Rebuscando los orígenes de la declaración de las veintisiete Creencias Fundamentales
por Fritz Guy
(11 de octubre 2004)

Cuando un grupo de pastores adventistas del séptimo día se reunieron en Battle Creek, Michigan, para considerar cómo organizar la iglesia en 1861, James White propuso la idea de un "pacto ecclesiástico". El documento declaraba: "Nosotros, los signatarios al pie, por medio de ésta nos asociamos como iglesia, tomando el nombre Adventistas del Séptimo Día y pactamos guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesús".1 De manera que el contenido total del "pacto" consistía del propuesto nombre de la iglesia y las palabras de un versículo favorito de las escrituras (Apoc. 14:12). Pero para algunos del grupo esta breve, inocente declaración sonaba sospechosa, como los comienzos de un "credo", y por lo tanto un paso hacia "Babilonia".

John Loughborough fue rudo: "El primer paso hacia la apostasía es la promulgación de un credo que nos diga qué es lo que debemos creer. El segundo es hacer del credo una prueba de discipulado. El tercero es juzgar a los miembros por ese credo. El cuarto es denunciar como herejes a los que no creen en el credo. Y el quinto es perseguir a los tales."

James White respondió aclarando que él también se oponía a la promulgación de un credo, pero dio otra razón como causa. Dijo: "Declarar un credo es clavar la bandera y prevenir todo avance hacia el futuro.… La Biblia es nuestro credo. Rechazamos todo credo humano. Tenemos la Biblia y los dones del Espíritu, y aceptamos la fe que por ellos el Señor nos ha de enseñar una y otra vez. De esta manera nos oponemos a la formulación de un credo."2

No importa cual fuese el argumento, los adventistas compartían la convicción que formular un credo era peligroso para la salud espiritual y teológica de la joven comunidad de creyentes. Con todo, los pastores presentes en Battle Creek decidieron que un "pacto" no era un "credo" y unánimemente votaron adoptar el pacto propuesto por James White.

La aversión a tener un credo ha sido explicada por Walter Scragg:

Los primeros dirigentes [adventistas] pensaban que las iglesias de las cuales ellos venían habían calcificado sus creencias … en credos, y que habían preferido defender sus credos a buscar nueva luz en las verdades bíblicas. La reforma protestante había quedado incompleta por estar atrapada en credos. Ellos también temían que un credo se pudiera convertir en un rival de la libertad del Espíritu que veían activo en su medio, tanto en la obra de Elena de White como en las convocaciones de estudio en las cuales buscaban respuestas a perplejas preguntas bíblicas.3

Un poco más de un siglo más tarde, los descendientes espirituales de los primeros adventistas tuvieron escrúpulos similares en relación con la idea de revisar la declaración oficial de Creencias Fundamentales de los Adventistas del Séptimo Día. Uno de mis amigos que más respeto, me llamó desde más allá de la mitad del continente para expresar su chasco al enterarse de que estaba envuelto en tal proyecto. Argumentó que se trataba de una mala idea debido a las muchas posibilidades de que el resultado fuera usado indebidamente. Sin saberlo hizo eco de las palabras de White y Loughborough. Insistió que iba a inhibir la creatividad intelectual y ser usado para disciplinar y hacer que todos caminaran en línea. En otras palabras, sería usado como un credo.

Tanto en 1861 como en 1980, los escépticos estuvieron correctos en sus pronósticos pero errados en sus razonamientos. Estuvieron correctos en sus predicciones porque, a pesar de la fuerte y consistente antipatía para con un credo entre los adventistas, en el presente tenemos algo que funciona efectivamente como un credo. Nuestra declaración de Creencias Fundamentales puede ser, y en verdad ha sido, usada indebidamente. Pero ni el peligro ni la realidad del abuso niega el valor de una declaración tal cuando es usada debidamente. Tal como la tradición de la cual es la expresión más autorizada, puede ser el fundamento sobre el cual edifiquemos y no el calabozo que nos aprisione.

En este artículo deseo hacer tres cosas: 1) describir brevemente los predecesores de la actual declaración, 2) describir lo que puediéramos llamar "la epopeya de las veintisiete" y 3) hacer algunas observaciones sobre el proceso y el producto de la revisión de 1980.

La necesidad de formular las creencias adventistas fue reconocida mucho antes de que tuviera lugar la reunión en que se votó el "pacto ecclesiástico" y el nombre de la denominación. Desde entonces ha habido una larga serie de formulaciones similares. La primera a la que generalmente se hace alusión es una declaración informal hecha por James White in 1853 en respuesta al pedido de un oficial de la Associación Central de los Bautistas del Séptimo Día. A éste se le había pedido que "escribiera a los Adventistas del Séptimo Día para enterarse de sus creencias". El pastor White contestó al pedido con una breve reseña de la aceptación gradual del sábado por "aquellos entre los creyentes en el Segundo Advenimiento que observan el cuarto mandamiento" y entonces explicó:

Como pueblo venimos de varios grupos del Movimiento Adventista [de Guillermo Miller] y de varias denominaciones, soteniendo diversas opiniones en algunos temas; sin embargo, gracias a Dios, el sábado es una plataforma en la cual todos podemos pararnos juntos. Parados ahí, con la ayuda de ningún credo aparte de la Palabra de Dios, y unidos por los lazos del amor—amor a la verdad, amor los unos por los otros y amor por un mundo que perece—que son más fuertes que la muerte, todo sentimiento partidario deja de ser. Estamos unidos en estos grandes temas: El segundo advenimiento, immediato y personal, de Cristo, la observancia de todos los mandamientos de Dios y la fe de su Hijo Jesucristo como preparación necesaria para su advenimiento. 4

Un poco más tarde ese mismo año, el pastor White publicó en la Advent Review and Sabbath Herald una serie de cuatro editoriales sobre "el orden evangélico", o sea el orden ecclesiástico. En ellos insistió que éste no requería la formulación de un credo. En el primer editorial escribió: "No queremos un credo humano; la Biblia nos basta. El orden divino del Nuevo Testamento es suficiente para la organización de la iglesia de Cristo. Si se necesitara más, nos hubiera sido dado por inspiración". En el segundo reiteró su convicción de

que la iglesia de Cristo … ya está provista de un credo que es suficiente. "Toda escritura es dada por inspiración de Dios".… Dejad que la iglesia de Cristo tenga a la Biblia como su único credo, crea en sus simples enseñanzas, obedezca sus preceptos, y ella llevará a cabo en la iglesia la obra para la cual fue escrita.… Si bien rechazamos todo credo, o manifiesto humano,… aceptamos la Biblia, la regla perfecta de fe y conducta dada por inspiración de Dios. Este ha de ser nuestro manifiesto, nuestro credo y regla de conducta.5

Referencias

1. "Doings of the Battle Creek Conference, Octubre 5 and 6, 1861", Advent Review and Sabbath Herald, 18 de octubre, 1861, 148.
2. Ibid.
3. Walter R. L. Scragg, "Doctrinal Statements and the Life and Witness of the Church," documento inédito presentado en la reunión de obreros en Vasterang, Suecia y Manchester, Inglaterra, entre el 24 de agosto y el 4 de septiembre, 1981.
4. James White, "Resolution of the Seventh-day Baptist Central Association", Advent Review and Sabbath Herald, 11 de agosto, 1853, 52.
5. James White, "Gospel Order", Advent Review and Sabbath Herald, 20 de diciembre, 1953, 173, 180.

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