampoco se dan cuenta de que gran parte de la envoltura puede ser descartada y remplazada por envolturas europeas más apropiadas a su contexto cultural. Esto significa que la europeización del adventismo no es solamente legítima sino también esencial, si es que la iglesia desea alcanzar al público necesitado de su mensaje.

Cuatro

Más específicamente, la iglesia debe ser animada a confrontar las realidades de la diversidad de una manera constructiva y original, en un diálogo continuo con diferentes segmentos de la membresía en las iglesias locales. A la vez que se mantiene fiel a sus valores y doctrinas esenciales, el adventismo debe ser presentado de una manera que es culturalmente atractiva. La resultante diversidad será a veces problemática, pero tratar de oprimirla resultaría en un peligro aún mayor. Las generaciones presentes y las futuras simplemente optarían por abandonar la iglesia si ella no se involucra con las realidades de la vida local.

Cinco

Finalmente, es importante hacer que los dirigentes de la iglesia vean la necesidad de resistir la tentación de prescribir globalmente por medio de pólizas decretadas en el manual de la iglesia y otros documentos oficiales que no paran de expandirse. Los dirigentes de la iglesia al más alto nivel debieran limitarse a definir los principios fundamentales de mayor importancia, dejando que las entidades eclesiásticas que conocen mejor las culturas en las cuales funcionan se encargen de decidir cómo éstos han de ser actualizados localmente.

Sin duda, los educadores adventistas han de cumplir una función decisiva en hacer que los miembros estén conscientes de esta cuestión, especialmente dado que trabajan en un ambiente de marcada diversidad, donde maestros y alumnos vienen de muy variadas culturas. Su agenda no debiera ser cómo hacer que la diversidad sea mínima. Al contrario, debieran tener una visión clara para patrocinar un ambiente en el cual personas de todas las naciones—sin importar su trasfondo cultural o étnico—alegremente permiten la diversidad teológica en un grado significativo a la vez que se mantienen unidas sobre la base firme de verdades esenciales y adoran a Dios con ritos que son culturalmente confortantes.

(Traducido por Herold Weiss, con la asistencia de Roberto Carbonell)

Referencias

32. George A. Lindbeck, The Nature of Doctrine: Religion and Theology in a Postliberal Age [La naturaleza de las doctrinas: la religión y la teología en una era posliberal] (Louisville, Kentucky: Westminster John Knox, 1984), 84–88; Robert C. Greer, Mapping Postmodernism: A Survey of Christian Options [Cartografía del postmodernismo: una consideración de las alternatives cristianas] (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 2003), 170–75.
33. Ver, por ejemplo, Walter Bauer, Othodoxy and Heresy in Earliest Christianity [La ortodoxia y la herejía en el cristianismo más temprano]; edición revisada (London: SCM Press, 1972).
34. Ver Knight, Search for Identity [La búsqueda de identidad], y Schwartz y Greenleaf, Light Bearers [Portatadores de luz], 160–74; 607–47.
35. William G. Johnsson, The Fragmenting of Adventism [La fragmentación del adventismo] Boise, Idaho: Pacific Press, 1995), 120.
36. Al correr de los años, Elena White paulatinamente vino a entender la necesidad de adaptarse a la cultura. Ver Borge Schantz, "Development of Seventh-day Adventist Missionary Thought: Contermporary Appraisal" [El desarrollo del pensamiento misionero adventista del séptimo día: una evaluación contemporánea] (tesis doctoral, Fuller Theological Seminary, 1983), 677–704, y Meredith Jones, "Ellen G. White’s Attitudes to Cultural Differences as Revealed in her European Counsels" [Las actitudes de Elena G. de White para con las diferencias culturales manifestadas en sus consejos a europeos] (inédito, 1979).

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