1
| 2 | 3 | 4
| 5
por Heather Isaacs
La combinación peculiar, sin precedentes, de
retórica cristiana, éxito de taquilla y la firma directiva
de Mel Gibson en La Pasión del Cristo me hacen desear
nunca más tener que decir lo siguiente:
- "Tu y yo, ¿vimos la misma
película?"
- "¿Soy todavía cristiana?"
- "Satanás es mujer."
- "¿Cuál Biblia leyó Gibson y quién
fue su maestro de historia?"
- "En algún rincón de los Estados Unidos,
en este preciso instante, una niña esta mirando a Jesús
azotado por once minutos y se le está diciendo que tuvo
que morir por culpa de sus pecados."
Por supuesto, aunque me gustaría poder culpar
por esta película sólo a Mel Gibson, la tarea más dificil
es hacer clara la responsabilidad de la lectura acrítica del
Nuevo Testamento que ha dominado la manera en la cual los
cristianos presentan la muerte de Jesucristo. Dejando para
otra ocasión más apropiada mis comentarios sobre cómo leer
las Sagradas Escrituras, deseo que Mel Gibson asuma responsabilidad
por el abuso de su licencia artística.
Quien trata de crear una narración "histórica"
tiene derecho a usar de la licencia artística. No podemos
recordar el presente ni interpretar el pasado sin usar la
imaginación y editar el contenido. Con todo, tratando de contar
la historia de las doce últimas horas de la vida de Jesús,
Gibson ha usado su licencia artística irresponsablemente,
introduciendo nuevas y asombrosas imágenes a la problemática
que concierne al antisemitismo y la misoginia.
Cerca del comienzo de la película se ve a un
Judas perturbado haciendo los arreglos necesarios para entregar
a Jesús por treinta piezas de plata a un grupo de dirigentes
judíos ansiosos de tramar un arresto. El lenguaje corporal
de Judas manifiesta las molestias que le causa su conciencia.
Su vacilación en actuar me dejó pensando. No era para menos.
En una película en la cual ni aun Judas desea entregar a Jesús,
uno se pregunta, ¿de dónde va a venir el impulso que
terminará llevando a Jesús a su ejecución?
Resultó ser que no tuve que esperar mucho la
respuesta a mi pregunta. Casi todos en esta película son renuentes
a matar a Jesús (inclusive el rey Herodes, que es representado
como afectado y simplón), con la excepción de los judíos y
los villanos soldados romanos, quienes exhiben un sadismo
paralelo a la intensidad de la turba. Pero la crueldad de
los romanos está subordinada a las maniobras de poder de los
judíos. Ellos son representados como básicamente astutos,
engañosos, manipuladores, encendedores de las pasiones de
la turba, capaces de ejercer presión sobre Poncio Pilato con
suma efectividad, haciendo de él un títere en sus manos.
Seguramente hay quienes no estarán de acuerdo
conmigo argumentando: "Pero también había judíos buenoslas
dos Marías y el discípulo Juan, por ejemplo. La película no
hace responsables a todos los judíos por la muerte de Jesússolamente
a la flor y nata religiosa y política". Algunos cristianos
puede que también digan: "La película no culpa a los
judíos por la muerte de Jesúsnos culpa a nosotros!
Nosotros matamos a Jesús con nuestra falta de fe y nuestros
pecados".
Aun si estuviera de acuerdo con una de estas
observaciones, ¿qué de los niños judíos que parecen demonios?
En una de las escenas más perturbadoras (y no fueron pocas),
niños judíos se mofan de un Judas psicológicamente atormentado.
Los enfoques de sus caras malévolas revelan seres demoníacos.
Al principio pensé que esta transformación diabólica
era una proyección de la mente perturbada de Judas y no, en
efecto, verdaderos demonios, pero me horroricé cuando en la
siguiente escena un grupo aún mayor de niños persigue a Judas
por los campos como si fueran los sabuesos del infierno. A
medida que los niños desaparecen emerge la figura de Satanás
casi sobrenaturalmente. El editor suguiere que Satanás controla
a sus "hijos".
A través de toda la película, este Satanás maternizado
actúa en el tiempo y el espacio. Se desliza en medio de las
gentes, silenciosamente aprobando la tortura de Jesús mientras
sostiene en sus brazos a un demonio bebé. Su presencia es
la antítesis maligna de María, la madre de Jesús, quien es
apoyada por María Magdalena y Juan.
Esta figura maternal sugiere una declaración
teológica problemática, el antiguo y bien conocido contraste
entre Eva y María, la "madre terrible" de los caídos
y la "buena madre" de los redimidos. Gibson anuncia
sigilosamente esto en la primera escena de la película. Cuando
Jesús y Satanás se encuentran en el jardín de Getsemaní, una
serpiente se escurre de debajo de las ropas de Satanás y Jesús
la despachurra.
Con todo, la representación femenizada del demomio
es sólo parte del tema de la maternidad que informa toda la
película. Generalmente personajes femeninos forman un grupo
de observadores empatizantes, que desea que se le haga justicia
a Jesús, que se socorre mutuamente en el terror y la angustia
y que hace vigilia junto a la cruz.
Para mí, el núcleo emocional de la película
no es el cuerpo maltratado de Jesús, a pesar de que la violencia
con que brutalmente lo deshumanizaban me produjo profunda
repugnancia, sino la lenta y violenta muerte de Jesús vista
a través de los ojos de su madre que sufría su impotencia.
Esto me conmovió profundamente e hizo que me brotaran lágrimas.
Esta es una película que, a pesar de sus desaciertos
teológicos y su abuso de la licencia artística, le conmueve
a uno las entrañassi no las de uno, entonces las de
María a medida que ella se tambalea hacia su hijo para dejarle
saber que está a su lado en las últimas horas de su vida.
En hebreo la palabra compasión deriva de la palabra que significa
"entraña". Ser movido en las entrañas es sentir
la compasión materna que es en parte osa y en parte paloma.
El peligro de esta película es el de hacer pensar
que el sufrimiento que evoca tal reacción maternal, el sufrimiento
de Jesús, es único en la historia, peculiar al cristianismo,
y que no requiere que se diga la verdad y se demande justicia
de los sistemas que imponen tales sufrimientos.
Arrullando el cadáver de su hijo, María fija
sus ojos en la cámara y silenciosamente acusa a los espectadores
por la muerte de Jesús. No importa cuál sea nuestra respuesta,
sin referencia a cómo nos relacionamos personalmente con la
muerte de Jesús, no podemos poner a un lado las demandas de
la honestidad al confrontar el antisemitismo y la misoginia
que se agazapan en la periferia de esta película y reflejan
lo peor en la teología cristiana.
comparta este artículo
|