por Loren Seibold
(24 de marzo 2004)
Como sucede a los aficionados a los libros, de vez en cuando encuentro en mi biblioteca volúmenes que no sé cómo llegaron allí. Ese fue el caso con un tomo titulado El verdadero adventista, por favor, póngase de pie. Según recuerdo (ya no poseo el libro pues lo regalé a alguien que concordaba con su parecer) su autor no tenía la menor duda de quién era el verdadero adventista.1 La mayoría de nosotros reconoce una variedad de adventistas del séptimo día más amplia de la que él parecía capaz, y, a diferencia de él, rehúsa declarar a algunos "impostores". Con todo, no dejo de dar crédito a quienes, como ese autor, poseen convicciones firmes. También le otorgo el derecho a sus opiniones, aún cuando, me imagino, él no me otorge el derecho a las mías.
El tema que él pone sobre el tapete es importante. Pienso acerca de eso cada vez que alguien reclama tolerancia doctrinal en la iglesia. Cada vez que otros reclaman la estandarización de las doctrinas. Cada vez que George Knight nos recuerda otra vez la fluidez doctrinal del adventismo primitivo. Y cada vez que un evangelista predica un adventismo cuyas doctrinas vienen ya envueltas en paquetes que fueron enviados desde el cielo periódicamente entre 1831 y 1915.
¿Quién es el verdadero adventista? O, tal vez mejor, ¿quién debiera ser el verdadero adventista? En definitiva, ¿de quién es la iglesia?2
Para mí, definir el adventismo genuino sobre la base de temas controversiales (a favor o en contra de la ordenación de las mujeres, por ejemplo) no es de mucha ayuda. Conozco a personas a favor de la ordenación de las mujeres que son intolerantes, casi nocristianos, y quienes están en contra y son gentiles y bondadosos, aun para con la pastora que no esperaban tener que enfrentar.
Pienso que las etiquetas "liberal" y "conservador" son enclenques, y que las más recientes, "tradicional" y "progresista", tienen sólo un poco más de vida. Cada vez que una de estas etiquetas es empleada requiere explicaciones. Prefiero diferenciar al adventismo a lo largo de una progresión continua entre dos polos haciendo la siguiente pregunta: ¿Cómo concibe a Dios esta idea o esta expresión de esa idea? (Admito que esta es una grandísima simplificación, tal vez no mucho más útil que la de "liberal" y "conservador".)
Al reflexionar acerca de la gran variedad de adventistas que he conocido, en uno de los polos de esa línea continua encuentro a aquellos cuyas creencias reflejan un Dios preocupado por los detalles, y por cuán cuidadosamente nosotros los tomamos en serio. Este Dios valora conductas piadosas específicas. Sin duda que ama a todos, pero juzga a las personas de acuerdo a sus creencias y sus acciones. Si bien la salvación es por la fe, su gracia gratuita y generosa nunca es otorgada sin requerimientos específicos.
Los detalles, por ejemplo, a qué denominación perteneces, son considerados importantes por Dios, aun cuando él está dispuesto a pasar por alto deficiencias eclesiásticas siempre que la iglesia promueva las creencias y las conductas que él valora. Por naturaleza, Dios es un detallista, aun cuando en algunas ocaciones no nos deja saber qué es exactamente lo que él espera de nosotros. A veces tenemos que decifrar sus misterios matemáticamente.
En el polo opuesto están aquellos cuyo Dios observa el cuadro global. En vez de estar interesado en detalles, Dios se preocupa por los principios que nos ayudan en nuestros esfuerzos por vivir correcta y fructíferamente en el mundo (los más conocidos son el amor y la bondad, pero se supone que tiene predilección por la libertad del pensamiento).
Según esta perspectiva, las doctrinas tradicionales y las actividades eclesiásticas convencionales no son muy útiles para definir a Dios. El está relacionado más íntimamente con la humanidad en general que con un grupo particular de personas, y es extremadamente tolerante con las dificultades que los seres humanos encuentran en sus esfuerzos por relacionarse con el Creador. En lo que se refiere a la salvación, su gracia hace que incluya generosamente a los más, y que no sea rápido para juzgar, con la excepción, tal vez, de la tendencia humana a enjuiciar al prójimo y la proclividad a la crueldad.
Cada uno de estos puntos de vista tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Los que conciben a un Dios interesado en el cuadro global puede que olviden que una relación con Dios implica acciones y decisiones individuales. La vista desde un satélite los deja absortos al punto de no ver el polvo sobre la mesa. Aquellos que conciben a un Dios mayormente interesado en los detalles a veces reflejan un Dios mezquino, uno cuya actitud para con la humanidad es la de un padre o madre para con un niño pequeño moderadamente retardado.
No se trata de decidir quién es más espiritual, pues conozco personas en ambos polos de esta línea continua que son profundamente buenas y sinceramente piadosas. Se trata de establecer cuál de estas maneras de ver el horizonte religioso es más esencialmente adventista del séptimo día.
Recordemos que el movimiento de Guillermo Miller no se basó sobre importantes preguntas acerca de la ortodoxia, sino sobre la interpretación de profecías olvidadas. Si lo que Miller predijo hubiera sucedido, la historia humana seguramente habría tomado un curso completamente distinto. Puesto que su pronóstico no se cumplió, el movimiento que él formó tuvo que formular argumentos acerca de detalles: cómo es que los días proféticos deben ser entendidos como años, las fechas de acontecimientos de un pasado remoto, el orden y el significado de eventos escatológicos en el Apocalipsis, qué número de personas de cuáles grupos serían salvas, y cuál es el significado de conceptos bíblicos obscuros como "la purificación del santuario".
Los nombres implican mucho, y es de subrayar que cuando nuestra iglesia sintió la necesidad de adoptar uno, nuestros pioneros elijieron un nombre que no definía el corazón de su fe cristiana (el nombre preferido por Jaime White, "Iglesia de Dios", fue rechazado), sino las innovaciones que estaban trayendo a su fe. Siendo que lo que los pioneros argumentaban contra el mundo cristiano contemporaneo no estaba relacionado a su corazón doctrinal, las doctrinas fundamentales no podían ser usadas para identificar el nuevo movimiento.
Los adventistas estaban interesados en la preparación necesaria para la Segunda Venida y en lo que la iba a preceder, las persecuciones. La adoración en el sábado, que nos diferenciaba de los demás cristianos, nos prepararía para la Venida del Señor. La lista de las demandas divinas requeridas para la traslación rápidamente aumentó en la siguiente generación, e incluía, además de las normas morales de rigor, reglamentos acerca del vestido, la comida y el no afiliarse a gremios.
1. Ronald D. Spear, Will the Real Seventh-day Adventist Please Stand Up? (Eatonville, Wash.: Hope International, 1987). Para aquellos demasiado jóvenes para recordar, "por favor, póngase de pie" se hizo un cliché debido a la popularidad del programa televisivo "To Tell the Truth" ("Diga la verdad"). Tres personas pretendían ser la misma persona (alguien con algún dato biográfico fuera de lo común). Cuatro personalidades (recuerdo especialmente a Orson Bean, Kitty Carlisle, Peggy Cass, y Tom Poston, pero no tengo la menor idea por qué razón eran ellos famosos) hacían preguntas a los concursantes y al final cada uno decidía quién era verdaderamente el que los tres pretendían ser. Después de esto, el maestro de ceremonias, Bud Collyer, decía: "El verdadero [nombre del sujeto del dato biográfico], por favor, póngase de pie".
2. Al leer el título, un amigo me dijo: "No es ni nuestra iglesia, ni la iglesia de ellos. Es la iglesia de Cristo". Por supuesto que tiene razón, y ojalá eso fuera todo lo que necesitáramos decir al respecto! Qué diera porque la contestación correcta transcendiera las diferencias humanas! Decir que la iglesia es de Cristo, sin embargo, es ignorar la pregunta ¿qué tipo de iglesia quiere Cristo?"
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