Cómo sacarle gusto al relato al no dejar que la alegorización se lo trague
por Chris Oberg
(5 de agosto 2005)

He tratado de saborear la historia de Naamán en 2da. de Reyes 5 y de resistir el impulso a resumir, dar conclusión, o reducir el relato a una moraleja antes de que el mismo haya tenido la oportunidad de haberse dejado oír o ser re-imaginado. Resistir la simplificación va contra la corriente de nuestra tradición cristiana. Merecemos que se nos tilde de ser impacientes, prematuros y, a veces, interesados al presentar los relatos bíblicos. ¿Por qué estamos tan deseosos de repetir la misma conclusión una y otra vez? Es como decir "Amen" antes de haber escuchado el sermón, o aplaudir antes de la conclusión, o dejar de escuchar antes de que se complete el chiste porque ese ya lo sabemos.

Peter Hawkins, catedrático de la Universidad de Boston, considera que este hábito "allana" el Antiguo Testamento. El proceso puede ocurrir de por lo menos dos maneras. Algunas veces asumimos que los relatos veterotestamentarios son anticipos de eventos en el Nuevo Testamento y por lo tanto no es necesario considerarlos en sus propios términos. Otras veces los alegorizamos de tal modo que cada detalle—por ejemplo, en la historia del éxodo el maná, la nube, la columna de fuego, la roca—representa a Cristo. En la historia que nos ocupa, cuando Naamán sale limpio de las aguas sucias del Jordán, asumimos que la curación por las aguas representa a la gracia en general y el sacramento del bautismo en particular. ¿Existe la posibilidad, se pregunta Hawkins, de que Naamán pueda sobrevivir la muerte por alegoría?

Cuando dejamos de escuchar demasiado pronto, el chiste somos nosotros. Es por eso que quisiera esta vez no ser impaciente y sacarle el gusto al relato. Veamos lo que se revela cuando prestamos atención al relato completo y notamos los diferentes personajes y los giros estilísticos del narrador.

  1. El relato comienza con un leproso y termina con un leproso.
  2. Un extranjero es sanado y un israelita queda enfermo.
  3. Una humilde mujer sirviente auxilia a un gran comandante del ejército.
  4. Como si una mujer ayudadora no fuera suficiente escándalo, una segunda mujer tiene que transmitir el mensaje de la primera.
  5. Un rey pierde el quicio, y revela delante de sus invitados su impotencia.
  6. Un profeta llena el vacío dejado por el rey, y comienza una larga serie de degradaciones del potente Naamán. En vez de recibir el trato oficial de la corte es enviado a un profeta. En vez de ser recibido por un profeta que toca su piel con una vara mágica, un sirviente le informa que debe ir a bañarse. En vez de oír la proclamación de su curación, y luego ir a bañarse, el profeta le manda a bañarse en aguas sucias. El hombre importante ahora tiene que bajar a las aguas. Todo esto para el general más victorioso del ejército sirio.
  7. Si continúo prestando atención, noto que el relato de 2da de Reyes 5 está en el contexto de los muchos eventos milagrosos en la vida del profeta Eliseo, y que la historia sirve para confirmar su autenticidad al demostrar sus poderes de curación. Eliseo es el digno sucesor de Elías. Israel no ha quedado sin profeta.
  8. Finalmente, si todavía estoy escuchando, noto que Jehová aparece en el primer versículo y está presente durante todo el relato.

Cuando prestamos atención, el relato nos alerta y nos altera, pues hay poder en las historias de transformaciones personales como resultado de encuentros con Dios. Esto es lo que la teología de la narración ha enfatizado y dónde reside su impacto. Es fácil identificarse con un personaje, desenredar una trama, y ver la mano de Dios actuando, esté Dios presente o ausente. Esto facilita vernos a nosotros mismos en el relato. La posibilidad de interiorizar la historia está ahí. Es por esto que muchas veces, casi sin darnos cuenta, nos sorprendemos al descubrirnos en las páginas canónicas.

La historia de Naamán me alerta de varias maneras. No puedo pasar por alto que la heroína es una niña esclava. Si no fuera por su deseo de ser útil no tuviéramos una historia para contar. Ella es la que le da al relato su impulso. Ella es el agente catalizador de la curación, de la autenticidad del profeta, y del testimonio de que, otra vez, Dios está con su pueblo. La presencia de heroínas en las escrituras me fascina. Tenemos tan pocas que cuando veo una me vuelvo triunfalista casi instantáneamente.

Esta esclava israelita nos trae a la mente a Eowyn, uno de los personajes de J. R. Tolkien, la sobrina de Theoden el rey de Rohan. ¿Se acuerdan de ella? En una parte del quinto libro, y de la tercera película, todos los buenos caballeros se han congregados una vez más para pelear en defensa de los ataques del Mal contra la Tierra Media. Toda batalla es costosa, por lo tanto Theoden le ha prohibido a su sobrina pelear. Pero para las personas jóvenes prohibirles algo es la razón más poderosa para que ellos lo hagan.

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