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Cuatro Reacciones a La Pasion [3]

Imágenes problemáticas de antisemitismo y misoginia


por Heather Isaacs

La combinación peculiar, sin precedentes, de retórica cristiana, éxito de taquilla y la firma directiva de Mel Gibson en La Pasión del Cristo me hacen desear nunca más tener que decir lo siguiente:

  1. "Tu y yo, ¿vimos la misma película?"
  2. "¿Soy todavía cristiana?"
  3. "Satanás es mujer."
  4. "¿Cuál Biblia leyó Gibson y quién fue su maestro de historia?"
  5. "En algún rincón de los Estados Unidos, en este preciso instante, una niña esta mirando a Jesús azotado por once minutos y se le está diciendo que tuvo que morir por culpa de sus pecados."

Por supuesto, aunque me gustaría poder culpar por esta película sólo a Mel Gibson, la tarea más dificil es hacer clara la responsabilidad de la lectura acrítica del Nuevo Testamento que ha dominado la manera en la cual los cristianos presentan la muerte de Jesucristo. Dejando para otra ocasión más apropiada mis comentarios sobre cómo leer las Sagradas Escrituras, deseo que Mel Gibson asuma responsabilidad por el abuso de su licencia artística.

Quien trata de crear una narración "histórica" tiene derecho a usar de la licencia artística. No podemos recordar el presente ni interpretar el pasado sin usar la imaginación y editar el contenido. Con todo, tratando de contar la historia de las doce últimas horas de la vida de Jesús, Gibson ha usado su licencia artística irresponsablemente, introduciendo nuevas y asombrosas imágenes a la problemática que concierne al antisemitismo y la misoginia.

Cerca del comienzo de la película se ve a un Judas perturbado haciendo los arreglos necesarios para entregar a Jesús por treinta piezas de plata a un grupo de dirigentes judíos ansiosos de tramar un arresto. El lenguaje corporal de Judas manifiesta las molestias que le causa su conciencia. Su vacilación en actuar me dejó pensando. No era para menos. En una película en la cual ni aun Judas desea entregar a Jesús, uno se pregunta, ¿de dónde va a venir el impulso que terminará llevando a Jesús a su ejecución?

Resultó ser que no tuve que esperar mucho la respuesta a mi pregunta. Casi todos en esta película son renuentes a matar a Jesús (inclusive el rey Herodes, que es representado como afectado y simplón), con la excepción de los judíos y los villanos soldados romanos, quienes exhiben un sadismo paralelo a la intensidad de la turba. Pero la crueldad de los romanos está subordinada a las maniobras de poder de los judíos. Ellos son representados como básicamente astutos, engañosos, manipuladores, encendedores de las pasiones de la turba, capaces de ejercer presión sobre Poncio Pilato con suma efectividad, haciendo de él un títere en sus manos.

Seguramente hay quienes no estarán de acuerdo conmigo argumentando: "Pero también había judíos buenos—las dos Marías y el discípulo Juan, por ejemplo. La película no hace responsables a todos los judíos por la muerte de Jesús—solamente a la flor y nata religiosa y política". Algunos cristianos puede que también digan: "La película no culpa a los judíos por la muerte de Jesús—nos culpa a nosotros! Nosotros matamos a Jesús con nuestra falta de fe y nuestros pecados".

Aun si estuviera de acuerdo con una de estas observaciones, ¿qué de los niños judíos que parecen demonios? En una de las escenas más perturbadoras (y no fueron pocas), niños judíos se mofan de un Judas psicológicamente atormentado. Los enfoques de sus caras malévolas revelan seres demoníacos.

Al principio pensé que esta transformación diabólica era una proyección de la mente perturbada de Judas y no, en efecto, verdaderos demonios, pero me horroricé cuando en la siguiente escena un grupo aún mayor de niños persigue a Judas por los campos como si fueran los sabuesos del infierno. A medida que los niños desaparecen emerge la figura de Satanás casi sobrenaturalmente. El editor suguiere que Satanás controla a sus "hijos".

A través de toda la película, este Satanás maternizado actúa en el tiempo y el espacio. Se desliza en medio de las gentes, silenciosamente aprobando la tortura de Jesús mientras sostiene en sus brazos a un demonio bebé. Su presencia es la antítesis maligna de María, la madre de Jesús, quien es apoyada por María Magdalena y Juan.

Esta figura maternal sugiere una declaración teológica problemática, el antiguo y bien conocido contraste entre Eva y María, la "madre terrible" de los caídos y la "buena madre" de los redimidos. Gibson anuncia sigilosamente esto en la primera escena de la película. Cuando Jesús y Satanás se encuentran en el jardín de Getsemaní, una serpiente se escurre de debajo de las ropas de Satanás y Jesús la despachurra.

Con todo, la representación femenizada del demomio es sólo parte del tema de la maternidad que informa toda la película. Generalmente personajes femeninos forman un grupo de observadores empatizantes, que desea que se le haga justicia a Jesús, que se socorre mutuamente en el terror y la angustia y que hace vigilia junto a la cruz.

Para mí, el núcleo emocional de la película no es el cuerpo maltratado de Jesús, a pesar de que la violencia con que brutalmente lo deshumanizaban me produjo profunda repugnancia, sino la lenta y violenta muerte de Jesús vista a través de los ojos de su madre que sufría su impotencia. Esto me conmovió profundamente e hizo que me brotaran lágrimas.

Esta es una película que, a pesar de sus desaciertos teológicos y su abuso de la licencia artística, le conmueve a uno las entrañas—si no las de uno, entonces las de María a medida que ella se tambalea hacia su hijo para dejarle saber que está a su lado en las últimas horas de su vida. En hebreo la palabra compasión deriva de la palabra que significa "entraña". Ser movido en las entrañas es sentir la compasión materna que es en parte osa y en parte paloma.

El peligro de esta película es el de hacer pensar que el sufrimiento que evoca tal reacción maternal, el sufrimiento de Jesús, es único en la historia, peculiar al cristianismo, y que no requiere que se diga la verdad y se demande justicia de los sistemas que imponen tales sufrimientos.

Arrullando el cadáver de su hijo, María fija sus ojos en la cámara y silenciosamente acusa a los espectadores por la muerte de Jesús. No importa cuál sea nuestra respuesta, sin referencia a cómo nos relacionamos personalmente con la muerte de Jesús, no podemos poner a un lado las demandas de la honestidad al confrontar el antisemitismo y la misoginia que se agazapan en la periferia de esta película y reflejan lo peor en la teología cristiana.

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