Por qué la política todavía cuenta
por Jedediah Purdy
(22 de diciembre 2004)

Hoy día se valora altamente la vida pública, aunque a la vez se la considera deshonrosa e innecesaria. Deseo defender la idea de que necesitamos la vida pública.

Los vocablos pública y privadason un legado del Latín clásico. Pública viene de publius, pueblo, o sea la comunidad política. República deriva de res publica, lo que concierne al pueblo, la cosa del pueblo, o el gobierno del pueblo. El ámbito público era el espacio donde el pueblo ejercía poder y tomaba decisiones importantes. Estar en público era tener una especial dignidad al ejercer el poder y el gobierno.

Tres de los fundadores de los Estados Unidos—James Madison, John Hay y Alexander Hamilton—usaron el seudónimo Publius mientras se debatía la ratificación de la constitución. Al usar este nombre pretendían ser la voz del pueblo, que era la única voz con el derecho de gobernar el país.

Privada es un vocablo muy diferente. Comparte sus orígenes con la palabra privación. La persona privada carece de la dignidad otorgada por la participación en la vida pública y el poder político. A la persona privada se la define por aquello de lo que carece, por aquello de lo que está privada. Literalmente está privada de algo.

En la actualidad, la vida pública y la privada se entienden a la inversa de cómo se las entendía en la socieda antigua. La vida privada pareciera tener valor y ser apasionante y digna. Los grandes momentos de la vida tienen que ver con los negocios personales—la juventud del mundo quiere llegar a ser Bill Gates,1 no George W. Bush…o Bill Clinton. En nuestra propia existencia más humilde que la de las "personas públicas" encontramos la mayor satisfacción emocional en la vida privada con la familia y los amigos, y encausamos nuestras ambiciones en términos de nuestra carrera personal. Se ha desarrollado una industria que satisface nuestros deseos privados de sobresalir personalmente: conferenciantes versados en las motivaciones, decoradores de interiores, cirujanos plásticos, y toda clase de terapistas y consejeros.

Al mismo tiempo que hemos incrementado en gran manera el valor de la vida privada, hemos devaluado la vida pública, especialmente la política. Se ha convertido en un ejercicio impotente, una forma de entretenimiento sin mayores beneficios. Atrae a personas de poco carácter y motivaciones dudosas. No promete cambiar mucho las cosas, tal vez con la única excepción de las leyes impositivas.

Una de las razones por las cuales se tiene esta idea de la política es la conducta abominable de algunos políticos profesionales o de carrera. En la última década se ha visto mucha hipocresía, muchos ataques personales, y mucha demagogia partidaria en Washington, D.C.

Pero hay otras causas del desafecto para con la política, causas con raíces más profundas que lo sucedido en la última década. Una es la idea de que la "política" se refiere a lo que los políticos profesionales hacen tratando de ser elegidos, peleando para que el Congreso apruebe leyes que ellos proponen y promoviendo los intereses de su partido. Esta es una visión estrecha de la política. La política profesional atrae las peores ambiciones, aun cuando también puede atraer las mejores. Otro factor que prejuicia a muchos contra la política son los políticos para quienes el resto del pueblo, nosotros, no cumplimos otro papel que el de espectadores o empleados. Es difícil ser inspirado por una política que no es más que una batalla ritual por el poder entre unos pocos hombres, y ahora también mujeres, con poder.

Otra idea que ha devaluado a la política es que la única política de éxito es la que, según la frase popular, "cambia el mundo". Esta idea viene de la tradición revolucionaria de América y Europa. Es la tradición de que grandes revueltas políticas buscan libertar al pueblo de las cadenas de la historia, desean restaurar sus derechos naturales y su igualdad como seres humanos.

Está lejos de ser una mera idea marxista. En cierto sentido, es también una idea cristiana. La última gran manifestación de política revolucionaria en los Estados Unidos fue el movimiento por los derechos civiles, con sus profundas motivaciones religiosas y una ambición ilimitada de cambiar un sistema social injusto. A esta tradición, de hecho, se la podría llamar Prometea. Prometeo es el personaje de la mitología griega que robó fuego del cielo y se lo dio a los seres humanos para que puedan cambiar el mundo.

Nota
1. Bill Gates es el genio detrás de Microsoft, una de las empresas más exitosas del mundo, y el hombre más rico del planeta (nota del traductor).

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