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En definitiva, ¿de quién es la iglesia?
por Loren Seibold [2]

A pesar de que en aquellos primeros años seguramente el movimiento contaba con quienes veían el cuadro global, tal como los hay ahora, las contribuciones hechas por ellos no tuvieron el impacto perdurable que tuvo el de quienes detallaban profecías y conductas. El adventismo no creció porque éramos mejores creyentes en la gracia de Cristo, sino porque estábamos más acertados acerca de detalles que otros cristianos estaban pasando por alto.

He aprendido mucho de los escritos de quienes describen las características de sistemas relacionales tales como las familias y las iglesias. Ellos explican cómo las actitudes de los antepasados perduran de generación en generación, incluso mucho después que los progenitores han perecido.3 No siempre es el pasado el mejor modelo para el futuro. Si trazamos el rumbo a seguir en el futuro basándonos en las actitudes del pasado adventista, no debiera sorprendernos si nos encontramos en lucha constante con aquellos que determinan el rumbo desde una perspectiva más global de la que tuvieron nuestros antepasados.

El crecimiento y el reavivamiento

Me fascina constatar cómo algunas series evangelísticas bien pensadas, que prometen explicar los misterios de las profecías, continúan atrayendo público. Nuestros hermanos que se sienten más cómodos con el corazón del evangelio preguntan, "¿no tendríamos tanto o más éxito predicando a Cristo y sólo a Cristo?" Mejores evangelistas que yo (esto quiere decir casi todos) dicen: "NO, las doctrinas básicas del cristianismo son explicadas muy bien por iglesias con nombres y mensajes menos distintivos que los nuestros." Es un hecho que nosotros hacemos conversos con los detalles: las profecías, la escatología, el sábado, la salud. Algunos pastores adventistas del mundo occidental que experimentaron con series evangelísticas que no enfatizaban nuestras doctrinas distintivas obtuvieron pocos resultados.

Percibimos un indicio del alma de la denominación al observar al tipo de creyente que creamos con nuestro evangelismo. Nuestra denominación está creciendo rápidamente, especialmente en lo que se llamaba el tercer mundo. Al abrir nuevos campos, generalmente no vemos esos campos poblados por adventistas con visión global. La fractura entre el primer y el tercer mundo que se ha hecho manifiesta en las sesiones recientes de la Asociación General deja ver que nuestra iglesia crece en el tercer mundo en lineas tradicionales, enfatizando el fundamentalismo adventista.

Si bien la iglesia norteamericana es a menudo acusada por los adventistas del resto del mundo de ser "liberal", no lo es uniformemente. El verano pasado, un grupo de jóvenes entrenados y patrocinados por ASI condujeron reuniones de evangelización a la antigua en mi iglesia.4 Era un grupo muy dedicado y amoroso, y fácilmente nos encariñamos con ellos. Pero la presentación que hicieron de la teología denominacional difería con la de muchos en mi congregación, que consta de profesionales y progresistas. La de ellos era la fe adventista tradicional en un Dios que se ocupa de detalles proféticos y de conducta. Los que fueron atraídos por sus anuncios y sus mensajes aparentemente compartían esa visión de Dios.

Reconozcamos, sin embargo, que, en este momento, ASI es probablemente el segmento más dinámico del laicado adventista en Norteamérica, y no sólo en relación al evangelismo, como bien lo pude constatar. Durante su corta estadía en nuestra ciudad la gente de ASI no sólo realizó cruzadas evangelizadoras, sino que además hizo trabajo voluntario en la Casa Ronald MacDonald,5 en comedores para indigentes y en hospitales. Allí también sus labores se caracterizaron por la atención a los detalles: los paquetes de golosinas destribuidos a pacientes con cánceres incurables en el Hospital de Niños de Columbus, Ohio, no contenían chocolates, sino bombones de carob.

Un amigo que trabajó casi toda su vida como profesor y administrador en colegios adventistas me comentó en cierta ocación que la vitalidad de la iglesia en Norteamérica está concentrada alrededor de sus instituciones. Así le parecía, seguramente, dada la concentración de talento, dinero y saber en esos lugares. Pero esos lugares no representan fidedignamente a la totalidad de la iglesia en Norteamérica. Nuestros colegios y universidades son los almácigos que hemos preparado, abonado y protegido para desplegar una rica flora intelectual en el jardín.

Al salir de estos oasis nos encontramos en una iglesia ligada a sus orígenes en el siglo diecinueve. Si mi amigo asistiera a una junta de la asociación local, donde se toman decisiones que afectan el funcionamiento de iglesias que no están relacionadas con una institución, descubriría que el entusiasmo por la teología adventista tradicional no ha mermado. Esto es así (al menos parcialmente) debido a que la teología sistemática de la mayoría de los adventistas no ha sido formulada por los teólogos profesionales—cuyo alcance es limitado—sino por los evangelistas que predican para ganar almas en los barrios y los pueblos de los Estados Unidos.

Apoyo

¿Quiénes son los que verdaderamente aman a esta iglesia? Muchos insistimos en que somos nosotros. Pero las acciones hablan más fuerte que las palabras. Los pastores están convencidos de que van a encontrar a los miembros más dadivosos financieramente entre los miembros que tienen una teología más tradicional, especialmente en las áreas que tienen que ver con nuestras creencias fundamentales. La razón no es difícil de comprender: Si Dios se ocupa de esta denominación y sus creencias, sus adherentes también deben hacerlo. Si Dios ve la fe en términos globales, entonces uno no tiene por qué preocuparse de contribuir generosamente a una denominación en particular.

Más significativamente, los que ven a la iglesia en términos más tradicionales son quienes más probablemente participan en esfuerzos evangelizadores que hacen crecer a la iglesia. Los que ven a la iglesia desde una perspectiva global, frecuentemente se abochornan de los detalles usados para atraer a otros a la iglesia, especialmente si se trata de hacer comparaciones desfavorables con otras iglesias.

Todo esto—nuestras creencias históricas y su continua influencia sobre la iglesia, la orientación religiosa de las personas que atraemos y ganamos, el tipo de adventismo que surge en los almácigos, el tipo de adventista que apoya a la iglesia con más fervor—me hace pensar que, si bien en algunas partes se ven tendencias liberales, en el transcurso de nuesta evolución, el adventismo del séptimo día, colectivamente, tiende a ser más pujante entre quienes siguen al Dios de los detalles, no al Dios del cuadro global.

Entonces, ¿para qué preocuparse por el propietario de la iglesia? Pienso que esta cuestión debe encararse pues es la que se esconde detrás de las cortinas en nuestros conflictos internos. Es la que está detrás de un administrador bien intencionado que trata de "limpiar" una muy bien intensionada facultad de teología. Es la que motiva a un laico a expresar dudas acerca de la ortodoxia de su pastor, o la que hace que una hermana deje la iglesia porque piensa que el cristianismo en ella es algo pueril. Está detrás de esas discusiones de escuela sabática en que se enuncian opiniones desde polos opuestos. Juega un papel importante en los debates de cada sesión quinquenal de la Asociación General. Después de todo ¿de quién es la iglesia cuando sus miembros piensan tan distintamente? ¿Tuya o mía?

Referencias

3. Por ejemplo, Edwin Freedman, Generation to Generation (New York: Guilford, 1985), y Ronald W. Richardson, Creating a Healthier Church (Minneapolis: Fortress, 1996).
4. ASI es la sigla de Industrias y Servicios de Laicos Adventistas, una organizació independiente que es muy activa en la promoción de proyectos de evangelización tradicional y de servicio comunitario. Los jóvenes que actuaron en mi iglesia fueron entrenados en el Black Hills Mission College (localizado ahora en Gaston, Oregon, USA).
5. Una casa para socorrer niños enfermos de otras localidades mientras son atendidos en un centro médico metropolitano (nota del traductor).

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