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por Loren Seibold [3] Un amigo muy conscienzudo me preguntó cierta vez durante un debate amistoso, ¿Quién eres tú para decirme a mí qué es lo que un adventista del séptimo día debiera ser? Según él, eran adventistas todos los que querían serlo en buena conciencia. Ojalá él esté en lo correcto. La experiencia, sin embargo, demuestra que ciertas variedades de adventistas prosperan mejor que otras, y, por lo tanto, son más fructíferas. Son como las plantas en mi jardín, que evidentemente están en su sistema ecológico, y por lo tanto prosperan y producen flores y frutos.
Hay otras plantas que he tratado de cultivar, pero que no prosperan en mi terreno y clima. Son bonitas y da gusto tenerlas; añaden color al jardín, pero no crecen como las de la zona. Deberíamos admitir que como iglesia hemos heredado un terreno y clima en el cual cierto tipo de creyentes hecha raíces, crece y se reproduce (al menos evangelísticamente) mejor que otros.
Al tener esto en mente, no debería sorprendernos si cada vez que un profesor, autor o pastor desea ensanchar el horizonte de la iglesia es atacado. Por historia y desarrollo, debemos admitir, nuestro sistema es de fe en detalles prescriptos. Dada nuestra historia, tal vez, nuestros adminstradores no han errado en su predilección por proteger el tradicionalismo en vez de expresiones más abiertas.
En su edad temprana, la Iglesia Adventista albergó una variedad de teologías. Pero ya no somos jóvenes, y, naturalmente, ya no tenemos la capacidad de adaptación que una vez tuvimos. Ningún sistema es capaz de innumerables adaptaciones o de ser facilmente reeducado. No se sabe hasta qué punto nos podremos apartar de nuestros primeros pasos y seguir manteniendo nuestras fuerzas y nuestros propósitos, porque no importa lo que nuestros pensadores más progresistas piensen, la mayoría en la iglesia se siente más en casa con una formulación tradicional del adventismo del séptimo día.
Sospecho que es peligroso poner por escrito la observación siguiente. Si bien mi intención ha sido dar una descripción general, no prescribir, alguno de mis lectores podría llegar a la conclusión de que pienso que en la iglesia se debería permitir sólo un tipo de pensamiento religioso ultra tradicional. Por supuesto, en la iglesia adventista hay muchos creyentes que ven las cosas globalmente. Algunos de ellos nacieron en hogares adventistas, algunos evolucionaron hasta llegar a esa forma de pensar, algunos fueron transferidos al cuadro global forzosamente en el ambiente propicio de la educación universitaria. (No es frecuente que tal transformación tenga lugar en reuniones evangelizadoras, que normalmente crean al otro tipo de creyente.)
¿Sería posible, que la iglesia fomentara más creyentes de visión global, así como lo hace en sus colegios y universidades? Tal vez. Pero en el proceso vamos a encontrar que tenemos que decidir cuántos de los detalles tradicionales podemos redefinir sin que el nombre de la iglesia (y el resto de la teología cargada de detalles que está implícita en ese nombre) deje de ser una descripción significativa.
Pienso que el mejor futuro que podría esperarnos es uno en el cual los que aceptan mi argumento de que la iglesia ha sido y seguirá siendo más abierta para con quienes viven y creen en sus formas más tradicionalespuesto que ella es, en un sentido, su iglesiano consideren deseable desfraternizar al resto de la iglesia. Espero se den cuenta de que el crecimiento partenogénico raramente beneficia a una populación, inclusive a una religiosa. Los más dedicados y útiles pierden su vigor si no tienen que enfrentar otros puntos de vista.
Considero más que razonable esperar que nuestra denomincación tenga lugar para los creyentes de perspectiva global. Espero que aún los adventistas más tradicionales se den cuenta de que la iglesia sería más pobre si en ella sólo hay lugar para los que piensan exactamente como ellos. Pero muy probablemente no sería sabio esperar que algún día en el futuro la iglesia venga a ser muy distinta de lo que ella decidió ser en sus orígenes. Con un nombre y una historia como los nuestros, me temo que no nos han dejado tanto espacio para maniobrar como hubiera sido deseable.
(Traducido por Herold Weiss)
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