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por Richard Rice [3]
En la teodicea
de Elena White también hay elementos que se asemejan a la
que John Hick denomina “ireneana” o “formadora del alma”.
Según ella, los seres humanos fueron creados sin pecado, pero
no perfectos. Estaban necesitados de un período de tiempo
para desarrollar el carácter y convertirse en todo lo que
Dios esperaba que llegaran a ser. “Dios los hizo entes morales
libres, capaces de apreciar
su carácter y
les dejó
plena libertad para prestarle o negarle obediencia.
pero
antes de darles seguridad eterna, era menester que su lealtad
se pusiese a prueba”.16
Hick explica que según la teodicea ireneana,
la caída era inevitable. En vez de una catapulta catastrófica
que lanzó al ser humano desde la perfección a la perdición,
la caída fue más bien una experiencia de aprendizaje, un paso
importante de crecimiento hacia la madurez. Como hemos visto,
Elena White condena el pecado como inexcusable y rechazaa
la sugerencia de que Dios es, aunque sea en parte, responsable
por él. Según ella, la caída de Adán y Eva fue distinta a
la de Lucifer. Fue desastrosa, pero no tan desastroza como
la de él.
Lucifer había tenido una revelación completa
del carácter de Dios. Conocía las profundidades del amor y
la bondad de Dios, de modo que su rebelión fue irreversible.
Ya no había nada que Dios pudiera hacer por él. Adán y Eva
no conocían a Dios de la misma manera. Además, su visión de
Dios había sido distorcionada por los engaños de Satanás.
Así que para ellos había esperanza. Una revelación más amplia
de Dios podía hacerles volver a la obediencia y la lealtad.17
Otro aspecto ireneano de la teodicea de Elena
White es el razonamiento de que un medio ambiente difícil
puede contribuir al desarrollo moral del individuo. Para ella,
como para John Hick, en el designio divino, el desarrollo
del carácter era esencial para los seres humanos.18
Aun cuando la caída no era inevitable, su resultado produjo
un medio ambiente beneficioso para el desarrollo moral. Cuando
Adán y Eva cedieron a la tentación, la naturaleza humana quedó
depravada, y en necesidad de la disciplina que solamente las
dificultades proveen. A pesar de que este mundo está lleno
de dolores es “un valle donde se forman almas”.19
Elena White se acerca aún más a la teodicea
ireneana cuando señala que el mal produce beneficios que no
se hubieran podido obtener de otra manera. El benficio principal
favorece al universo de observadores. Como resultado del conflicto
de los siglos, sostiene ella, la creación de Dios obtiene
la completa seguridad de que el mal no volverá a surgir. Una
vez que el pecado ha sido experimentado, y todos concuerdan
en que es terrible, Dios puede destruírlo con la aprobación
de todos, y nadie jamás ha de ser tan necio como para querer
experimentar con él otra vez.
Por otra parte, hay que notar que ella nunca
dice que el mal es inevitable, que en un universo de criaturas
con libre albedrío, tarde o temprano, alguien tiene que rebelarse.
Tampoco dice que el producto neto del mal es positivo, que
al fin de cuentas las ganancias son más que las pérdidas.
No es su opinión que, desde algún punto de vista, el mal valía
la pena, no importa cuán malo haya resultado. (Ella se refiere
consistentemente al “terrible experimento”.) Tampoco afirma
que el universo no hubiera podido obtener completa seguridad
de ninguna otra manera.
Lo que ella dice es que ahora el universo está
inmunizado contra la rebelión de una manera como no lo estaba
antes. El plan de la redención “vindica el carácter de Dios
ante el universo”.20 “Después de haber
pasado por tal prueba y experiencia, la creación no se desviará
jamás de la sumisión a Aquel que se dió a conocer en sus obras
como Dios de amor insondable y sabiduría infinita”.21
La teodicea de Elena White también se diferencia
de las que Hick clasifica como ireneanas en varios aspectos
importantes. Según ella, la caída no era inevitable, y Dios
no es, en ningun sentido, responsable por el pecado. Además,
no todos han de ser salvos. En última instancia, el universo
estará poblado de seres que sirvan libremente a Dios. Pero
esto no se debe, como en la explicación de Hick, a que Dios
salvará a todos. Se debe a que Dios ha destruido a la oposisión.
Como hemos visto, Dios puede hacer esto sin despertar sospechas
porque ha esperado hasta que sus fieles seguidores ya no alberguen
simpatía por la rebelión.
Como la mayoría de las teodiceas cristianas,
la de Elena White combina la noción de una caída que se originó
en la libertad de la criatura con la noción de que el mal
contribuye a la realización de algo bueno. Lo que distingue
a su teodicea es la manera como ella parece aumentar la amenaza
que el mal introduce en el universo al mismo tiempo que disminuye
las posibilidades de que ocurra.
En muchas teodiceas se considera razonable,
aunque no excusable, que el mal surja en un universo donde
existe la libertad. Tarde o temprano, de alguna manera, la
rebelión tiene que surgir, y muchos piensan que era parte
del plan de Dios que fuera así, puesto que las consecuencias
del mal pueden ser “manipuladas”. O todo el mal es eventualmente
redimido, o hay una preponderancia del bien sobre el mal.22
Para Elena White, al contrario, una catástrofe
universal era una posibilidad real: en la práctica, la creación
pudo haber rechazado por completo la soberanía de Dios, haberse
aliado a la rebelión, y deshecho el plan de Dios. Si nos preguntamos
por qué Dios siguió adelante con la creación a pesar de esta
posibilidad, la respuesta podría ser que el porcentaje de
probabilidad original de que surgiera el mal era muy bajo.
Dios creó seres con la capacidad de amar, sabía que podían
rebelarse, e hizo todo lo posible por prevenir la rebelión,
salvo eliminar la libertad.
La teodicea luciférica de Elena White hace que
surjan varias preguntas bíblicas, históricas y filosóficas.
Una pregunta obvia es: ¿Qué relación hay entre su visión
apocalíptica y la del libro de Apocalipsis? En ambas
la historia de la humanidad es el teatro del conflicto de
proporciones cósmicas entre lo divino y lo demoníaco. La conclusión
del conflicto traerá también el fin de la historia humana
y el establecimiento del reino eterno de Dios sobre la tierra.
Pero la interpretación que Elena White hace del conflicto
es diferente a la del libro de Apocalipsis en algunos aspectos
interesantes.
En el caso de los primeros lectores (oyentes)
del libro de Apocalipsis, así como en el de las comunidades
de fe en general, lo que está en juego es la soberanía de
Dios. Lo que se preguntaban era si Dios tenía el poder requerido
para imponerse sobre las fuerzas del mal que dominaban la
vida de los seres humanos y arruinaban al pueblo de Dios.
El libro de Apocalipsis contesta esta pregunta con un SI rotundo.
Dios va a derrotar a sus enemigos en la batalla final y los
va a aniquilar en el lago de fuego.
Una pregunta relacionada con esa es: Si Dios
tiene el poder para derrotar a los impíos, ¿por qué no
lo hace de una vez? ¿Cuánto tiempo más tolerará
que su pueblo sea perseguido?23 Para
Elena White, al contrario, la pregunta central no es si Dios
va a destruir a los impíos, o cuándo lo hará, sino por qué
los va a destruir. ¿Cómo es posible que un Dios de amor
haga que algunas de sus criaturas dejen de existir?24
16. White, Patriarcas
y profetas, 2930.
17. White, El deseado de todas las gentes,
70910.
18. “Sin libre albedrío,
no habría
sido posible el desarrollo del carácter”. White, Patriarcas
y profetas, 30.
19. Ibid., 42.
20. Ibid., 55.
21. White, El conflicto de los siglos,
558.
22. Esta parece ser la posición de Alvin
Plantinga. “Un mundo con criaturas que tienen libertad a un
alto grado (y que son capaces de libremente hacer más acciones
buenas que malas) tiene más valor, si las demás condiciones
son iguales, que un mundo carente de criaturas con libertad”.
God, Freedom and Evil [Dios, la libertad y el mal],
30.
23. “¿Cuánto.hemos de esperar, Señor,
santo y verdadero, para que tu juzges y venges nuestra sangre
de los que moran en la tierra?” Apoc. 6:10.
24. Agradezco a Ernest Bursey por haberme
sugerido esta pregunta.
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