|
Hoy día se valora altamente la vida pública,
aunque a la vez se la considera deshonrosa e innecesaria.
Deseo defender la idea de que necesitamos la vida pública.
Los vocablos pública y privadason un
legado del Latín clásico. Pública viene de publius,
pueblo, o sea la comunidad política. República deriva
de res publica, lo que concierne al pueblo, la cosa
del pueblo, o el gobierno del pueblo. El ámbito público era
el espacio donde el pueblo ejercía poder y tomaba decisiones
importantes. Estar en público era tener una especial dignidad
al ejercer el poder y el gobierno.
Tres de los fundadores de los Estados UnidosJames
Madison, John Hay y Alexander Hamiltonusaron el seudónimo
Publius mientras se debatía la ratificación de la constitución.
Al usar este nombre pretendían ser la voz del pueblo, que
era la única voz con el derecho de gobernar el país.
Privada es un vocablo muy diferente.
Comparte sus orígenes con la palabra privación. La
persona privada carece de la dignidad otorgada por
la participación en la vida pública y el poder político. A
la persona privada se la define por aquello de lo que carece,
por aquello de lo que está privada. Literalmente está privada
de algo.
En la actualidad, la vida pública y la privada
se entienden a la inversa de cómo se las entendía en la socieda
antigua. La vida privada pareciera tener valor y ser apasionante
y digna. Los grandes momentos de la vida tienen que ver con
los negocios personalesla juventud del mundo quiere
llegar a ser Bill Gates,1 no George W.
Bush
o Bill Clinton. En nuestra propia existencia más
humilde que la de las "personas públicas" encontramos
la mayor satisfacción emocional en la vida privada con la
familia y los amigos, y encausamos nuestras ambiciones en
términos de nuestra carrera personal. Se ha desarrollado una
industria que satisface nuestros deseos privados de sobresalir
personalmente: conferenciantes versados en las motivaciones,
decoradores de interiores, cirujanos plásticos, y toda clase
de terapistas y consejeros.
Al mismo tiempo que hemos incrementado en gran
manera el valor de la vida privada, hemos devaluado la vida
pública, especialmente la política. Se ha convertido en un
ejercicio impotente, una forma de entretenimiento sin mayores
beneficios. Atrae a personas de poco carácter y motivaciones
dudosas. No promete cambiar mucho las cosas, tal vez con la
única excepción de las leyes impositivas.
Una de las razones por las cuales se tiene esta
idea de la política es la conducta abominable de algunos políticos
profesionales o de carrera. En la última década se ha visto
mucha hipocresía, muchos ataques personales, y mucha demagogia
partidaria en Washington, D.C.
Pero hay otras causas del desafecto para con
la política, causas con raíces más profundas que lo sucedido
en la última década. Una es la idea de que la "política"
se refiere a lo que los políticos profesionales hacen tratando
de ser elegidos, peleando para que el Congreso apruebe leyes
que ellos proponen y promoviendo los intereses de su partido.
Esta es una visión estrecha de la política. La política profesional
atrae las peores ambiciones, aun cuando también puede atraer
las mejores. Otro factor que prejuicia a muchos contra la
política son los políticos para quienes el resto del pueblo,
nosotros, no cumplimos otro papel que el de espectadores o
empleados. Es difícil ser inspirado por una política que no
es más que una batalla ritual por el poder entre unos pocos
hombres, y ahora también mujeres, con poder.
Otra idea que ha devaluado a la política es
que la única política de éxito es la que, según la frase popular,
"cambia el mundo". Esta idea viene de la tradición
revolucionaria de América y Europa. Es la tradición de que
grandes revueltas políticas buscan libertar al pueblo de las
cadenas de la historia, desean restaurar sus derechos naturales
y su igualdad como seres humanos.
Está lejos de ser una mera idea marxista. En
cierto sentido, es también una idea cristiana. La última gran
manifestación de política revolucionaria en los Estados Unidos
fue el movimiento por los derechos civiles, con sus profundas
motivaciones religiosas y una ambición ilimitada de cambiar
un sistema social injusto. A esta tradición, de hecho, se
la podría llamar Prometea. Prometeo es el personaje de la
mitología griega que robó fuego del cielo y se lo dio a los
seres humanos para que puedan cambiar el mundo.
Nota
1. Bill Gates es el genio detrás de Microsoft,
una de las empresas más exitosas del mundo, y el hombre más
rico del planeta (nota del traductor).
continúa
>>>
comparta este artículo
|